miércoles, 29 de mayo de 2013

"EL PRIMER AMOR NUNCA SE OLVIDA"


Mentira. 

Pero no una mentira de estas de andar por casa, no. Mentira de las gordas, de esas que condicionan tu vida, de esas que te ayudan a corroborar lo fracasado que eres y serás siempre por no estar con ella. 

Y es que vas andando por la vida con los bolsillos repletos de frases prestadas como esta, de frases que justifiquen la desgracia de la que, en realidad, sólo tú eres responsable. Porque, cariño, el primer amor, lo único que tiene de especial, es que es el primero. Y no me vengas con tonterías porque primero no es sinónimo de único, y mucho menos de finalista. Primero es primero, y eso significa que la lista puedes ampliarla tanto como tus fracasos y tu paciencia te permitan. 

Y es que para eso fue el primero: para equivocarte. 

Recuerda que los tiempos han cambiado y que, por suerte, tu cerebro nació con goma de borrar. Aquello que al corazón le duele, el cerebro lo elimina. Y si no es así, una de dos: o ahí hay algún asuntillo muy lícitamente tratable por un terapeuta, o es que eres un poco masoquista (y, seguramente, también potencialmente tratable). 

Y es que, oye, sería una desgracia tener que condenar toda nuestra vida por una decisión que tomamos cuando aún no teníamos ni pelillos en los sobacos, ¿no?  ¡Por Dios! ¿Qué os debéis? Quizás lo único que os debáis sea unas disculpas. Unas disculpas por continuar aguantándoos en esta historia que ha carecido ya de todo sentido. Y es que mientras creas que el primer amor nunca se olvida, lo que realmente estarás olvidando es tu vida y cualquier intento de aprovechar tus sentidos para recibir las señales adecuadas ante cualquier otra oportunidad de ser feliz. 

Y, ojo, que con primer amor no me refiero ni al primero que te robó un beso, ni al segundo que despojó tus vergüenzas. No. Con primero me refiero al que marcó tu primer antes y después. A aquel que, por suerte o por desgracia, fue el primero que significó mucho más que un cotilleo entre amigas. 

Bueno, y por supuesto estoy totalmente en desacuerdo con “los amores reñidos son los más queridos”. A ver, esto lo escribió un enamorado bohemio antes de precipitarse por un acantilado, o qué. ¿Desde cuándo querer equivale a dañar al otro? ¿Desde cuándo pelearse es mejor que discutir un tema? ¿Desde cuándo los gritos proporcionan más placer que un susurro? ¿Desde cuándo engañar es mejor que la seguridad que te regala la complicidad que puedas tener con alguien? 

¿Estamos locos? 

Loco el que lo escribió, pero aún más locos quienes le creyeron. Déjame que me atreva a decirte que reñir constantemente con alguien no es más que la última alternativa que te queda para llamar la atención del otro y que continúe sintiendo algo por ti, aunque esto que sienta ya no se traduzca en amor. 

Permíteme que te diga que con cada pelea aumenta vuestra frustración y disminuye vuestra paciencia, y que el único resto de amor que os queda se esconde en los recuerdos de vuestra historia. Un resto de amor que parece querer asomarse entre cada encuentro físico de reconciliación con el que creéis solucionar las cosas. 

Permíteme decirte que te engañas, y que lo que te une a esa persona es la obsesión, esa que deriva de todos los esfuerzos y todo el tiempo dedicado a poner nuevos principios donde ya, hace mucho tiempo, deberíais haber puesto un final. Y es que no te culpo. Ya, desde pequeño, te engañaban. “Los que se pelean se desean” decían, ¿recuerdas? Bien, esas son las típicas frases que van haciendo mella en uno y van buscándose un sofá en tu subconsciente, en el que acomodarse progresivamente sin que te des cuenta. 

Y, llegados a este punto, te diré: las historias más cercanas que he vivido y aquella que he terminado eligiendo en mi vida son más parecidas a cuento con final feliz que a película de Woody Allen. 

