viernes, 28 de diciembre de 2012

Dolor de Crisis

= Sueños e ilusiones inteligentes.

"Camarero, te has quedado corto de ilusión en el vaso de los sueños."


Así podría definirse la situación en España. Lo que nos ha sucedido, empieza o está a punto de pasar. Algo que pedimos constantemente pero a la que hace tiempo se le terminó la botella. Algo que, siendo previsores, aún mantenemos en el mismo vaso de hace un siglo y por ello nos estamos viendo bajo mínimos. Por lo tanto, hablemos de ello, no sea que a cualquier muerto de sed se le ocurra pasar por delante de nuestro vasito de ilusión y bebérsela de golpe.

Y es que la crisis no sólo refleja el estado económico de un lugar, sino también la manera de pensar de la gente que lo ocupa. La crisis aparece cuando en el lugar donde se alimentaban tus sueños, empieza a asomarse el miedo. Cuando ante toda tu esperanza, alguien se atreve a tomarte por ingenuo y lo peor es que tú, te atreves a creértelo. Aparece en el momento en el que decides que "soñador" y "realista" son adjetivos antónimos y que, por lo tanto, ser una cosa excluye ser la otra. En otras palabras, estamos en crisis cuando empezamos a perder a los tradicionales soñadores de la vida.
Así que ten cuidado contigo mismo, porque tú puedes ser el siguiente en caer enfermo. Y esta enfermedad no es sólo una manera de sentir, sino que acaba transformándose en una manera de pensar. Para que puedas protegerte de ella, te explicaré un poco por encima de qué va el tema;

La crisis se apodera de ti cuando dejas de creer en tus propias posibilidades, cuando te convences a ti mismo de que tus aptitudes no son suficientes para cambiar una pequeña parte del mundo, ni si quiera empezando por el tuyo. El caos te invade cuando decides dejar de soñar en grande y actuar en pequeño, cuando pretendes abarcarlo todo de una sola vez y con una sola mano, cuando decides que tu realidad empieza a ser la realidad de todos los demás.

La crisis aparece cuando decides que tu vida puede prescindir de ilusiones, cuando olvidas que, al fin y al cabo, estas ilusiones no son más que objetivos acompañados de ciertas dosis de esperanza, que te ayudan a potenciar tus habilidades para acercarte progresivamente a la consecución de lo que un día parecían sueños imposibles.

¿Quién es más inteligente, el realista o el iluso?, ¿el realista que ha ido perdiendo por el camino la ilusión, los sueños y la esperanza por anteponer ante sus ojos una realidad tan grande por la que poco puede hacer o, sin embargo, el iluso que es capaz de ser feliz gracias a los recursos que ha encontrado dentro de si mismo?

El iluso soñará con la cabeza en el cielo y los pies en la tierra, en una mano sostendrá un periódico pero en la otra llevará consigo un cuaderno en blanco donde poder escribir su propia historia. El iluso no evitará la realidad, sino que trabajará sobre ella y, sobre todo, no hará de las opiniones de otros su propia manera de pensar. Reestructurará y reorganizará lo que sienta, cuando se frustre se volverá testarudo y se propondrá nuevos objetivos, tendrá siempre varias opciones en mente y, además, las expectativas ante la mayoría de las circunstancias y personas se basarán inicialmente desde perspectivas optimistas.


lunes, 17 de diciembre de 2012

Q NO TE MALTRATEN




= NO TE MALTRATES



Anticipo que te equivocas. En qué, te preguntarás. 
Pues verás:


Te equivocas en pensar que se cataloga como maltrato sólo aquel bofetón en tu cara cuando, en realidad, el dolor de un insulto o el de la traición en forma de infidelidad puede escocer del mismo modo que la palma de una mano marcada en tu mejilla. Te equivocas si, ingenuamente, crees que eres libre tras tomar decisiones que implican el perdón al pisotón hacia tu persona. Te equivocas, y mucho.


Y es que tu libertad como persona la perdiste en el momento en el que permitiste que te manipularan. En el momento en el que te convencieron de que no existe nada mejor, en el momento en el que dejaste que te infundieran un miedo que te paralizara ante la oportunidad de escapar de esta situación y buscar algo mejor. Te manipulan, por lo tanto, cuando se adueñan de ti y manejan todas tus emociones a cual títere.  Porque quizás estás libre para decidir pero, ¿has pensado quién ha colocado esas opciones en tu cabeza? ¿Has pensado que, quizás, el manipulador de tu vida haya sido el filtro de tu libertad?


Eres la persona a la que pretendo dirigirme con este texto si, alguna vez en tu vida, has permitido que tu pareja condicionara tus decisiones, actuando en contra de tu voluntad y motivaciones iniciales. Cuando, tras un “vete a la mierda”, un “no te maquilles así”, un “elimina a estas personas de Facebook” has decidido ceder. Cuando has acatado las normas de un tirano que, en forma de potencial maltratador, no es más que una persona insegura, acomplejada que esconde sus carencias y las transforma en una manipulación. 

