lunes, 24 de junio de 2013

SE REGALAN CONSEJOS

“Sólo podía ofrecerle consejos, una mercancía tan inservible que en cualquier sitio te la dan gratis.” LA REINA SIN ESPEJO. (LORENZO SILVA)


Eso es lo que vengo regalándote yo continuamente. Consejos gratuitos tan inservibles como el trozo de papel que te da un gurú a la salida del metro y que, tras leer su primera línea, no dudas ni una milésima de segundo en decidir que el mejor sitio para ese trozo de mentira es el fondo de la primera papelera que se cruce en tu camino.

Así son mis consejos. Inservibles para quienes no crean en ellos, inútiles para quienes se los tomen como una sencilla lectura capaz de dibujarles un par de sonrisas en cuatro minutos. Inoportunos para quienes esas palabras escuezan e, indignantes, si cabe, para quienes creen que intento ser ejemplo para los demás.

Mis textos, no son consejos para los demás. No. Son autoterapia para mí. Son chutes de optimismo que necesito con la misma intensidad que tú. Porque yo no soy ejemplo, sino intento. Y, en el intento, comparto.

Y en cada texto que comparto mi primer objetivo es dibujar una sonrisa en tu cara. Porque una sonrisa es un gesto que precede a una actitud y que señala una intención. Y, mi último propósito, es cerrar una publicación con una reflexión compartida que te tiente a abandonar las excusas. Y es que éstas, acompañan la mentalidad del “puedo pero no quiero”, y disfrazan la vagancia con autocompasión.

Y es que no existe nadie mejor que tú mismo para saber qué te conviene, qué calmará tus ansiedades y qué conseguirá desdibujar tus disgustos. Cualquier intento ajeno y desconocido por hacerte más feliz no son más que meras ayudas subjetivas y recordatorios obligatorios. Porque todos vivimos momentos en los que ponemos en duda hasta nuestra propia sombra, momentos en los que se nos acaba la paciencia con nosotros mismos. Esos días en los que estás insoportable y no te aguantas ni tú, esos días en los que, por cierto, no está de más que algo o alguien te recuerde que vales la pena.

Y es que, a veces, los consejos gratuitos, son hasta bienvenidos. Sobre todo cuando se intuyen sus intenciones, cuando te identificas con el contenido y cuando sabes que éste mismo consejo podría haber salido de tu boca, porque tú piensas igual. Sin embargo, los aceptas de buena gana porque aparecen en un momento oportuno en el que no te viene mal que esa frase active una alarma en tu cabeza que te permita recordar que, ojo, hay algo por lo que trabajar, algo por lo que mejorar alguna faceta de tu vida o, lo que es lo mismo, de tu estado de ánimo.

Ninguno de nosotros es perfecto, ninguno de los presentes tiene ni ha tenido la verdad absoluta en su mano, ninguno puede ofrecerte un consejo universal apto para todos y para todas las circunstancias.

Ni yo soy quién para decirte qué debes hacer con tu vida, ni tú eres quién para tomarme tan en serio. Porque, por suerte o por desgracia, no estoy contigo las 24 horas del día para saber cómo te sientes y qué necesitas, para saber de quién te has enamorado y por qué, para saber quién te hizo llorar y cómo lo consiguió. No. Por desgracia no te conozco tanto como para tomarme ciertas licencias e imponerte un estado de ánimo sin conocer cuál ha sido el precedente.

Verás, un consejo puede darlo cualquiera. Pero cada vez que lo hagas, intenta advertir lo que haces desde la subjetividad de tu experiencia personal, pretendiendo ser un dato más y no una conclusión. Recordando que no eres ejemplo de ninguna verdad absoluta, sino únicamente ejemplo, causa y consecuencia de lo que tú has tenido la oportunidad, suerte o desgracia de vivir.

Y sé consciente de que aquel que aceptará y saldrá satisfecho con tus consejos será quien previamente encaje contigo por esos mismos valores e ideales, anhelos o pasiones. Y estará satisfecho porque habrás expresado de la mejor forma posible aquello que se le estaba olvidando, llegando como un soplo de aire fresco rebosante de cambio y oportunidad.

Por eso, cada vez que lo intentes, cada vez que los des, hazlo con la mejor de tus intenciones. Porque, a veces, hay quienes regalan consejos a quienes acaban pagándolos muy caros. 



