martes, 30 de agosto de 2016

NO TE QUIERO DE VUELTA

Te echo de menos. 

Recuerdo aquel pensamiento que cruzó mi conciencia en el que me detuve el último día que salí por la puerta de tu casa. Porque fue entonces cuando me di cuenta de que SIEMPRE es demasiado tarde para suspender cualquier palabra que te sale del corazón. 

Y es que nunca sabrás si tienes el suficiente tiempo de margen para hacer o decir aquello que se te va acumulando para un "próximo día" que, sin embargo, nunca llega. Por eso, cómo añoro nuestra particular manera de recordarnos cuánto nos queríamos. Porque cuantos más días pasan desde que me faltas, más insoportable me resulta la idea de no volver a verte nunca más. 

Y hoy, que te desdibujas tanto en mis palabras como en mis pensamientos, te recuerdo. 

Porque los atisbos de una vida contigo me alborotan tanto las sonrisas que voy a tener que arrancarte de mi esencia aunque con ella, también, se vaya una parte de mí. 

Y es que sin apenas darme cuenta sigues impregnando no solo mi realidad sino, y mucho peor, también mis expectativas. Por eso, la vida, perdió uno de sus sabores desde que nuestros labios se rozaron por última vez.

Sin embargo, ya no te quiero de vuelta.

No
Ya no.

Porque he aprendido a vivir con la agridulce sensación de que alejarme de ti ha sido la única manera de que el día de mañana alguien tenga la oportunidad que un día nos dimos nosotros: enamorarnos. Y mientras sigas siendo la peor experiencia de mi vida, nunca más merecerás ser la mejor. 


Noemí Carnicero Sans.





lunes, 27 de junio de 2016

LA ECUACIÓN

Por favor, no la pierdas. 

No pierdas esa magia que te permite sorprender sin trucos. Mantén esa curiosidad que te lleva a tocar con la yema de tus dedos esas sensaciones que consiguen conectarte con la esencia de la vida. Esos momentos en los que te dices, apenas sin esperarlos, sin perseguirlos y casi sin darte cuenta… 

“Coño, qué guay es la vida”. 

No pierdas ese brillo en los ojos que viene de la mano de cada sonrisa sincera, de cada caricia sin miedos, de cada “te quiero” sin penas. De cada persona que se cruza en tu vida con intención de entregarse a ti al 200% porque sabe que no mereces menos de lo que das. 

No pierdas esas ganas de ser tú con cada otro que conozcas, que la diversidad pueda complementarse y que consigas momentos cómplices con quien poco tienes que ver pero aún mucho que compartir o con quien compartes menos de lo que te gustaría poder ver. 

Sé sincero.
Sé corazón pero nunca coraza. 
Nunca con quien tenga más sueños que vida para compartirla contigo. 

Y quiere. No solo a esas personas, sino a esos momentos. Porque será en ellos donde encuentres aquella parte de ti que echabas de menos. Aquella capaz de improvisar tanto como tus labios cuando esbozas una sonrisa antes de convertirla en carcajada. 

Sé vida en cada mirada que cruces y, que en ella, quien te importe pueda escuchar tus silencios. Porque en ellos será donde digas lo que callas y donde, por empatía y curiosidad, otro trate de descifrar la ecuación donde la X siempre eres tú. 

Porque solo para quien realmente supongas un problema, te dejará de resolver. 
El resto, buscará en ti la solución.    



Noemí Carnicero Sans



Autor foto: Emma Lavelle ; Fuente: http://peone.tumblr.com/post/118698639407  


martes, 24 de mayo de 2016

AQUÍ Y AHORA

Por eso hoy, si renuncias a ser perfecto, ven a equivocarte conmigo. Cuando quieras. Cuando decidas que lo mejor que podría habernos pasado es habernos hecho daño por habernos conocido. Cuando no te importen los rasguños ni las heridas. Porque mientras haya tiritas que puedan pegarse a base de besos, y cicatrices que puedan coserse a base de abrazos, el "resto", puede que termine convirtiéndose en un "todo".

Que con tantos "para siempres" vamos encargándole al futuro todo aquello que no somos capaces de construir hoy. Que es mejor querer a corto plazo, bajo intervalos reales de tiempo, que desquerer después, con el amargo sinsabor de aquellas decepciones que son las que más duelen: 

Las que tenemos con nosotros mismos.