Esta persona, consigue su objetivo cuando tras un peligroso episodio que empieza por una leve falta de respeto tú, que deberías ser la persona más valorada y admirada de su mundo, no le pones punto y final a la historia. Consigue su objetivo, por lo tanto, cuando los límites los vas pintando, según la frecuencia en la que los traspasa, cada vez más hacia la derecha, convirtiendo lo patológico en normal. Así es como te acostumbras y te conformas con situaciones enfermizas y relaciones destructivas. Aquí es, pues, cuando empieza tu propia destrucción. Tu personalidad empieza a sufrir los cambios derivados de la desaparición de tu dignidad.


Es cuando tus fortalezas se debilitan, y cuando tus debilidades se acercan al trastorno psicológico. Sí, es ese momento en el que has DECIDIDO perder el control de tu vida, y con ello el rumbo. Es cuando tu reflejo en los espejos, no es más que una imagen borrosa de ti misma. La misma imagen que ven los demás de ti, exacto, porque dejaron de reconocerte en el mismo momento en el que tú lo hiciste. 


Y sí, antes he usado la palabra DECIDIDO, porque no es justo ni sano que las consecuencias de lo que estás viviendo las achaques a algo así como la mala suerte y la desgracia que te ha tocado vivir. ¡Ya está bien la broma! Hasta cierto punto es mala suerte. El resto, es enterita tu responsabilidad.


¿Te niegas a deshacerte de esa persona? ¿Te conformas con que te quieran así? Entonces, debo decirte que suceden dos cosas: o alguien se llevó el amor que sentías por ti misma (él) o ya entraste en esta relación queriéndote muy poco. Supongo, entonces, que quisieras reconstruir tu autoestima (si no es así, y llegas a tales niveles de masoquismo, deja de leer este texto porque, en ti, no tengo nada que hacer). 


¿Cómo empezar? 


Deshazte de esa persona que, teóricamente te quiere. Y es que, recuerda que también “te quiere” cuando te insulta, cuando te levanta la voz, cuando te prohíbe salir con tus amigas, cuando te prohíbe hablar con ciertas personas, cuando te ha sido infiel, o hasta cuando se le ha soltado la mano. Sí, sí: Deshazte. ¿Te parece muy dura esa palabra? 


Mientras le perdones y, con cada nueva oportunidad que le vas dando, tú vas perdiendo fuerza, credibilidad: empequeñeces. En cambio, él alimenta su monstruo manipulador, rebosante de victoria. No intentes entender por qué lo hace, no justifiques la paliza que te dio a ti por su infancia, familia o todaslasdesgraciasdelmundo por las que haya pasado. Para soltar palizas, están los centros de boxeo, no tú.


Tú, deberías ser para él, un objeto de cristal al que cuidar por miedo a que lo rompieran, un motivo de admiración y, por lo tanto, completamente irreemplazable. La princesita de sus ojos, su mejor amiga, su cura confesor y su mejor aliada.


Hay personas, y no me lo explico, a quienes la naturaleza les hace el mayor regalo del mundo: la vida. Y ésta, por muy nostálgico que seas, es maravillosa. Sólo depende de cómo inviertas tu tiempo en pasar por ella. ¿Quieres ser superviviente de las circunstancias que te has buscado o, por el contrario, te decides a responsabilizarte de la situación y tomar las riendas de ella? ¿Qué no es tan fácil? Ey, es tan difícil como tú te lo pongas. Piensa bien si quieres continuar representando aquel tipo de personas que se ESFUERZA en amargarse la vida, en ser infeliz. Piénsalo bien porque tu salud y felicidad depende completamente de ello.


Ahí afuera hay muy buenas personas (también las hay malísimas, pero para eso estás tú, para usar sentido común y alejarte de ellas) que están dispuestas a quererte por cómo eres, sin cambiarte. A mejorarte como persona y a ofrecerte emociones desconocidas y gratificantes que existen.


El problema es que todas las ventajas de la vida no estarán dispuestas a abrirte sus puertas hasta que tú no decidas entrar por ellas. Entonces, qué:


¿Te animas a ser feliz?


Estoy segurísima de que conoces a alguien que está en esta situación (o parecida) o que ha pasado por ella. Estoy segura de que has sido amig@ de alguien a quien su pareja le estaba amargando la vida. Estoy segurísima de que este texto puede ir en beneficio de alguien y, por último, estoy segura de que sabes de quién. Házselo llegar.



Noemí Carnicero Sans.


viernes, 14 de diciembre de 2012

El amor es para valientes

Para quienes arriesgan su vulnerabilidad.