Noemí Carnicero Sans

lunes, 17 de junio de 2013

LUCIA PEREZ VALERO

LUCÍA PEREZ VALERO

"La calle te va haciendo a ti el reportaje, no al revés."



Nacida el 1 de octubre de 1983, en Martos (Jaén). Estudió periodismo para cambiar el mundo, pero el mundo la cambió a ella. Ha sido redactora en La Sexta, en Telecinco y en Informativos Telemadrid. Además, también se ha abierto camino como reportera en Comando Actualidad, en Callejeros Viajeros y en Más vale tarde, de la Sexta, donde podemos encontrarla actualmente. Una periodista que se fusiona con su faceta más humana, y que la convierte en una profesional motivada, optimista y cercana.



-Lucía, ¿por qué Periodismo?
Periodismo era la única opción. Si no hubiera sido periodista no podría haber sido otra cosa (¡de verdad!) De pequeña quería ser astronauta para ir a la luna y ver que había en el otro lado, en el que no se ve, pero como tengo vértigo tuve que descartar esta opción jajajaj. Con los años alguien me dijo que lo que quería era ser periodista, para ir a la luna, ver que había en el otro lado y volver para contarlo.

-¿Has encontrado en esta profesión lo que buscabas?
He encontrado muchas más cosas de las que buscaba. Esta profesión me ha hecho ser quien soy, siempre digo que yo quería ser periodista para cambiar el mundo pero que él me cambió a mí. Y es cierto. El periodismo me ha dado mucho más de lo que me ha quitado y cualquier sacrificio por él merece la pena. He vivido tantas experiencias, he conocido tantos lugares y tantas personas... que eso enriquece tu vida de un modo increíble.

-¿Existe algún aspecto del Periodismo que, tras ejercer en el sector, te haya decepcionado?
Nada de lo que he hecho, hasta ahora, me ha decepcionado. Me puede haber gustado más o menos la experiencia, pero créeme si te digo que de todas he sacado algo. Bueno o malo de todo se aprende. Y que conste que, como en cualquier trabajo tiene sus contras, el problema es que estás hablando con una loca de esta profesión y quitarme la ilusión o decepcionarme es complicado.

-Tus primeros pasos los das de la mano de LA SEXTA NOTICIAS. ¿Qué es lo que más te sorprende de tu trabajo en tus inicios?
Los inicios siempre son bonitos... lo recuerdo con mucho cariño, porque era el descubrimiento de algo nuevo, estaba llena de sueños e ilusiones y era un torbellino desbordante de energía jajajaja, demasiada quizás. Todo me sorprendía... intenté empaparme de todo y aprender de la gente que me rodeaba, a muchos de ellos les sigo admirando.

-¿Cuál ha sido tu función en los programas de informativos en los que has trabajado? (La sexta noticias, informativos Telecinco, telemadrid informativos…)
Estar pegada a la actualidad, a lo que sucede, ir corriendo al lugar donde surge la noticia y contarlo. He sido redactora de calle o reportera, cualquiera que está en la calle, para mí, es reportero. Estamos pendientes de las agencias, de las últimas horas y las noticias que van surgiendo para actualizar toda la información. Hacemos reportajes y directos, todo ello ligado a lo que está pasando. De forma rápida.

-De repente, tu trayectoria se aleja por un tiempo de los informativos y aterrizas en Comando Actualidad, en RTVE, donde los reportajes se acercan más a los documentales y tú te empiezas a moldear como reportera callejera… ¿En qué momento de tu vida y de qué forma se produce ese cambio?
Pues se produce en el mejor momento, estaba en Granada para informativos Telecinco, cuando la directora de Comando Actualidad me llama para ofrecerme incorporarme al programa. Me gustaba la calle, contar historias y la aventura y poder hacerlo durante casi 20 minutos era un auténtico regalo. Crecí viendo a los reporteros de Madrid Directo y siempre quise ser como ellos. Y allí estaba la oportunidad de poder hacer un formato precioso y lo hicimos.


-¿Por qué elegiste el periodismo callejero?
Porque en la calle estan las auténticas historias, lo que hay que contar y denunciar está fuera, nunca lo he encontrado dentro de una redacción. La calle te va haciendo a ti el reportaje, no al revés.