Por eso voy a quererte como se quieren las cosas que realmente se disfrutan: aquí y ahora. Con condiciones. Con las que impliquen que quererte a ti nunca signifique quererte más de lo que debería quererme yo. La única persona para la que un "para siempre" nunca debería ser condición, sino obligación.

Y de esta manera, poquito a poquito, tu nombre será el destino de mi próximo viaje. Embarcaré en tus abrazos a tus primeros latidos para subirme a tus pestañas después. A continuación me sentaré justo en tu mitad porque, aunque no necesito una salida de emergencia, quiero notar cómo se vuela el mundo sobre tus alas

Porque quién necesita aviones teniéndote a ti.

Y es que tantos años investigando y yo tan pocos para descubrir que el universo puede leerse en braile bajo cada uno de los lunares de tu espalda. Para qué querré pisar la luna si, sin esfuerzo, consigo sentirme en ella cada vez que tus comisuras se deshacen de su timidez. Cada vez que además de en destino, me conviertes en el motivo de cualquiera de tus sonrisas.

Por eso ven. 

Tenemos razones suficientes por las que equivocarnos. No me guíes, acompáñame. Porque quiero una mano que me levante cuando tropiece e, incluso, que esté dispuesta a tropezar conmigo. Que yo nunca he tenido paciencia para leerme las instrucciones. Que yo siempre he sido más de corazón, intuición y ensayo-error.

Ensaya conmigo. 

Y cuando confort se convierta en conformismo, avísame. Porque si algún día nos convertimos en error y dejamos de vibrar, al menos, no podremos recriminarnos el no habernos intentado.

Noemí Carnicero Sans


martes, 2 de febrero de 2016

DAVID CANTERO, PRESENTADOR DE INFORMATIVOS

"A veces los dramas más alejados de las portadas, los que pasan más desapercibidos son los que te dejan una huella más profunda."

David Fernández Cantero (Madrid, 1961), es periodista y actualmente presenta los Informativos de Telecinco. Ha trabajado en RTVE presentando los telediarios de fin de semana así como Informe Semanal. Lleva más de 34 años dedicándole su carrera al Periodismo y, desde que lo comparte con su público a través de las redes sociales, también hemos tenido la oportunidad de conocer su faceta más íntima: la creativa. Ha publicado varias novelas y, además, en 2010 recibió el Micrófono de Oro por parte de la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión. Dos años más tarde, fue galardonado como "Hombre del año" por la revista Men's Health en la categoría de "Mejor Comunicador". 

Cuéntanos: ¿Qué te llevó a estudiar Imagen y sonido, Cinematografía y Publicidad? ¿Qué tenías en mente?

Tenía en mente alcanzar mi verdadera vocación, mi sueño de entonces: trabajar como cámara de televisión en RTVE, algo que conseguí con creces. Durante más de 15 años trabajé detrás de los objetivos; primero en programas míticos de estudio, luego en la calle como reportero, viajando sin parar.

Hace más de 30 años que estás en el mundo de la televisión. Has estado en diferentes cadenas, has estado de corresponsal en el extranjero, has desempeñado diferentes roles como periodista y, desde hace unos cuantos, eres presentador de informativos en Tele5. ¿Para ti, qué es lo más difícil de tu trabajo?

Llevo 34 años en esto y aún no sé con certeza qué ha sido o es lo más difícil. Tal vez mantenerte, estar, poder vivir de ello. Conozco bien las tareas de esta profesión delante y detrás de las cámaras y cada una de ella entraña dificultades. Esto de hacer televisión es siempre un trabajo de equipo y eso es algo que debe tener muy claro quien empieza: en la tele no valen las individualidades, ni siquiera para los presentadores. Las dificultades y las bondades, los éxitos y los fracasos son cosa de todos.

¿Y lo más emocionante?

Las emociones. Los momentos más emocionantes en todos los sentidos, al menos para mí, me los proporcionaron las experiencias como reportero en los lugares más remotos, conflictivos y míseros de la Tierra. Cubrir informativamente una guerra, un gran desastre, una hambruna, un atentado... deja huella. Se viven emociones muy, muy fuertes.