Existen muchas maneras de querer. Casi todos somos capaces de, en mayor o menor medida, sentir amor por alguien. Sin embargo, enamorarse supone llegar al punto más alto de la cima de la montaña de este tipo de sentimiento, plantar la bandera con tu nombre, balancearte de un lado al otro mientras bailas a pata coja y te sostienes con un solo pie, perder el equilibrio por momentos y, aún así, no sentir miedo ante la posible caída. Independientemente de cuánto dure esta sensación.

Por eso, enamorarse es de valientes.

Porque te acarician estas sensaciones cuando eres capaz de deshacerte de todas tus protecciones. Porque sucede en el momento en el que te das cuenta de que la persona a la que quieres tiene en una mano el poder para hacerte daño y en la otra toda la confianza que has decidido depositar en ella.

Enamorarse es volver a hablar con la entonación de un niño, pero desde la madurez de un lenguaje adulto. Es plantearse envejecer al lado de una persona y soñar una vida en común con ella. Es elegir una opción y rechazar veinte, y aún así sentir que sales ganando. Enamorarse es, como dice la palabra, llenarse de amor a uno mismo. Es tener el espacio y la capacidad para poder sentirlo, estar preparado emocionalmente para soportarlo.

Por eso, te enamoras cuando no te avergüenzas de lo que sientes. Cuando te das cuenta, al fin y al cabo, de que no eres tan egocéntrico como creías ser y que el foco de tu vida ya no sólo te ilumina a ti. Es reconocer tu admiración por otra persona. Ser consciente de que eres fuerte cuando eres dueño de tus elecciones, pero también vulnerable ante las suyas.

Enamorarse implica dejar paso al descontrol y recibir un poco de locura. Arriesgarse a ser sincero consigo mismo y con el otro. Es una mezcla de emociones entre las que conviven la paz y el caos. Es sentirse en sintonía con el mundo y en armonía con uno mismo. Enamorarse es aquella pequeña mitad negra del símbolo del Ying Yang, donde en medio de todo el negror, se vislumbra un punto blanco. Por lo tanto, es verle el lado positivo a todas las desgracias, es encontrar toda la fuerza disponible e inventarse incluso la inexistente para que la relación funcione. Y es que este sentimiento aparece cuando te pierdes desde todos los puntos cardinales posibles y los reinventas. Cuando los rediriges y las flechas de tu brújula sólo os apuntan a vosotros dos y a todo aquello que puede haceros posible como pareja. Es confiar y volverse inteligente, es no dejar que manipulen lo que piensas, no dejar que intenten decidir por vosotros. Es ilusionarse ante la mínima posibilidad de compartir experiencias con ella, es emocionarse al recordar.

Y es que, de este modo, sucede que te vuelves un experto en pensar e intuir los pensamientos, deseos y emociones del otro. Sucede que extrañas a una persona incluso teniéndola al lado, experimentando un tipo de melancolía anticipada cuando duerme contigo. Que sientes vacío incluso con la mayor sensación de plenitud, por miedo a que algún día esa sensación te falte.

Enamorarse es dolor por no estar acostumbrado a sentir tanto. Es inventarse "llorar de amor" y colocarlo a caballo entre las expresiones "llorar de felicidad" y "llorar de pena". Porque si sólo de ti dependiera, echarías abajo el ancla de tu vida y la amarrarías a la suya para siempre. Enamorarse es cubrir al otro de promesas, porque es la única manera que tienes de demostrarle en presente que piensas en un futuro junto a él.

Es volver a empezar y a aprender de nuevo. No cansarte de experimentar con tus sentidos. Enamorarse es que tus ojos se tropiecen con cada parte de su cuerpo, es la hipersensibilidad de tu piel cada vez que te toca. Es descubrir el sabor más dulce en sus labios y desear escuchar su voz en todas las tonalidades y circunstancias. Enamorarse es dormir y apoyar la cabeza en la misma almohada para que el olor de su pelo te evoque su imagen cada noche en la que te falta. Es darle un poco más de sentido a todo. Es sonreírte a ti mismo, sentirte inspirado con la vida. Es no encontrar las palabras que lo definan o, sin embargo, empezar a describirlo y que no te quepan. Es descubrir tu propio romanticismo y sorprenderte con él.

Enamorarse es construir un mundo paralelo y en común con el otro, donde compartir lo más sincero de cada uno. Es no tener la necesidad de cambiar nada de él, ser capaz de aceptarle tal y como es. Es aceptarte a ti mismo y convencerte de que te pueden querer también a ti por tal y como tú eres y que, sobre todo, te lo mereces. Es dejar que te descubran y sentirte a gusto en el proceso.

Enamorarse es quererse a si mismo, es volver a sentirse uno mismo al lado de alguien.