Y perdona eh, perdóname por ser ingenua y por creer que merezco más felicidad de la que los pesimistas intentaron limitarme. Perdona, por reconocer que me gustaban las películas Disney cuando era pequeña, por confesar que ahora disfruto con las típicas americanas que terminan bien. 

Perdona. 

Aunque quizás un perdona no encaje tan bien como un lo siento. Y no es un lo siento por mí, sino por ti. Porque como no uses ese cerebro que Dios te ha dado, estás condenado a que tu existencia sea un auténtico fracaso. Y sí, así te lo digo. Porque empezando por el ámbito sentimental, se van a ir viendo truncadas el resto de facetas de tu vida. 

Espabila. Y plantéate dónde están los límites de lo que crees que mereces. Dependiendo de lo que creas, en consecuencia actuarás. Porque tu actitud atrae a los demás. Y si por desgracia has atraído a tu vida a las personas equivocadas, ésta aún te da la oportunidad de que elijas si se quedan o se van. Que sí, que sí. Que no es tan difícil tener un círculo de personas a tu alrededor que valga la pena. Que si no lo tienes, es porque no quieres.  

Y es que puede que no quieras. Puede que realmente no tengas ninguna intención de despojarte de semejantes personas. Las mismas que van hundiéndote en aquel pozo que un día construiste tú. Entonces, si es el caso, amigo mío, deja de buscar excusas para intentar esconder en ese mismo pozo tu faceta más masoquista.


Tú eliges.




Noemí Carnicero Sans.

sábado, 25 de mayo de 2013

QUÉ ME QUEDA

 Dolor. 

Por la incapacidad de sentir más de lo que necesitaría expresar. Dolor porque mi cuerpo no está preparado para experimentar una pérdida. Porque no nací para despedirme, sino para encontrarte. Para conocer a personas como tú en las que poder echar raíces. Para aprender a confiar y convencerme de que no estamos solos en este mundo. Y es que qué más me daba eso de que “nacemos y morimos solos”, si podía disfrutar de ti durante toda una vida. 

Cómo no voy a estar desesperada, si me he acostumbrado a una vida que ya no entiendo lejos de tu lado. Si necesitaría volver a nacer para ser otra persona y, así, no haber sido yo contigo. Tú, ti, contigo. Las palabras que más he usado después de haber aprendido a quererme a mí. 

Y ahora qué. Cómo se desaprende el que creías el mayor aprendizaje de tu vida. Cómo se desaprende a querer, cómo se aprende a olvidar. A sobrevivir sin la persona con la que imaginabas pasar el resto de tus días. Dime, cómo. 

Cómo se aprende a volver a sentir ganas, a sonreír, a vivir, a desear. Cómo se aprende a ser optimista cuando aposté por ti con los ojos cerrados, cuando la seguridad que me transmitías era todo lo que aliviaba cualquier inoportuna duda acerca de mi futuro contigo. 

Cómo se aprende a desaprender. Sobre todo cuando no quieres. Sobre todo cuando olvidarte es lo último en mi lista del manual de supervivencia. Cuando ni quiero, ni debo. Y es que olvidarte sería como si te hubiera matado en vida. Y tú, en vida, es lo que más he querido durante la mía.

Rabia. Porque nunca podremos cumplir los sueños de los que hablábamos cada noche. Porque los proyectos que tuvimos en mente serán los futuros rasguños de mis recuerdos. Porque al ser lo mejor que había conocido, te escogí a ti. Una elección que ha hipotecado el resto de mi vida. Y es que voy a tener que aprender a vivir contigo, pero sin ti.

Cuando alguien se va, no existe expresión capaz de definir aquello que siente el que se queda. Y qué me queda si no es contigo. Cómo me quedo yo en una vida que no contempla tu existencia. 

Soy los restos de lo que podría haber sido contigo. Soy los restos, los retales perdidos de mí misma. Soy lo que nunca hubiera imaginado ser, sintiendo lo que nunca pensé que podría sentir.