¿Recuerdas alguna noticia que te haya impactado especialmente?

Nunca sé bien que responder a esta pregunta. 34 años de noticias dan para mucho, las he contado a millares y de todo tipo, desde el lugar de los hechos o desde el plató, y como comprenderás es muy difícil quedarte con una. Te diría que los atentados del 11S y el 11M, claro, pero ha habido muchas más que también me impactaron. A veces los dramas más insólitos, los más alejados de las portadas, los que pasan más desapercibidos son los que más te marcan, los que te dejan una huella más profunda.

Ahora que puedes echar la vista atrás y detener tus recuerdos en algún punto del recorrido, ¿cuál ha sido el acontecimiento que más ha marcado tu carrera profesional? 

Sin duda el momento en que pasé de estar detrás a estar delante de las cámaras hace ya 19 años, en 1997. Nunca imaginé que aquello me llevaría por los caminos que me llevó, que me traería hasta donde estoy ahora.

"Somos lo que debemos ser cuando somos niños". Eso es algo que pronunciaste en una de tus entrevistas. ¿Hay alguna parte del niño que fuiste que siga viajando contigo? 

Por supuesto. Dentro de este hombre de 55 años, por fortuna, sigue viviendo y latiendo el pequeño que fui y que soy en espíritu. Es fantástico sentirlo, aunque no deja de ser triste notar que sigues siendo un niño dentro de un organismo que envejece sin remedio.

Además de tu faceta periodística, nos has sorprendido con tu perfil más creativo: escribes y dibujas. ¿Cómo compaginas estas dos partes de tu vida?

Mis pasiones creativas son una parte ineludible de mi vida, son necesidades vitales, y como tal procuro hacerlas compatibles con la vida cotidiana, como sea, aunque a veces resulte complicado. Ya me gustaría a mí poder vivir de ello, poder darles más espacio, más tiempo, más dedicación. Hago lo que puedo, me voy apañando.  

Se te considera (y te consideras) una persona muy positiva. ¿Por qué, entonces, percibes el drama como un elemento indispensable en tus novelas? 

Tal vez por eso precisamente. Por ser un ser humano positivo y con tendencia al optimismo me fascina y me inquieta la posibilidad del desastre, la tragedia, la delgada línea que separa la felicidad y el drama en nuestras vidas.

Para tu última novela viajaste a Japón. Los viajes, por lo tanto, forman parte de tu modo de entender la vida, de experimentarla y de contarla. ¿Qué es lo más importante que has aprendido acerca de ti mismo a través de tus viajes?

Viajar y leer son las dos actividades más enriquecedoras y determinantes que conozco, a parte del hecho de ser padre, que lo supera todo. Los viajes y las lecturas te moldean, te marcan, te enseñan sobre ti y sobre los demás, te acercan la posibilidad de ir conociéndote un poco mejor, por complicado que sea aprender sobre nosotros mismos.

Tienes tres hijos y, según has comentado otras veces, tu rol como padres es el más importante de tu vida. ¿Si pudieras transmitirles un aprendizaje para que llevaran consigo para siempre, cuál sería?

Me encantaría saber transmitirles lo importante que es avanzar en la humildad, en la serenidad, en el respeto y la honestidad con ellos y con los demás. También que aprendieran a relativizar, creo que es una de las cosas más importantes que he aprendido en mi vida. Intento transmitirles que sean buenas personas. 

Por último, y anticipando que con una mente inquieta como la tuya no solo se tratará de uno, ¿cuál es tu próximo reto? 


Mi próximo desafío, aparte de la inminente publicación mi cuarta novela (algo que es un reto relativo) es una tarea inmensa y fascinante: aprender a tocar bien la guitarra. Estoy en ello, con absoluta pasión, casi con devoción. Llevo algo más de un año y he avanzado mucho, pero como te digo,el trabajo es inmenso. Posiblemente toda una vida no sea suficiente para conseguirlo y yo he empezado con la música un poco tarde. Pero disfruto tanto en el proceso que estoy fascinado… 


Noemí Carnicero Sans.

jueves, 28 de enero de 2016

LA VIDA ES YA

La vida es ya. 

Sí, ya. 