Noemí Carnicero Sans

lunes, 10 de diciembre de 2012

Resiliencia

El punto más álgido del optimismo.

¿Qué es lo que hace que una persona que ha perdido a su hijo siga adelante?
¿O que la chica que ha perdido al amor de su vida, consiga volver a sonreír?

Hoy, este texto, va por ellas.

Por aquellas personas que han conseguido sobreponerse a situaciones en las que salía por nuestra boca: “Si a mí me pasara eso, no sería capaz de continuar”. Para aquellas personas que han sobrevivido al dolor extremo de situaciones traumáticas, que han sacado aquella fuerza que va más allá de todo lo que algún día habíamos creído que podría con nosotros. 

Porque esta fuerza y capacidad de superación es, para mí, el punto más álgido del optimismo. Porque el mérito de un optimista está en sonreír cuando las cosas no podrían ir peor. En esforzarse hasta niveles amargos, en continuar avanzando cuando sienten que la vida es demasiado cara para que “valga la pena”.
Una persona con una admirable resiliencia es aquella a la que se le perfila un esbozo de sonrisa en los labios y la dibuja casi con dolor. Cuando el alma, en su máximo momento de martirio, obliga a la razón a no quedarse sin motivos para continuar hacia adelante. Cuando el superviviente que existe en él se ve obligado a comprar un poco de egoísmo para avanzar.

La persona resiliente es aquella a la que no sabes qué decir ni cómo consolar, porque sabes que, por muy empático que seas, eres totalmente incapaz de ponerte en su situación y de entender si quiera un atisbo del dolor por el que está pasando. Son los grandes sabios de la vida. Y no, para mí, la sabiduría no tiene nada que ver con la inteligencia. Una persona sabia es aquella que ha sentido mucho, que ha vivido intensas emociones y ha aprendido de ellas.  Y aunque no hay mayor e indeseable situación que una traumática, si ha pasado por ella y es aún capaz de ofrecer esperanza y desprender alegría a quien le rodea… que alguien le dé YA, por favor, la cátedra de la Vida.

Esa persona debería ser el psicólogo de psicólogos. Y es que no hay dolor que no sea capaz de entender, ni emoción que no haya sentido. Ésos son los resilientes valientes, aquellos que se han atrevido a viajar por todas sus emociones, incluso las que dolían. Aquellos que han abierto las puertas a todo tipo de miedos, de sentimientos desconocidos. Aquellos que se han sentido desamparados ante extrañas sensaciones y, aún así, han decidido apostar por la vida. Estos héroes nunca eligieron serlo a desgracia de sufrir en tal exceso y profundidad. Y es que lo que han sentido, ha sido tan hondo que, en la penumbra de tales profundidades, ha habido momentos en los que no han encontrado palabras ni vocabulario que se acercara a definir lo que sentían.

Tú puedes ser un héroe sin haber pasado por ello. Empezarás a serlo cuando seas consciente de que no necesitas darle la bienvenida a la resiliencia para valorar la vida con las ventajas con las que se te presenta. Serás un héroe cuando valores lo que tienes por lo que te ofrece, nunca cuando lo valores por miedo a que te falte. Cuando vuelvas a conectar con la esencia de lo verdaderamente importante.

Cuando, con todo el aprendizaje que llevas a tus espaldas, te des cuenta de que necesitas recuperar el espíritu de cuando eras niño. Eso es, volver a sentirte niño de por vida. Y es que era entonces, cuando menos parecía que sabías, cuando en realidad más comprendías. Era cuando magnificabas las cosas y cuando la sonrisa de quien te estaba mirando era tu mayor alegría. Cuando sostenerte de pie era tu mayor triunfo, y cuando un cuento con final feliz era la mejor forma de despedir el día. 

Era entonces cuando nosotros, pequeños exagerados, le dábamos la importancia que verdaderamente tenían las cosas. Cuando incluso, sin ni siquiera saber formular una frase sin sentido, éramos capaces de otorgarle el sentido real y percibir la importancia de cuanto nos rodeaba. Con muy poco tiempo de vida estábamos, sin embargo, en el momento más sabio de nuestra vida.

Una persona que pasa por una situación dramática y dolorosa, a la que se le rompen todos los esquemas, se le da la oportunidad de empezar de nuevo y de reestructurar todo su bagaje espiritual. Es entonces cuando, si lo consigue, recupera el espíritu de niño, connecta con la vida de otro modo y se aleja de lo prescindible. 

Y es que día tras día se nos habla de una tal crisis económica. Sin embargo, yo creo que existe una mucho más fea y preocupante que nos perjudica mucho más que la primera. Se trata de una crisis espiritual. Y ésta no entiende de dinero, pues suspendió en economía. Sin embargo, sí que entiende de valores. Y a veces, cuanto más se recupera una, más cae la otra. 

