lunes, 15 de julio de 2013

PSICOPATOLOGÍA DEL AMOR





Anónimo / Estudiante de Psicología en la Universidad de Barcelona

Motivación para escribir en "Tengo algo que contar": 
Mi proximidad con la autora de este blog.


PSICO(PATO)LOGÍA DEL AMOR

Veréis, no voy a ser la primera persona que hable de locura y amor, pero sí que pretendo lanzar un alegato a favor de que en un momento determinado, en una situación determinada, todos nos hemos vuelto locos:

Sí, locos de amor.

Y si no que levante la mano quién no haya dicho nunca aquello de ‘estoy loco por tí’. O ‘me vas a volver loco/a’. Pues no señores, no son tópicos ni frivolidades, el amor puede volvernos majaretas, hacernos perder el sentido o, por lo menos, alejarnos del concepto de normalidad, psicopatológicamente hablando.

Para empezar, como la mayoría de trastornos mentales, conlleva un cambio a nivel cerebral, un cambio que no se vive en el corazón, como a muchos de los románticos aún les gustaría pensar, sino que se experimenta en el cerebro y nos deja, de forma acentuada, un patrón de conducta que se asemeja a la adicción.

La adicción, según la OMS, se entiende como una enfermedad física y psicoemocional, una dependencia o necesidad hacia una sustancia, actividad o relación causada por la satisfacción que ésta produce en la persona.

Tal vez tuvieran ya razón los músicos, escritores y el resto de artistas cuando hablaron del amor como una enfermedad. Y es que a partir del momento en que nos enamoramos, tan sólo existe una idea en nuestra mente: el objeto de nuestro amor (en este caso, la otra persona).

Esa idea domina nuestros sentidos, y así, experimentamos sensaciones como la falta de apetito, que más allá de la anorexia, forma parte de otros trastornos del estado de ánimo. O, por ejemplo, el sueño que nos quitan las muuuuuuchas horas que pasamos pensando en él o ella, que si no se explicaran en un contexto de enamoramiento, algún que otro psiquiatra nos recetaría una pastillita y nos diagnosticaría un trastorno del sueño.

Y aún podemos seguir, ¿qué me decís de la memoria? ¿Y de la pérdida de atención (que también podría ser un Trastorno por Déficit de Atención si nos ponemos a psiquiatrizar) que conlleva ese estado de conciencia alterado en el que parece que estemos más cerca de las nubes que del suelo?

Y hasta aquí sólo hemos hablado de los sentimientos propios de la primera fase, aquella en que ‘todo es de color de rosa’ (¡ojo!: alteración visuoperceptiva), aquella sensación de sentir mariposas en nuestro estómago (¿alucinación háptica? [creer que los insectos te recorren la piel, sin verlos]), aquella fase en que nuestro humor experimenta un cambio que nos deja cercanos a la fase maníaca del trastorno bipolar…

Pero… ¿Y qué pasa cuando el amor se va? ¿cuando debemos desenamorarnos? ¿cuando experimentamos el rechazo?

Porque tarde o temprano sucede, y no se trata de un proceso tan automático como lo es el de enamorarnos. Se trata de un momento de nuestra vida en que si el vínculo que nos unía a esa persona era lo suficientemente fuerte, van a tambalear las paredes que sostienen nuestra alma, vamos a perder el rumbo de nuestra vida y deberemos retirarnos por un tiempo.

Cuando amamos perdemos una parte de nuestra vida, se la entregamos a nuestro compañero para que haga con ella lo que más le apetezca y así, cuando se rompe una relación, sentimos que no existe dolor más profundo, el cual experimentamos en cada uno de los músculos de nuestro cuerpo: nos duelen partes que ni siquiera sabíamos que existían. Lloramos, y las noches duelen más que nunca.

Modificamos una buena parte de nuestro día a día para evitar cualquier estímulo que nos sumerja, si cabe aún más, en las profundidades de esa melancolía embriagadora que ya nos ha dejado sin respirar. Y, de repente, nos damos cuenta de que nuestra vida pasa sin que nosotros vivamos en ella: nos limitamos a sobrevivir y a mirar el calendario esperando a que pasen los días. Además, escuchamos a la gente decir, aunque no por ello les creemos, que no existe mejor medicina que el tiempo.

El tiempo duele, porque nos parece que no sólo no se llevará el dolor sino que va a quitarnos para siempre el recuerdo de alguien que pensábamos que se quedaría para siempre a nuestro lado. Se trata de un duelo complicado, porque debemos enterrar en el jardín de nuestra memoria a alguien que va a seguir vivo, a alguien que de manera consciente ha decidido renunciar a nosotros, a alguien que nos ha abandonado. Probablemente esa sea la peor parte, no la de renunciar a un presente si no la de enfrentarnos a un futuro otra vez incierto.

Tal vez esta serie de fenómenos psico(pato) lógicos nos ayude a entender por qué aún, a día de hoy, en pleno siglo XXI, la gente sigue muriendo por amor. Parece que aún prima aquello de ‘hasta que la muerte nos separe’ y el desamor es, junto con el trastorno mental en sí, una de las primeras causas de suicidio adolescente, (y no tan adolescente).