-¿Qué debe definir a un reportero?
Jajajaja esta pregunta la he leído muchas veces y nunca me gustan las repuestas, porque creo que cada reportero se define a sí mismo. No hay una única forma que sea válida para ser reportero, hay tantas como periodistas. El factor común es el compromiso con el periodismo, siempre he tenido compañeros reporteros con una sensibilidad especial, y una gran habilidad para pasar de un entorno a otro, mezclarse y conseguir buenas historias. El reportero de calle es un animal de asfalto y eso se nota!

-“Cambio de sexo”, “Llegar a fin de mes”, “Busco trabajo”, “Los ricos también lloran”, son algunos de los reportajes en los que trabajaste en Comando Actualidad. ¿Cómo era el día a día de tu trabajo en RTVE?
Teníamos una reunión donde se hacía la propuesta de tema, y una vez se tenía se le iba dando forma: producíamos el reportaje, buscábamos las historias, se hacía un esquema de cómo se iba a engranar el reportaje y ya al final era cuando se hacía la grabación. El proceso acaba con el minutado de las imagenes y el montaje con un realizador.

-¿Fue un puente, Comando Actualidad, para llegar a Callejeros?
Sin duda, fue un puente y fue gracias a Comando Actualidad que aprendí a moverme en la calle y sin eso no habría podido ir a Callejeros. Son dos programas a los que les tengo un enorme cariño y los recuerdo como dos de las etapas profesionales más importantes de mi vida. Son dos equipazos de gente y dos referentes en la televisión.

-¿Qué diferencias había entre ambos programas?
Son diferentes. Comando Actualidad se centra en temas sociales muy pegados a la actualidad, como ya dice su nombre, un programa donde el reportero es protagonista y aparece en cámara dirigiendo el reportaje y Callejeros también es un programa de denuncia social, muy cañero, donde acabas metiéndote hasta el fondo en los temas y donde no hay más que una voz que pregunta. El protagonista es siempre el entrevistado. De cualquier modo y a pesar de las direrencias son dos grandísimos programas.

-¿Podíais proponer, los reporteros, temas o destinos para vuestros propios reportajes?
Sí, siempre el reportero si tiene un buen tema o destino lo puede proponer y se tiene en cuenta, aunque hay que decir que ya hay directores muy buenos, que se encargan de estar todo el día buscando temas que denunciar, destinos llamativos o curiosos y lo hacen muy bien!.

-¿Cuánto tiempo estáis, de media, en el destino?
Pues depende, en un viajeros unos 15 días dependiendo del destino, porque no es igual grabar sólo en una ciudad o recorrer un país. Y para los reportajes también depende del tema, si es un barrio con una semana es más que suficiente, pero si es un tema en el que te tienes que mover por toda España puedes estar mucho más tiempo. Lo bueno es la flexibilidad y que cada reportero marca el tiempo.

-¿Qué es lo más difícil, profesionalmente, de cada reportaje?
Para mí: todo. Porque cada reportaje lo enfoco como si fuera el primero y el último. Lo más complicado es tratar de darle una vuelta de tuerca a los temas, contarlos desde otra perspectiva, sacar punta y ofrecerle al espectador algo distinto, que no conocía.

-¿Cuál ha sido el reportaje más difícil de grabar? 
Los de droga son complicados.

-Y, por el contrario ¿qué es lo más emocionante de cada reportaje?
La gente que conoces. Ellos son los más importante y gracias a ellos podemos hacer nuestro trabajo.

-¿Con cuál de todos tus reportajes te quedarías? 
Es como pedirle a una madre que te diga que a cuál de sus hijos quiere más, jajajaj no me puedo quedar con uno sólo. “Cuestión de centímetros” es un reportaje precioso y al que guardo mucho cariño, “Menú de crisis”, “La ruta de la droga”, “Baja California”... cada reportaje al final es como un parto... y les coges mucho cariño.