Cada vez que descuidas lo que quieres, estás atentando contra tu vida. Por lo tanto, aléjate de lo prescindible si lo imprescindible no te falta.

Que la resiliencia de una de las personas más optimistas que conociste, no tenga que advertirte de las ventajas de tu vida. Y que con cada uno de sus "DISFRUTA", no se te derrame una lágrima que caiga a imperiosa velocidad por el peso de los remordimientos. Remordimientos por reconocer que no valoras, en cada minuto de tu vida, lo más importante de ella.

Por eso, hoy va por ellas. Por esas personas que han puesto sonrisas, en sitios que a los demás nos parecían imposibles.

Gracias, A.

Noemí Carnicero Sans.












miércoles, 5 de diciembre de 2012

CONTRA EL PESIMISMO

BOFETÓN DE ESPERANZA.


¿Es ser rencoroso prescindir de aquellas personas que te decepcionaron?
¿Es ser egoísta eliminar del reparto de la película de tu vida aquellas que te estorban?


Guarda toda esa fuerza que tienes dentro para luchar contra las adversidades, no contra las personas. No malgastes tu optimismo con quien nunca estuvo preparado para recibirlo. Y es que seguramente se les olvidará advertirte de que no lo saben utilizar. Así que reserva un espacio en tu burbuja de alegría para quien sepa entrar en ella alimentándola de esperanzas, y no de frustraciones. 

Quien te diga que algo en lo que crees es imposible, que te diga si alguna vez tuvo sueños, y pregúntale dónde perdió su fuerza de voluntad. Recuérdale que no existe un manual de la vida, que el libro de instrucciones lo escribe cada uno, y que seguramente nunca vaya a salir a la venta, porque con cada experiencia nuestro libro se va reeditando.

Pregúntale en qué momento decidió dejar de ser un niño, en qué momento se transformó en la falsa imagen de un viejo sabio que ni siquiera sabe dónde empiezan ni dónde terminan sus lecciones de moral. Pregúntale dónde perdió la personalidad y quién se la hizo perder, porque todos hemos tenido sueños, y quienes nos los niegan no hacen más que ponernos constantemente a prueba.

Demuéstrale que tu inteligencia vive de esos sueños, de los que te hacen avanzar hacia adelante y a lo que algún día te dijeron que no podrías hacer. Recuérdale que cuando sus teorías pesimistas se lavan la cara, sólo dejan un puñado de miedo entre las manos. Amenázale con un bofetón de esperanza si vuelve a intentar que tu ilusión acabe en sus zapatos, pues no debes permitirle ni si quiera por un segundo, que te hagan dudar de ti mismo por culpa de sus propias inseguridades.

No des tantas oportunidades al que te falló en una segunda oportunidad. La primera vez será por su culpa, la segunda será por la tuya. No mantengas a tu lado a aquellas personas que te hagan daño. Si lo estás haciendo actualmente pregúntate... ¿Qué consejos te darías a ti mismo si no fueras tú mismo? Pues empieza a aplicártelos uno por uno. Quiérete como si fueras tu mejor amigo, porque de hecho, serás la única persona con la que tendrás que vivir toda tu vida. Y si alguien te acusa de ser un poco egoísta por pensar de este modo, acúsale tú de ser muy poco inteligente.

¿En qué momento habremos decidido alejarnos de nosotros mismos? ¿En qué momento nos habrán convencido de tener menos derechos de los que tenemos? ¿En qué momento nos habremos quedado ciegos? Existen muchos más motivos por los que sonreír cada día que por los que lamentarse. Y no, querido amigo, esto no son tan solo frases, son formas de pensar, y así es como uno empieza a cambiar el mundo, SU mundo.

Siente pasión en cada cosa que hagas, sé sincero contigo mismo y con las personas que te hayan demostrado que merecen la mejor parte de ti. Y si quieres ir por buen camino, empieza a hacer substituciones. En lugar de frustración, esperanza. En lugar de tristeza, alegría. En lugar de lágrimas, sonrisas. En lugar de pesimismo,optimismo. En lugar de pasividad, iniciativa. En lugar de competitividad, superación de uno mismo. En lugar de retos, objetivos. En lugar de odio, indiferencia. 

¿Y en el lugar del miedo? ¿Qué se te ocurre?
 
La felicidad está al alcance de todos y de todas las circunstancias. Tú eliges el papel que quieres en la película de tu vida, tú eliges si ser el protagonista y el principal responsable de tu felicidad o el actor secundario que depende del resto. Tú decides si eres una víctima o un héroe.
 