Es justo el sonido de la aguja que se está moviendo en tu reloj, el parpadeo en tus pestañas y hasta el sonido del silencio cuando te olvidas de las palabras. La vida es ya porque si fuera después, amigo, la vida no llegaría nunca. 

Y es que erróneamente nos hemos creído con la obligación de tener que correr tras ella y, en realidad, si volteáramos la cabeza nos daríamos cuenta de que la vida va con la lengua fuera. De que trata de alcanzarnos para que reparemos en lo más importante: 

Que ya nos habíamos encontrado. 

Nos hemos inscrito en una carrera donde la meta estaba en la salida y donde el primer premio era la libertad. La del que entiende que no siempre será mejor después. 

Y es que mientras fantaseas con el beso de su boca estás perdiéndote su sonrisa. Que mientras te imaginas tu propia familia estás ignorando el leve roce de sus manos sobre las tuyas. Que mientras vas marcando fechas en tu calendario, subestimas el poder de un cruce en un día cualquiera. El poder de un accidente donde los únicos daños se traduzcan en una corrección gratuita de tanta miopía. La misma que te impide apreciar los detalles a pesar de que alguien, cada día, no se cansa de dibujártelos. 

Que la vida es inaplazable. 

Que lo único que con seguridad no podrás volver a repetir es este momento en estas mismas circunstancias. Que son instantes de un solo uso que caducarán en el mismo momento en el que los trates de reciclar. 

Así que despierta. 

Que te han vendido tantos sueños que has hipotecado tu presente. Que tus sentidos han dejado de tenerlo porque mientras tú seguías en tu "después", los estabas despidiendo. Y es que no hay mejor momento que este. 

Para estar, para ser y para sentir. 

Porque aunque puede que no sea el mejor, probablemente será irrepetible. Y puede que en alguno de estos en los que "tan solo" estés sintiendo, vivas uno de los mejores momentos de tu vida. 

¿Y es que sabes aquello que se dice acerca de las expectativas? 

Me juego estas líneas a que no coincidirá con ninguno de los días que habías marcado en tu calendario.  

Noemí Carnicero Sans.

Foto original: http://jackbleasdale.tumblr.com/post/68247175087/smylzes 


miércoles, 16 de diciembre de 2015

SE TE CONCEDE


Ey, escúchame.

Se te concede perderte. 

Se te concede derrumbarte cuando sientas que, este mundo, no está hecho para ti. Se te concede bailar con tus debilidades, llorar tus fracasos e, incluso, llegar a reconocerlos. Se te concede, porque eres humano. Porque nadie esperaba de ti que fueras perfecto. Porque es demasiado difícil mantenerse ahí arriba cumpliendo las expectativas que tú mismo fuiste generando en los demás. 

Y es que de vez en cuando llegan momentos en los que la vida te reta. En los que esta sabe, por anticipado y con ventaja, que te ganará. Momentos en los que lo mejor que puedes hacer es rendirte y, después, aceptar tu derrota. Aceptar que a pesar de todas tus virtudes hay un límite dibujado para todos y, por supuesto, también para ti.   

Y es que, de repente, un vendaval te tumba y te sorprende. Te desequilibra justo en una cima a la que llegaste peldaño a peldaño. Nadie te había enseñado a saltarla, a bajar de ella de vez en cuando o a volar alrededor por si algún día te caías. 

¿Pero sabes qué te digo?
Que te caigas. Que no pasa nada.
Porque se te concede.

Se te concede, tan solo por unos instantes, sentirte perdido, asustarte y llenarte de toda esa angustia que te impide recordar en qué momento perdiste las agujas de la brújula con la que solías orientarte. Se te concede olvidarte de tu sonrisa, creer que no lo vas a conseguir e, incluso, pensar que estás solo en esto.

Se te concede.

Porque tan solo aquellos que se dan cuenta de sus flaquezas pueden ponerles remedio. Porque solo cuando te derrumbes, podrás levantarte. Porque solo cuando te caigas, podrás decidir si ese es el camino por el que te conviene o no continuar.  

Véncete perdiendo.

Porque será, entonces, cuando asumas que no puedes más. Será entonces cuando toda aquella energía que destinabas a disimular puedas usarla para recuperarte. Para volver a ser tú. Para llevarte lo mejor de lo que eras junto con todas aquellas nuevas cosas que hayas aprendido.