Tal vez también, tanta letra nos ayude a entender que debemos ser precavidos cuando hablamos de los ‘locos’, porque me atrevería a decir que la mayoría, sino todos, de los que leeréis este texto os habéis (nos hemos) enamorado alguna vez.

Porque hemos nacido programados para amar.

Porque a pesar del sufrimiento que nos produce el desamor, a pesar de volvernos a todos un poco locos, a pesar de pensar que vivimos en un mundo lleno de odio, ¡la especie humana se sigue enamorando a diario!

lunes, 8 de julio de 2013

TE ALQUILO


Ven aquí.

Pero sin detenerte. Despójate de tus dudas, que yo desnudaré tus miedos. Si me permites, voy a arrancarte a mordiscos todas esas cicatrices que han dañado tu espíritu. Besemos nuestras imaginaciones, toquemos nuestros deseos. Deja que mis labios le susurren a la intranquilidad que acecha cada uno de tus días, que mis ojos te conviertan en protagonista, que mis manos recojan todo el daño que te han hecho. 

Pero ven aquí.

Porque voy a recorrer cada esquina de tu cuerpo. Desde tu primer suspiro consciente cada amanecer hasta tu última respiración acelerada en la cama. Permíteme regalarte confianza. Pero así, sin intereses. No vaya a ser que continúes endeudándote más. Ya sé que por esos falsos impostores terminaste hipotecando tu alma. 

Esta vez, es diferente.

Quiero alquilar un espacio pequeñito. Y lo quiero hacer por horas. Sí. Quiero estar contigo durante los momentos más especiales del día. Ésos en los que te va a ser difícil olvidarme. Por eso, te compro por instantes a contrarreloj aquello que sientas cada mañana. Quiero ser el principal testigo desde el cojín de tu cama. Quiero formar parte de la elección del desayuno y también de la despedida que dediques a quien pueda echarte de menos antes de ir a trabajar. 

Además, me pido la noche.

Aunque muchos otros te prometan propina. Aunque muchos otros aseguren no necesitar pagar fianza porque no van a estropear nada. ¡Ay! ¿Cuántos estropearon lo más importante de ti? Por eso, no confíes de nuevo en ellos. Son malos tipos. Conmigo, será diferente.

Por eso, me pido la noche.

Sí. Me pido ese momento en el que vuelvas del trabajo, con verborrea, con mil historias que contar. Agotada, triste, enfadada, satisfecha. Me dará igual. Antes de alquilar los mejores momentos de tus días, me comprometí con la paciencia. Y yo, soy de aquellos que cumple sus promesas.

Me fascina.

Me fascina imaginarte en pijama, cocinando lo poco que sabes y demostrando lo mucho que eres. Tumbada en el sofá, viendo una y otra vez lo mismo. Y, que conste, que alquilo porque aún no me dejas comprar. Porque aún no te fías de mí.

Por último.

Por último alquilo el último momento del día. Aquel en el que te debatas entre las olas de la conciencia y el sueño. Aquel en el que dejes de ser tú y, sin embargo, seas más auténtica que nunca. 

Y no. No sólo quiero alquilar esos momentos, sino que quiero alquilarte a ti. Pero un alquiler de los que son para siempre. No me hace falta comprarte. Prefiero que experimentes la apasionada libertad que siempre has deseado sentir. 

Tampoco es necesario que tú me compres a mí. Estaré unos cuantos días en modo prueba. Podrás usarme, sin compromiso. Podrás comprobar cuánto valgo y si merezco lo que puedes pagar. Y, si te convenzo, podemos alquilarnos para siempre.

Y, tranquila. Te repito: no hace falta que me compres. No voy a hipotecarte de nuevo. No vaya a ser que, otra vez, te deshaucien de lo que más quieres: 

Tú misma.



Noemi Carnicero Sans

viernes, 5 de julio de 2013

SORTEO JULIO



¡YA ESTÁ AQUÍ EL PRIMER SORTEO DE LA SUBASTA DE MI VIDA!


LASUBASTADEMIVIDA te invita a participar en un sorteo en el que puedes ganar un libro en formato electrónico. Además, si resultas ganador, podrás escoger entre 3 de ellos:

-INFERNO, de Dan Brown
-ATADA A TI, de Sylvia Day

-EL MUNDO AMARILLO, de Albert Espinosa

Sólo debes cumplir 3 condiciones:

-Ser fan de la página de Fb de LASUBASTADEMIVIDA
-Compartir el enlace de este sorteo en tu muro
-Escribirme, en el cuestionario de participación, cuál es tu frase favorita del texto "la subasta de mi vida", que puedes encontrar en lasubastademivida.blogspot.com, sección "Textos".

Más sencillo, imposible.

Tienes hasta el 24 de Julio de 2013.

¿A qué estás esperando?

¡Tu próxima lectura veraniega está al caer!