Por lo tanto, no tienes excusas compañero, sólo depende de ti. Desde este momento te darás cuenta de que existen dos tipos de personas: las que se plantean el "SI..." condicional como posible reto (si hago esto, puede que me acerque más a mi objetivo. Por lo tanto, lo hago), y las que lo usan para esconderse constantemente entre sus límites y miedos (si lo hago, puedo fracasar).
 
Así que yo digo... en lugar de miedo, sueños.


Noemí Carnicero Sans

domingo, 2 de diciembre de 2012

ENRIC SIERRA/periodista


“El periodista ha sido bajado del escenario y comparte el espacio de platea con el resto de la humanidad”



Enric Sierra, periodista nacido en Arenys de Mar, ha trabajado para numerosos medios escritos y audiovisuales como: El Punt, El Correo Catalán, Cadena 13, Agencia EFE, TVE, Diari Avui... Actualmente, es el responsable editorial del soporte web de LaVanguardia.com. Además, es redactor jefe adjunto al director en el periódico de papel.



Buenas tardes, Enric. Qué le parece si, para empezar, nos explica, dentro de LA VANGUARDIA, ¿cuál es su función dentro de los procesos de elaboración de una notícia?

Por un lado, soy el responsable de las noticias que entran, pero no estoy constantemente diciendo “esta noticia sí, ésta no”, sino que delego funciones a los redactores jefes y, éstos, a los jefes de sección. Además, también marcamos la línea editorial, orientamos y proponemos sobre cuáles son los temas que a La Vanguardia interesa más, la forma de titular, revisar que esté todo bien hecho...

Dentro de estos procesos, entre redactores, por ejemplo, ¿existe flexibilidad entre la diferentes secciones?

Desde luego. Ahora con la crisis se ve muy claramente. Hay decisiones políticas que afectan a la economía y cuestiones económicas que afectan a la política. Por lo tanto, estas dos secciones están constantemente en comunicación. Y, así, en muchas cosas. Por ejemplo, el día de Sant Jordi, es, en si mismo, una fiesta social, cultural y relacionada con la política. Por lo tanto, en el diario de papel, aparece en tres secciones diferentes.

¿Observa entre los reporteros de la misma organización cierta competencia?

Desde luego. El periodista es también un artista y quiere ser la vedette. Si ha conseguido una información, le gusta triunfar. Si uno se ve capaz de llevar adelante la noticia, bien, pero si no, tiene que ser honesto y decir, “mira, oye, hagámoslo juntos” o, “yo te lo explico y tira adelante”. Ésto, por ejemplo, en mi caso es cada día. Yo me entero de muchas cosas por mi posición. Entonces, yo las traslado a mi redacción y son mis redactores los que luego acaban firmando las noticias, no yo.

Y con la competencia, ¿hay algún tipo de información que se puede compartir?

Es muy difícil. Pero sí que es verdad que, por ejemplo, cuando una persona se dedica a los tribunales y ha compartido muchas horas de espera en los juzgados con compañeros de otros medios, al final, se crea una cierta amistad. Uno le puede decir al otro “escucha, he de ir al médico, por qué no me avisas si...”, y el otro le avisa. Pero, al final, siempre hay aquellas ganas de ser el primero en dar la noticia. Si una noticia la tiene todo el mundo, puedes compartirla. Ahora, si es una información que te han dicho sólo a ti, no se la dirás a un compañero, por mucho que haya ido al médico.

¿Cómo cree que la necesidad de ser los primeros afecta a la credibilidad de la noticia?

Efectivamente, hay un problema. El periódico de papel tiene un “tempo”, tiene mucho más rato para terminar de contrastar la información que la radio, Internet o la televisión. En Internet, la presión por ser el más rápido es muy alta, y es proporcional al riesgo de equivocarse. Y ésto, es una reflexión que tenemos que hacer todos: antes de publicar una cosa, tenerla bien trabajada. Y aunque es un principio del periodismo, solemos tener problemas.

¿Cómo definiría el tipo de público actual?

La sociedad quiere tener información constante y quiere saber qué hace el amigo, el vecino, la novia... Y, por extensión, qué pasa a la ciudad, en el país y en el mundo. Esto provoca una alimentación constante de información y obliga a los medios a generar cantidades ingentes de ésta. Hoy, es más importante que nunca el periodismo: el público necesita que haya alguien que le ordene toda la cantidad de información que le llega, que la jerarquice, que la ordene por interés y prioridad y que se la explique bien... Y, éste, es el oficio del periodista.

¿Cómo cree que afecta la existencia de espacios virtuales análogos al periódico, donde los internautas pueden interactuar con cada noticia?

Aquí entran dos filosofías. La filosofía “viejuna”, el periodista que se sentía vedette y donde él era el único que podía subir al escenario. Y yo, que desde hace muchos años, sostengo que el periodista ha sido bajado del escenario y comparte el espacio de platea con el resto de la humanidad. Se tiene que ser honrado y consciente de que la gente puede saber mucho más que tú. Se tiene que aprovechar esta sinergia con los usuarios.