Ríndete, porque se te concede.

Y así, al mismo tiempo en que tus fortalezas se estén hundiendo, apláudete. Despídete de ellas durante unos días y, con un “hasta luego”, asegúrate de que entienden que os volveréis a ver. Cuando ellas estén preparadas para volver a ser tu escudo. Cuando en realidad entiendas que tú, eres tu mejor arma. 

Y hasta las mejores, amigo, se quedan sin cartuchos. 

Así que no. NO eres débil. 

Este momento de tu vida NO define lo que eres. No ensucia lo que has conseguido y, por supuesto, no determina lo que serás. Te has caído. Y no pasa nada. Las frases optimistas las inventaron para aquellos que van sobreviviendo con medias sonrisas y para aquellos que ya no las necesitan. 

Pero no para ti.

Deprímete unos días. Los necesarios. Los justos para resurgir sin miedo. Con la confianza que te den aquellos que te entiendan, con el cariño con el que te traten los que sepan que tú eres especial en cada una de tus versiones. Incluso en esta. Incluso en la peor. En la que tú nunca te hubieras imaginado estar, en la que nunca te hubiera gustado vivir e, incluso, en aquella de la que te avergüenzas.

Pero no te equivoques. 
Porque de esta, vas a salir.  

Ahora que ya nos hemos deprimido un rato, mira el reloj. No te voy a pedir que sonrías, pero sí que confíes en ti. Que confíes en la posibilidad de volver a estar bien. Que confíes en “las malas rachas”, porque eso es justo lo que está pasando por tu vida. Por eso, tan solo te permito y te concedo que te deprimas si entiendes que después de haber llorado y después de haberte hundido el tiempo de recuperación lo marcas tú. 

Has tenido sensación de ahogo, pero no te has ahogado. 

No permitas que desaparezca la diferencia entre lo uno y lo otro y ve en busca del flotador que te ayude a llegar a toda costa. No te diré que sano, porque prefiero que llegues con cicatrices. Pero sí salvo.

Yo, veo unos cuantos flotadores esperándote.

¿Los ves tú?     

Noemí Carnicero Sans.



lunes, 2 de noviembre de 2015

EQUIVÓCATE

Voy a proponerte algo:
Si algún día renuncias a ser perfecta, ven a equivocarte conmigo. 
Cuando quieras. 
Cuando decidas que lo mejor que podría habernos pasado es habernos hecho daño por habernos conocido. 
Cuando no te importen los rasguños ni las heridas. 
Porque mientras haya tiritas que puedan pegarse a base de besos
Y cicatrices que puedan coserse a base de abrazos
El "resto", puede que termine convirtiéndose en un "todo".

Noemí Carnicero Sans

LLAMARÉ CON UN BESO

 

jueves, 29 de octubre de 2015

MI PUNTO Y SEGUIDO

Cuando me miras.

Cuando me miras se enciende la vida que no he vivido con nadie. Se para el reloj y las agujas se mudan. Comienzan a volverse locas en aquella brújula que, desde que tu nombre es Norte, ya no saben señalar al Sur. Porque es contigo con quien voy hacia adelante. 

A besos y a versos. 
Contando párrafos y palabras, páginas y capítulos. 

Tratando de hacerte un hueco entre todas aquellas historias que dejaron mis estanterías llenas de un polvo que desapareció cuando abriste mis ventanas. Cuando viniste. Cuando tus primeras palabras marcaron las coordenadas, cuando recuperé el sentido, cuando mis pesadillas se convirtieron en aquel sueño ligero del que me despertaste con un beso.

Aunque ni bella, ni durmiente.  
Solo yo. 

Un pronombre tan personal como mi vida, como las ganas que tenía de tejerme individualmente a tu lado. Hasta que no me quedase más remedio que compartir manta. Hasta que mis tentaciones me llevasen hasta aquellas sábanas que nos atreveríamos a enredar entre nuestros pies. Justo de la misma manera en que enredaríamos nuestras conversaciones cuando intentásemos decírnoslo sin palabras. Sin pronunciarnos por miedo a quedarnos sin ellas, sordos de silencio y heridos por sentir. Reusando tiritas gastadas e intentando confiar a ciegas en seguir viendo a través de nuestra sonrisa después de que nos la rompieran. 