-Explícame el momento más sorprendente que hayas vivido en alguno de ellos.
Soprendentes a nivel emocional muchos: Javier un niño con acondroplasia que se sometió a un alargamamiento de piernas y todos los días le daba la vuelta a la tuerca que lo hacía él sólo, es un campeón. Ernesto un biólogo que nos encontramos en Cañada Real, llevaba 30 años enganchado a las drogas y es una de las personas más inteligentes que he conocido. María, Ana... todos mis mejores momentos tienen nombres propios y reales. Ah! Lloré viendo delfines y una ballena a lo lejos en Baja California, me pareció tan salvaje y auténtico ese momento que aún lo recuerdo.


-A rasgos generales, ¿qué es lo que más te atrae del reporterismo?
La calle (lo sé, no paro de repetir esta palabra pero aquí esta el quid de las cuestión) y la denuncia. Dar voz a quienes no la tienen y sacar los colores a quienes deberían evitarlo.

-Para un reportero ¿es difícil compaginar su vida laboral con la personal?
No me ha supuesto un problema!, si bien es cierto que es un trabajo con disponibilidad total, todos los días de la semana, festivos, o no, todo el año. Supongo que cuando tu vida personal va tan entrelazada a la profesional se cruza y no distingues.

-Tras Callejeros y Callejeros Viajeros, vuelves a los informativos como redactora ¿Cómo vives ese cambio?
Una experiencia bonita!. Volver a contar lo que está pasando, a la actualidad, al directo... me gustó mucho.

-Actualmente trabajas en MÁS VALE TARDE, de la Sexta. ¿Cuál es tu función en el programa?
Elaboramos vídeos de actualidad política y social de forma extensa, porque duran mucho más que los del informativo convencional. También tenemos más tiempo para profundizar en cada tema y elaborarlo mucho más. Profundizamos en la información y ofrecemos más claves de la misma. Aquí puedo hacerme un tema político o un suceso y esa polivalencia está bien.

-¿Una meta futura?
Una? Tengo mil! Muchos sueños aún están por cumplirse y espero poder hacerlo. Estoy en ello!

-Y, por último, ¿algún consejo para aquellos periodistas recién graduados que se enfrentan a este duro panorama laboral?
Ni caso a quien os lo ponga todo extremadamente negro... Evidentemente la situación actual es dura, muy dura, pero sigo pensando que la gente buena acaba encontrando su hueco y su lugar. Si tienes un sueño y es éste ¡a por él! Que nadie te diga que no puedes hacer algo porque SÍ puedes. Y nunca doy consejos pero mi máxima en este mundillo siempre ha sido, como decía un maestro, que “las malas personas no pueden ser buenos periodistas”. ¡Suerte y nos vemos en la calle!

16/06/13
Noemí Carnicero Sans

lunes, 10 de junio de 2013

VAS A ENVEJECER

Y digo envejecer por no decir morir.

Sí, qué cruel, ¿verdad? Qué aguafiestas encontrarse un texto tan antipático en un blog que parece presumir de optimista. Pero a veces, para sonreír, es necesario ser consciente de por qué se está sonriendo y, tras cada motivo consciente, se esconde una reflexión.

Aquí va la mía:

Vas a envejecer.

Y, seguramente, llegará cierto momento en tu vida en el que aún conservarás suficientes capacidades psíquicas para darte cuenta de que ya no eres quien eras, de que todo a tu alrededor está cambiando y de que nadie te avisó ni a qué hora ni en qué momento los demás decidieron que dejabas de ser útil para la mayoría. Y lo peor será que, de eso, vas a darte cuenta.

Te darás cuenta cuando las canas se adueñen del color de tu pelo, cuando tu piel inspire más ternura que deseo, cuando no sepas decidirte sobre qué dolor quejarte y cuando tu habitación, parezca la nueva farmacia del barrio.

Sabrás que algo ha cambiado cuando quieras excitarte y no puedas, cuando duermas todas las horas nocturnas necesarias en horas de siesta y cuando la mayoría de las madrugadas suenes tú antes que el despertador.

Te darás cuenta cuando dejes de entender el comportamiento de los nuevos concursantes de los reallity-shows, cuando seas menos exigente ante los programas de televisión y cuando alguno de tus nuevos hobbies encaje en la lista de lo que un día creíste que ibas a rechazar toda tu vida.

Sabrás que algo en ti está cambiando cuando no comprendas de qué hablan los jóvenes “de hoy en día”, cuando expliques las memorias de tu vida y los demás sientan por esas palabras la misma fascinación y sorpresa que las que sienten con una película de ciencia ficción. Cuando, en lugar de cuidar de tus nietos, sean ellos los que te cuiden a ti.