Soy los restos de los besos que han pasado por mi boca, de los dedos que me han tocado, del calor que he sentido a tu lado. Pero sobre todo, soy los restos de lo que ya nunca más será. Ay, cuando alguien se va.

Tú, la cicatriz incurable y el trauma para el que aún no se han inventado terapias. Tú, el final infeliz que ningún niño quisiera leer, una  huella en mi recuerdo, un vacío en mi futuro y, sobre todo... mi secreto.






Noemí Carnicero.


martes, 14 de mayo de 2013

ELVIRA LINDO: ESCRITORA


ELVIRA LINDO

"Yo escribo literatura, no escribo libros para franjas de edades."





¿Recuerdas la serie de libros de Manolito Gafotas? ¿Aquellas divertidas historias del niño madrileño que vivía en el barrio de Carabanchel (Alto)? La mano que trabajaba tras cada una de las frases de este personaje es Elvira Lindo, una gaditana muy cosmopolita que comenzó su carrera como locutora en RNE. Tras el éxito de su personaje más famoso (nacido en la radio), Manolito, no sólo ha dedicado su vida a la novela, sino que ha escrito guiones para cine, teatro e, incluso, ha trabajado como actriz. Podemos leer sus columnas semanales en EL PAIS. Desde 2004, vive a caballo entre Madrid y Nueva York.


-Una cuenta historias nace en Cádiz un 23 de enero de 1962. ¿Cuándo y por qué decide esa niña que estudiará periodismo en Madrid?
No decidí nada porque pasé muy poco tiempo en Cádiz, nos mudamos un montón de veces de domicilio, de ciudad, de pueblo… Llegué a Madrid a los 12 años y tenía la vocación vaga de escribir. Empecé a estudiar periodismo casi por descarte de otras profesiones, o porque era la que más se podía parecer a lo que yo quería. En todo ese proceso yo creo que todavía no había empezado a tomar grandes decisiones.

- Trabajaste en la radio, al mismo tiempo que estabas estudiando la carrera…
Sí, empecé a los 19 años. Creo que eso fue lo que definitivamente cambió mi vida. Muchas de las cosas que me han pasado han sido consecuencia de haber aceptado ese trabajo. Por aquel entonces era un Taller de Radio, lo que ahora sería una especie de prácticas. Después de acabar esos seis meses, me reenganché y ya me quedé.

-Inicialmente, en la radio, hacías un poco de todo. Sin embargo, ¿con la locución de tus propios guiones o buscando a locutores que contasen tus historias, era cuando más disfrutabas?
He disfrutado de muchas cosas en la radio: haciendo entrevistas, presentando mi propio programa…  Lo de los guiones fue un poco azaroso. De pronto, necesitaban a alguien que escribiese un guión para algo en concreto, lo hacías y, de repente, en muy poco tiempo, te convertías en la persona que escribías. A fuerza de repetir me fui haciendo con el oficio.

-Uno de los personajes de tus guiones radiofónicos era Manolito…
Sí, bueno. Manolito era algo más dentro de los muchísimos trabajos que yo desempeñaba.

-En el momento en el que escribías estos guiones, no sólo tenías a Manolito sino que, además, contabas con un gran abanico de personajes…
Sí, pero además hacía otras cosas: entrevistas para un programa, escribir guiones para un locutor, sketch que adornasen los programas y sirviesen de entretenimiento… Empecé haciéndolo porque yo quería y, al final, acabaron pidiéndomelo. Pero no era mi trabajo principal. Me gustaba crear historias cómicas para la radio. Creé a muchos personajes de los que ya ni me acuerdo.

-¿Por qué crees que fue Manolito el personaje que más triunfó?
Porque está hecho en primera persona, yo le ponía la voz...  Al principio nos gustaba a nosotros, a los que hacíamos el programa. Luego le gustó a la directora de Radio Cadena y continué con esos monólogos. Todo fue muy poco a poco. La gente empezó a seguirlo masivamente mucho después.