¿Cómo cree que influye el repertorio de temas de los que habla la prensa en los temas que después se hablan en la calle?

Los medios continúan marcando el debate de la gente. Sólo hace falta salir a la calle y ver de qué habla la gente. Y, al revés, también, si tú pones el oído en una noticia en la web donde hay doscientos comentarios y te los lees, verás por dónde está yendo el debate. Tú te aprovechas de ésto y lo relacionas con aquello que está creando interés.

Mirando hacia adelante... ¿cómo ve el futuro de la prensa en papel?

Complicado. Las nuevas generaciones, las puras tecnológicas han creado hábitos de acceso a la información que hace al papel prescindible y, en algunos casos, obsoleto. El papel sobrevivirá pero ha de hacer una transformación en cuanto al contenido. La reflexión tiene que ser: esas marcas que supieron vender credibilidad, rigor y una serie de valores bajo su marca, no han de tener miedo a continuar dando información de otra forma. La Coca-Cola es Coca-Cola en lata, en botella de cristal o en botella de plástico. Da igual cómo te la tomes, es Coca-Cola. Entonces es lo mismo: tú dame información y dámela buena, contrastada, que interese... y me da igual cómo me la empaquetes, porque yo me la creo a La Vanguardia, ya sea en radio, televisión, en prensa escrita, o en web.


Noemí Carnicero Sans

06/05/2012

viernes, 30 de noviembre de 2012

Un beso tiene 5 fases



La complejidad de un beso.

Hace tiempo, un reconocido escritor me "motivo-retó" lanzándome la propuesta de que describiera un beso, en más de tres líneas. No supe si sería capaz de hacerlo, hasta que encendí cuatro velas, apagué la luz de la habitación, planté una hoja delante de mí, alcancé un lápiz, y empecé a escribir las primeras tres frases, a partir de las cuales todo lo demás, fue fluyendo gracias a la tenue luz que ambientaba mi imaginación. 

A él, le gustó.
Así que, esperando lo mismo, ojalá lo disfrutéis. Allá va:



Cuántas veces ese momento ha significado el inicio de todo o, en cambio, el fin de tantas cosas. Cuántos recuerdos conservas aún con estos instantes en tu memoria. Cuántas veces ha aparecido en tus sueños, tomando protagonismo en tu inconsciencia, y cuántos suspiros te ha provocado. Ese instante, ese momento de interacción consta, ni más ni menos, de cinco fases. Verás:

1      Todo empieza cuando te das cuenta de que quisieras besarle. No importa que dudes: y es que, como mínimo, ya te lo has planteado. Así que, el beso, como casi todo, nace en nuestra cabeza. El impulso de nuestros instintos motivados por nuestras hormonas, y sumados a la imaginación potencial de cada uno, intensifican o apaciguan el deseo.

2     Si éste persiste, la siguiente fase se concentra entre los terribles intervalos “nubosos” de “lloverá o no lloverá”, es decir, “le beso o no le beso”. Ahí es cuando pierdes por completo el hilo de la conversación y la continúas casi por inercia, focalizando casi toda tu atención en sus labios. 

No sabes, aún, hasta qué punto estarías dispuesto a arriesgar “todo aquello que te impide besarle” por un solo roce. Es el momento en el que, de vez en cuando, tu mirada juega partida en dos direcciones: la primera, su boca. La segunda, sus ojos. Necesitas ir coincidiendo con los suyos para percatarte si también tus labios roban parte de su campo visual. Y es que, como alguien bien dijo: "El primer beso no se da con la boca, sino con los ojos". Necesitas saber si, aunque sólo sea por un segundo, ella también te los ha mirado y ha pensado en besarte. 


3    Y, cuando así es, te atreves.

Cierras los ojos y te abandonas a ese ansiado contacto que, hasta entonces, se había convertido en obsesión. Lo haces, sobre todo, por supervivencia. Porque aún sin saber si ganas o pierdes, si el beso es adecuado o no, necesitas pasar por ello para que tu cabeza pueda pensar en algo más que no sea en ese momento.

4    Entonces, pueden suceder dos cosas y, si somos optimistas y has sido un poco inteligente al percibir sus señales, el momento será correspondido. Y aquí será cuando, cada uno, personalice su modo de volverlo especial, con sus particularidades, costumbres, manías y trucos. En este momento, cualquier movimiento marca la diferencia. 

Ahí es cuando descubre si desearías que se quedara en tu boca para siempre trabajando o si lo despides antes siquiera de terminar su período de prueba. Ahí es cuando te das cuenta de si mintió en su CV o, si por el contrario, le juzgaste y por poco pierdes a un empleado cualificado potencial.