De que nos dejaran a medias. 
De sueños y de expectativas, de fechas y de promesas. 

Contigo desaparecieron las alternativas, convirtiéndose la única opción en una obligación huérfana de cualquier letra pequeña con la que pudiera renunciar a ti. Y aprendí a conjugarte, a que fueras acción entre mis días, a dejarte ser el verbo que hoy me recorre por las mañanas, a ser el sustantivo que apellida la felicidad en la comisura de mis sonrisas y el adjetivo en el que me conviertes cada vez que me dices guapa

Porque en mi vida eres, haces y describes. 

Eres mi punto y seguido, coses páginas a mis finales y te inventas vocabulario para un diccionario que, hasta que llegaste tú, estaba perdiendo su abecedario.

Fdo: Noemí Carnicero Sans

 
Foto original: https://www.flickr.com/photos/zahne/8440027033/

miércoles, 21 de octubre de 2015

CONMIGO

“Jo-der”.

Que mientras te estaba diciendo que no, en realidad, mis besos te decían que sí. Que esas pocas ganas mías de enamorarme, han perdido. Que mi credibilidad se ha fugado con tus labios y mi corazón, por exceso de tiritas, latía a la mitad. Que sobreprotegí mis ganas de querer, les puse bozal para que no hablaran, para que de ninguna forma su manifiesto terminara delatándome a mí, que no quería.
Y resulta que, cuando estaba yo más convencida que nunca, me fastidiaste.

Me fastidiaste haciéndome sentir bien. Me fastidiaste tratándome con dulzura, con cariño y, por qué no, añadiéndole esa dosis de locura a tus abrazos. La fastidiaste comprendiéndome, dándome aquel margen de maniobra que nadie más me había dado. Haciendo gala de una paciencia infinita, adaptándote a mi ritmo. Un ritmo que ni siquiera yo sabía cómo seguir. 

Porque por miedo a tropezar, me detuve.

Detuve mis pasos para no caminar contigo. Para no hacerte un daño que, en realidad, tenía miedo de hacerme a mí. Me detuve, precisamente, porque quería correr. Pero es que aún no había aprendido a caminar. Así que lo hice sola. Aprendí a dar un paso después del otro, a conocerme a mí, a solas, conmigo.

Y yo que no quería querer, desde que te quiero, he perdido. 
Porque me has ganado.  

Porque te has ganado lo mejor que quiero sentir por alguien. Porque quiero apostar aun a riesgo de perder, porque no quiero seguir perdiéndote cada día, cada vez que no me tiro a la piscina cuando me apetece decirte “te quiero”, cada vez que me quedo sin tus caricias cuando no nos damos la mano. 
Quiero poder quererte sin miedo. Porque me has enseñado a no tenerlo. Porque me has enseñado a querer otra vez. Algo que, creía, no volvería a suceder jamás. No así, no aquí, no tan pronto. 

Pero sí tú.

Porque sé, desde que llevo conociéndote, que he tenido suerte. Suerte de encontrarte, de compartir maravillosos momentos contigo. Suerte de que hayas sido paciente, de que hayas sabido cómo, cuándo, dónde y por qué. Como si llevaras conociéndome toda la vida. Como si tratar conmigo siempre se te hubiera dado bien. 

Que me siento yo, porque tú haces que me sienta así.  

Y por eso quiero un “yo” a tu lado. Quiero un “poco a poco” pero sin miedos, sin excusas, sin extras, sin “vacíos legales”. Quiero un “nosotros”, sin filtros. Que me abraces cuando quieras, que me beses cuando te apetezca y que, cada vez que lo sientas, puedas demostrármelo sin esa presión que has tenido hasta ahora por miedo a que nunca sucediera lo que has terminado consiguiendo.

Que te quiera. 
Que me esté enamorando de ti. 

Siempre se necesita un prólogo interesante para una historia que pueda valer la pena. Así que gracias por haber querido seguir después. Gracias por haber querido seguir leyendo lo que yo escribía. 

Ahora, quiero que escribas conmigo.


Fdo: Noemí Carnicero Sans

 Foto original: https://www.pinterest.com/pin/492722015456181684/