Y, así, empezarán a amontonarse los días. Y, así, empezarás a dirigirte hacia una involución que volverá a limitarte las funciones para dejarte con las mismas que tenías cuando eras niño. Con la diferencia de que, antes, aún te quedaba una vida entera por vivir y, hoy, te queda una vida entera de recuerdos. Y eso, en el mejor de los casos, si es que los recuerdas.

Y es que vives para morir.

Vives para llevarte a la tumba lo mejor de la vida. Para aprovechar cada emoción que puedas sentir durante el camino. Y, sobre todo, vives para que aprendan de ti. Para que sepan cómo continuar sin tu presencia sólo con el hecho de recordarte. Vives para sentir melancolía al recordar un pasado que no pudo ser mejor. Para sufrir las pérdidas ajenas y cerciorarte, entonces, de que amaste.

Vives para disfrutar de cada oportunidad que te permita ser feliz. Para saltar, bailar, hacer el amor. Sí. Porque vives para hacer, mientras puedas hacerlo, todas aquellas cosas que después sólo podrás revivir en tus recuerdos. Y es que recordarás cada una de tus aventuras pasadas aun a riesgo de tener Alzheimer, ya que lo último que se pierde en esta enfermedad, es la memoria a largo plazo. Es decir, tus recuerdos más lejanos van a ser tu refugio aún a riesgo de padecer una demencia semejante.

Por lo tanto, vive tan apasionada y coherentemente la vida como puedas. Porque a pesar de que repitas las frases, de no recordar el nombre de tus nietos, de creer que tus hijos son tus padres, de haber olvidado cómo se sumaba, de pedir la merienda cinco minutos después de haberla comido, de no saber en qué mes estás, de creer estar en el año 1970, de no recordar el nombre de ciertas palabras… A pesar de todo esto –y de mucho más- mientras seas capaz de recordar cómo te llamas, aún serás capaz de recordar gran parte de la historia de tu vida.

Por eso, jovenzuelo, más te vale que, ahora mismo, estés construyendo un presente que valga la pena recordar.

Porque, en los recuerdos, es donde permanecerá tu identidad. Y es que, lo que hayas sido, te perseguirá hasta la última etapa de tu vida.

Tú decides qué tipo de recuerdos quieres tener mañana.


Y, amigo, todo depende de los momentos que construyas hoy.


Noemí Carnicero Sans

lunes, 3 de junio de 2013

TÚ. YO. NOSOTROS





Óscar Gómez Ibáñez / 39 años / Barcelona / Contable 

Motivación para escribir en "Tengo algo que contar": 
Comprobar si nuestra sociedad es capaz de articular una alternativa real.



TÚ. YO. NOSOTROS


Estás leyendo a un anónimo ciudadano. Uno de los que tiene la ‘suerte’ de tener un trabajo y un sueldo lo suficientemente digno como para poder permitirse un alquiler y el pago de cuatro facturas. Sí, aunque sólo sean cuatro… Orgulloso de la educación que he recibido y afortunado por poder vivir desde siempre en libertad. Optimista por vocación y donante de sonrisas. Aunque cada día cueste más regalarlas…

Has acertado. Otro más de la ‘clase media’. Esos que nos hemos convertido en un problema por, según algunos, vivir por encima de nuestras posibilidades. En mi caso, no me compré un piso, ni tampoco un coche, y mi cuenta bancaria no saldrá nunca en las noticias. Eso sí, mi paciencia sí queda ya muy por encima de mis posibilidades. ¿Qué tal va la tuya?.