-Tras años de historias radiofónicas de Manolito, tu marido Antonio Muñoz Molina, también escritor, te anima a que conviertas a este niño en un personaje literario…
Fue él y Juan Cruz, escritor y periodista, quienes me dijeron que era una pena que esas historias de la radio no se fijaran en algún sitio, que no se escribieran. Porque la radio es un medio maravilloso pero es algo que ocurre en el presente, que no se mantiene. Durante un largo período de tiempo decidí dejar todos mis trabajos como guionista en la radio y en la televisión y quedarme en casa a escribir.

-¿Qué es lo más difícil de transformar ese personaje radiofónico en un personaje literario?
Bueno, yo tenía los guiones de la radio escritos, pero los guiones sólo me servían como hilo argumental. Yo ya conocía muy bien cómo era el personaje, así que no tenía que descubrirlo, no tenía que crearlo. Pero el lenguaje literario es completamente distinto. Yo creo que fue, probablemente, una de las cosas con las que yo más disfrute: enfrentarme de pronto a crear ese personaje para un libro.

-¿Cómo se consigue conectar con un niño? ¿Cómo se consigue escribir para él?
Nunca he intentado camelarme ni conquistar a un niño, no he intentado gustar. Yo lo he hecho siendo fiel a la voz del personaje y contando lo que a mí me hacía gracia. Es decir, yo soy la primera lectora del libro. Lo que a mí no me hace gracia, no me gusta, no me enternece o no me conmueve, no me vale. Con lo cual, no estoy pensando en el posible lector, sino que estoy pensando en mí directamente.

-Ahora que la etapa Manolito te queda un poco más lejos, ¿qué es lo mejor que te llevas de ese período?
Probablemente la pasión que muchos lectores sintieron por el personaje y siguen sintiendo. Fue y ha sido una pasión, en algunos casos, internacional. En algunos países ha ido mejor, en otros peor. El otro día me llegó la carta de una chica iraní -porque en Irán el personaje del libro es muy popular-  y me decía que gracias al personaje había aprendido español. Cuando empecé a escribir el personaje, mucha gente que hace crítica literaria, decía que era un personaje muy local. Lo es, verdaderamente, pero los personajes locales pueden cruzar fronteras, muchas veces, casi con más facilidad que los más cosmopolitas o internacionales. Es un personaje y un humor que se ha entendido en muchos sitios. Son libros humorísticos, no creo que tengan edad.

-Más tarde, aunque lo compaginabas escribiendo aún libros infantiles (la serie de libros de Olivia, el resto de libros de Manolito, “Amigos del alma”, “El Bolinga”…) comienzas a escribir libros para adultos, ¿qué provoca ese cambio?
Yo nunca escribí pensando en un lector. Quería contar una historia y lo hacía de forma natural. Yo no pensé “he estado escribiendo libros para niños y ahora voy a escribir libros para adultos”. Eso son categorías que ponen los demás. Yo no adaptaba el lenguaje, eso sería más pedagógico que literario. Yo escribo literatura, no escribo libros para franjas de edades. Todo lo hago con la misma pasión y el mismo afán de crear personajes y situaciones. No pienso en si van a ser entendidos o no. Yo me dedico a identificarme con los personajes y a ser fiel con la voz que ellos tienen.

lunes, 6 de mayo de 2013

(IN)FIE-LESS


"Formas ejemplares de querer."

Atento, que en el mejor de los casos –cuando tu mecanismo de defensa baje la guardia- te das por aludido.
Ay, infiel… si yo te pillara.


Tú, que has creado un falso recuerdo en la vida de quien ignora lo que haces o aquello que hiciste. Tú que, confesándole tus pecados, vas generando traumas e inseguridades donde nunca, en otras condiciones, hubieran existido. Tú que como moneda de cambio a lo más sincero que alguien te entrega, devuelves billetes de tres euros. Tú, que no sólo eres falso con ellas, sino que lo eres contigo mismo.