Esa es la prueba de nivel en los exámenes de inglés, la primera práctica de conducción o los psicotécnicos del cuerpo de policía. Un momento en el que te presentas en potencia, donde se empiezan a descubrir, ya a la práctica, por dónde emergen los puntos fuertes y en qué rincón intentan esconderse los débiles. 

Es decir: es cuando descubres si la química entre vosotros, existe o no. 

Si existe, este momento será de los principales en la historia que acontecerá. Sin embargo, no hay que olvidar que este momento simboliza, solamente, una puerta sin cerrojo, una puerta que te permite entrar en una habitación en la que, aún, no sabes qué te esperará.

5    No obstante, el futuro de esa habitación empezará a decidirse oficialmente a partir de la última fase del beso. Es en ese instante cuando las dos energías físicas que han provocado tal bomba hormonal, deciden separarse y mirarse a los ojos, los cuales expresarán estados emocionales que pueden encontrarse en la misma frecuencia, o no. Es entonces cuando se descubre la complicidad, o el arrepentimiento.

Y, entonces, y partiendo de la complicidad de un momento tan especial, se empieza un diálogo físico y emocional mediante comunicación no verbal en el que se empiezan a decidir los tamaños y la importancia del espacio descubierto.

Una puerta abierta por un beso. 

Una habitación donde, las paredes, se pintan de posibilidades.


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Noemí Carnicero Sans.

martes, 27 de noviembre de 2012

Curiosity DOESN'T kill



"La curiosidad mató al gato".


Cuántas veces habremos escuchado esta expresión y cuántas otras me habré cuestionado el por qué de ésta.

La curiosidad, sumada a la prudencia, es el motor de nuestro avance como sociedad y, reduciendo la muestra, de nuestros progresos personales. La curiosidad marca la diferencia entre unos y otros: nace como instinto, viaja en la motivación y concluye en la satisfacción de un aprendizaje. Ella es la protagonista de la sociedad de la información donde, las tecnologías, nos permiten satisfacer ese deseo de conocimiento inmediato.

La curiosidad, en su justa medida, beneficia al que la tiene.

Por lo tanto, me pregunto hasta qué punto decidió, el gato, que el riesgo se sumase a su curiosidad para que, ésta, le acabara matando.

Me introduzco de este modo para anticipar una entrada en el blog en forma de agradecimiento por adelantado para aquellas personas que, mañana, encuentren el texto de “la subasta de mi vida” en el metro y, en primer lugar, tengan ese "instinto" de averiguar de qué va ese papel. En segundo lugar, para quien dedique unos minutos a leérselo y, en tercer lugar, para quien llegue hasta estas líneas puesto que, como mínimo, ya serás más curioso que la mayoría y, yo, siempre lo he considerado una importante ventaja.

Sin ningún tipo de pretensión oculta en forma de estrategia, sin ningún objetivo de difusión de propaganda o publicidad, sin ningún tipo de fin económico, mañana repartiré 1000 copias del texto por diferentes líneas y diferentes metros.

Persigo reacciones en forma de emoción. Persigo sonrisas, reflexiones, identificación, empatía. Persigo provocar una pequeña alegría en la rutina que envuelve la cotidianidad de un día como cualquier otro.

Había mejores textos, los había más oportunos para un tipo de público más amplio, puesto que reconozco que es probable que el público femenino sea el que más se identifique con este tipo de lectura. No obstante, este texto es, para mí, un amuleto.

Lo escribí un año atrás, envuelta en una de las experiencias más bonitas de mi vida y empapada de la cultura italiana que me ofreció la oportunidad de conocer un Erasmus de seis meses en Florencia. Así que este texto es causa y consecuencia de felicidad, y aún hoy, me atrevo a exprimir un poquito más esa suerte que, intuyo, aún le queda.

Espero movimiento en cuando a respuestas y me preparo para opiniones de todo tipo. Además, me expongo a los riesgos que pueda acarrear este tipo de difusión.

Es por eso por lo que, a mí, también me caracteriza la curiosidad. Mi pequeña necesidad personal convertida en un pequeño experimento social.

El soporte para colgar mis textos será este blog, al cual anuncio como principal protagonista.

Te doy la bienvenida, por lo tanto, ya que tu curiosidad te ha traído hasta aquí, deseando que el primer texto te haya dibujado una sonrisa, e invitándote a que dejes comentarios en este blog o –para los más modernos- en Twitter (#lasubastademivida).

PD:  Existen muchas versiones acerca del orígen de la expresión "la curiosidad mató al gato". Yo, ante tal confuso orígen, he decidido modificar la expresión y que ésta, tenga la oportunidad de partir de 0, desde aquí:

"Porque la curiosidad, no siempre mata al gato. A veces, le dibuja una sonrisa." 

Noemí Carnicero Sans.