Si ya estás harto de leer a un anónimo, ahora te hablaré de ti. De la gente de mi generación, más concretamente. La que me ha acompañado en mi viaje justo hasta este punto en el tiempo. La que veo y observo a mi alrededor. Todos esos que tenemos de 35 a 40 años. Algunos amigos, otros enemigos. Algunos conocidos, otros desconocidos. Muchos olvidados y muchos todavía por conocer. Todos personas, aunque unos más que otros. ¿Preparado?. Pues no te va a gustar…

Mi generación… Diría sin temor a equivocarme que estamos muy bien preparados. No es mi caso, pero la mayoría vamos cargados de carreras universitarias y masters mil. Hemos trabajado en pequeñas y medianas empresas, y también en multinacionales. Hemos crecido y vivido en un país en libertad, y lo valoramos. Hemos podido decidir nuestro futuro y lo hemos hecho, o al menos eso creíamos. Hemos podido ser nosotros mismos, tanto individual como colectivamente. Y hemos llegado juntos a este preciso momento. Creo que somos suficientemente conscientes de todo lo que está pasando, aquí y en el resto del planeta. Y mal que nos pese, lo hemos permitido todo. No hemos hecho nada. ¿Nada dices?. Yo digo que NADA.

Gracias al mirar hacia otro lado hemos permitido todo lo que ahora tanto criticamos y maldecimos… por Twitter. Cuán sencillo es rellenar esos pocos caracteres para dejar ir toda nuestra rabia, creyendo falsamente que así somos menos responsables de lo que está pasando. Mientras tanto, el mundo sigue girando y tú (sí, tú) estás dentro. ¿Te has dado cuenta?.

Si aún te queda alguno de los valores que nuestros padres tanto se esforzaron en enseñarnos, y que nosotros hemos dejado abandonados en un cajón, e incluso algunos los han olvidado definitivamente, te ha llegado la hora de decir basta. A ti y a mí. A nosotros. A todos. Porque tienes tan claro como yo que este ‘modelo’ en el que dicen que vivimos, a muchos niveles, no es viable. Ni justo. Y lo sabes. Y si sigues sin hacer nada serás cómplice. De hecho, lo eres ya. Lo somos. ¡Ah!, bueno, claro… no… siempre te podrás seguir quejando por Twitter, ¿verdad?.

No me considero ningún líder. Nunca lo he sido, ni lo pretendo. Pero entiendo que éste es el momento. No podemos esperar más. Podemos hacer que pase ahora, o dejar que no pase jamás. Yo no quiero haber pasado por esta vida siendo cómplice de todo esto. ¿Qué quieres hacer tú?.

Si realmente queremos cambiar las cosas, no nos servirán de mucho manifestaciones, ni quejas, ni reclamaciones, ni huelgas, ni ir a votar cada 4 años. Hay que implicarse. Hay que saber qué es lo que pasa en nuestros gobiernos. El de tu ciudad; el de la mía; el central, tanto de aquí como de allá. Tenemos que poder escoger a personas que realmente gestionen bien, y que dejen de aprovecharse de todo y de todos. Hemos de querer ser nosotros mismos los que estemos en los parlamentos. Sólo desde allí cambiaremos las cosas. Y nuestra generación está obligada a liderar. Nosotros somos el cambio.

Si crees que esto acaba aquí, al finalizar de leer este texto, te equivocas. Justo acaba de empezar. Todos podemos ser parte de NOSOTROS. Tú también. Porque tienes algo que necesitamos, que te hace único y que nadie puede hacer callar: tu opinión. Queremos verte, que nos hables, que te impliques, que nos ayudes. Aunque te hayan hecho creer lo contrario, sí tienes algo que aportar. Te queremos a ti. Os queremos a todos. Porque aquí no sobra nadie.

Lo podemos hacer. Tú y yo. NOSOTROS. Todos. Sin que nadie se quede atrás.

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NOSOTROS pretende ser una plataforma social de ciudadanos que propugne y consiga un cambio social real. No pretendemos ser un partido político, pero entraremos en el juego político porque sólo así lo podremos cambiar. Queremos gestionar las entidades públicas con sentido común y responsabilidad. Sin doctrinas ni dogmas políticos. Sin que haga falta ser de derechas o de izquierdas. Nos ha gobernado eso durante años, y ha quedado suficientemente demostrado que no funciona. Y que te han robado la democracia, también. ¿Vas a seguir de brazos cruzados, o nos ponemos a trabajar para solucionarlo?.
Hace mucho tiempo hubo gente que tuvo sueños, y aunque parecía imposible los convirtieron en realidades. Desde entonces nos olvidamos de soñar. Tú puedes cambiarlo. Y yo. Todos. NOSOTROS. Lo vamos a hacer. Y lo vamos a hacer ahora. ¿Soñamos?.



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