lunes, 18 de febrero de 2013

LAS DESPEDIDAS



Una copa de vino. La misma que roza los labios que, hace unos minutos, humedeciste tú con tus últimos besos.

Por eso, odio las despedidas.

Porque no es sólo tu presencia, sino lo que consigues hacer con ella. No es sólo por tu materia, sino porque conviertes en real todo tu potencial. Porque consigues que mi sano juicio conozca la bipolaridad que siempre acusó de insana. Porque pones de patas arriba mi mundo y me conviertes en la persona más feliz de él.
Por eso, odio las despedidas.

Porque me estrechas entre tus brazos y se desploma mi alma. Porque es un abrazo que despedaza mi esperanza, que aniquila mi paciencia, que perturba la incertidumbre y la calma que me induces cuando estás. 


miércoles, 13 de febrero de 2013

YO CONTIGO




He decidido que voy a susurrarte sensaciones, no palabras. He decidido que voy a devolverte lo que me haces sentir. Que hoy, en este momento, serás capaz de entender cada escalofrío que recorre esta piel que un día prohibió volver a emocionarse con alguien.

En un segundo ha desaparecido el pestillo que me llevó años poner. En un segundo me has demostrado que íbamos por la doceava edición, y que yo sostenía la primera edición de la Biblia en mi mano. Me demostraste que las cosas habían cambiado, y que yo seguía siendo igual.

Me has demostrado que las mejores cosas de la vida existen cuando la persona que te lleva de la mano es quien te las enseña. Me has demostrado que aún con venda en los ojos, se puede ver mediante telas transparentes. Me has demostrado que tras cada generalización se esconde un cobarde, y que tras cada excusa para enamorarse se esconde una historia frustrada.

domingo, 3 de febrero de 2013

LA INCONDICIONAL



Mi incondicional: Mi madre. 

Ojalá muchos de vosotros sintáis lo mismo por ellas.

Dice la psicología del desarrollo, que cuando el bebé se acostumbra a la voz de su madre, sabe distinguirla entre las del resto de mujeres. Es entonces cuando el bebé reacciona positivamente ante la melodía y el ritmo de una voz concreta. Es entonces cuando se calma, cuando se excita, cuando se siente en paz y en compañía, porque la voz de su madre le indica que está allí, a su lado.


A mí, no me podría haber tocado una melodía mejor. La melodía que he seguido hasta ahora se ha convertido en lo más importante de mi vida, porque tras interiorizarla, me ha convertido en lo que soy. A través de esa voz he aprendido los valores más esenciales, las actitudes más recomendables, las palabras más justas. Esa voz ha sido mi hogar y mi mejor escuela.

Esa voz tiene dueña, y es mi madre.


No obstante, esa voz sólo ha sido recurso e instrumento del “mucho más” al que me estoy refiriendo. Con mi madre he aprendido que la melodía más bonita es la que uno  mismo desea como voz. He entendido que en nuestro camino, no importan los sucesos, pues lo esencial es la actitud. Mi madre ha sido la caja del tesoro que yo he tenido la oportunidad de encontrar, pues recoge los conocimientos y valores aprendidos tras las experiencias de toda una vida. 

Ella no la ha visto pasar, sino que ha pasado por ella, modificándola según sus límites y posibilidades. Ha puesto sonrisas donde había lágrimas, ha puesto amor en momentos de desesperación, calma en el caos, paciencia en la espera, pasión en las historias imposibles y, entre tantas otras muchas cosas, me puso a mí, donde quizás nunca hubiera existido nada.


En mis 22 años de tonterías, nunca me ha fallado. Sin ella, no sería quien soy, puesto que ella me ha dado todas las oportunidades de las que he disfrutado para poder llegar a este punto que, por cierto, es al mejor punto al que he llegado nunca. Además del tesoro, en la caja siempre ha dejado previsible e inteligentemente un espacio vacío lleno de “por si acasos”. En estos “por si acasos” entran todas aquellas cosas que no ha aprendido y que está dispuesta a conocer. Ese espacio actúa como esponja absorbiendo todo aquello positivo que los demás puedan enseñarle. Y te aseguro que en ese espacio, ella, es una experta. Es increíble cómo se ha ido adaptando a mis cambios y, momento a momento, ha ido ella cambiando también.