Soluciona tus problemas de autoestima para no cargarte las ajenas. Que los corazones maduren tras rupturas sanas, no tras injusticias. Y es que tras la mayoría de infidelidades se esconde un cobarde disfrazado de narcisista. Un saco de inseguridades enmascaradas por un ego tan exagerado que se olvida de salir de casa sin su dosis esencial de empatía. Tras este tipo de personajes vive la frustración anticipada de quien no cree merecer lo que desea.

Así es, pequeño mentiroso. Así es como te vas conformando con la vida. Así es como vas jugando a ser la parte principal de una relación en la que aseguras ser tú la parte independiente. Tú, que aceptas de compañera a una persona que pueda estar a tu lado de forma incondicional. Tú, que eres el más dependiente de los dos. ¡Pero qué bien disimulas!

Te acercas a quienes, de forma inconsciente, intuyes más débiles que tú. Es el modo en el que te defiendes. Y es que necesitas a alguien que no consiga dañar más de lo que ya lo está tu vulnerabilidad. ¡Que no te hagan daño mientras se te escapa ser quien eres! Necesitas la estabilidad de la fórmula “yo te quiero, tú me amas”. Pero es que tú  ni si quiera la quieres, sólo estás bien con ella. Porque ella es uno de los pilares estables de tu vida, porque ella va a estar allí, queriéndote. Bueno… queriendo aquello que cree que eres. Y tú, que en absoluto estás enamorado, irás buscando en otros revolcones aquellos retales de autoestima que se fueron perdiendo por el camino de tu vida.

Y a base de ir repitiendo este “modus operandi”, alejándote de la parte más natural y sincera de ti, vas perdiendo toda la empatía que, aunque poca, te quedaba. Te acostumbras a los remordimientos. Al principio escocían, pero después se transforman en una leve molestia con la que puedes llegar a convivir. Ser infiel se convierte en una droga. Si no vas a la par (en el mejor de los casos), te sientes peligrosamente incompleto. El mejor modo que conoces de protegerte es desprotegiendo a quien te quiere. Pero, aunque lo ignores, a quien realmente acabas perjudicando, es a ti mismo. Espera, a ver qué sucede a la larga.

¡Ay de ti, pequeño mentiroso! Pero tranquilo, respira. Tú no representas el único perfil de persona infiel, no. Siéntate y lee, que los siguientes, aunque se parecen a ti, llevan consigo unas leves diferencias.

miércoles, 1 de mayo de 2013

UN "POTSER"


Querida amiga,

Tú, que has sido la principal compañera de mi vida. Tú, que formabas parte de mis sueños antes, incluso, de poder soñarte. Tú, que me has brindado parte de los mejores momentos donde hoy, mis recuerdos, corren a buscarte.

Gràcies.

Gracias por cruzarte en mi camino, por presentarte como oportunidad y yo poder convertirte en elección. Por ser lugar, sensación, experiencia y sentimiento. Por permitirme aprender de ti sólo con el aire que respiraba. Por aquel asombro indescriptible, por aquella admiración continua.

No és que ara et mereixis això. És que t’ho has merescut sempre.

¿Conocerte? Un honor. Un honor tal que te llevaré conmigo dondequiera que vaya. Y es que formas parte de mis mayores anhelos. Nunca habrá suficiente tiempo en el mundo para conocer cada una de tus facetas, a cada cual más maravillosa.

I és que, amiga, ets tot en una.

Representas los inicios de una de mis primeras etapas. Aquella etapa de novedad, de aprender a acostumbrarse, de adaptarse a algo radicalmente distinto. Aquel barrio tranquilo entre Pedralbes y Sarrià. Representas, además, aquellas decisiones que tomaba entre sueños, aquellas personas que fui conociendo y que me enseñaron tanto durante el camino. Representas aquella despedida definitiva, dejando atrás una época de encontrar cualquier excusa para organizar cualquier fiesta que nos hiciera sonreír.

Me llevé la fiesta a otra parte y, tú, viajaste conmigo. Te llevé como parte de mí a otro país, a otras tierras. Allí viví una de las mejores experiencias de mi vida. Pero es que tú, ya me habías enseñado a ser como era. Ya me habías enseñado a ser como soy.