sábado, 24 de agosto de 2013

LA VIDA: UN MILAGRO Y UN DON









Abel García Morell / 28 años / Terrassa (Barcelona) / Periodista

Motivación para escribir en "Tengo algo que contar": 
Sencillamente me apeteció. Es algo que pienso a menudo cuando veo documentales de ciencia e historia.

Tema del texto: La vida en general, la humanidad en particular y las personas en detalle.



LA VIDA: UN MILAGRO Y UN DON


Polvo de estrellas
“El cosmos está también dentro de nosotros. Estamos hechos de materia de estrellas. Somos para el cosmos una manera de conocerse a sí mismo.” (Carl Sagan)

La vida es un milagro. No lo digo con ninguna pretensión religiosa, sino admirado por lo mágico del cosmos y, en particular, de nuestra Tierra. Soy un gran entusiasta de los documentales y, cuantos más miro, más me maravillo del milagro de la vida en este mundo.

Nuestro pequeño planeta azul es, estadísticamente, un pedazo de roca insignificante perdido en la inmensidad del universo (sólo en nuestra galaxia se calcula que hay entre 200.000 y 400.000 millones de estrellas) y, sin embargo, si uno piensa en cómo ha llegado a ser lo que es a partir de un cúmulo de materia espacial, es para sentir vértigo.


La vida tal y como la conocemos sólo puede surgir en condiciones concretas y en la Tierra no solamente ha surgido, sino que ha dado lugar a una sorprendente diversidad de seres (una diversidad que tenemos la responsabilidad de proteger, por ser los únicos que podemos hacerlo), todos adaptados a su entorno de una forma natural que ni la mejor ingeniería genética conseguiría igualar, y muchos de los cuales han desarrollado inteligencia: ¿acaso no es eso un milagro? Y algo más sorprendente aún es el hecho de que cada uno de nosotros exista como individuo, como sujeto con pensamiento y con una visión propia del mundo; algo que damos por sentado pero que va mucho más allá de la mera vida en el sentido biológico.


Civilización


“El hombre teme al tiempo, pero el tiempo teme a las pirámides. Y qué son las pirámides sino obras del hombre… Realmente el tiempo teme también al hombre, porque el hombre con sus obras tiene el poder de superarlo.” (Del blog “Pensamientos, fantasías, magia y algo más”: http://noa-amatista123-lila.blogspot.com.es/2010/02/el-tiempo.html)


En este pequeño punto del universo, surge la civilización. Estamos acostumbrados a pasear por nuestras ciudades, conducir vehículos y disfrutar de la tecnología, pero no sé si nos damos cuenta muy a menudo de lo artificial que resulta todo esto. Desde la revolución neolítica, pero especialmente desde la revolución urbana, hemos avanzado por el camino del progreso tecnológico hasta llegar al punto donde estamos ahora. Un hipotético observador, en los tiempos en los que la vida no era más que microbios y algas, ¿habría apostado un solo céntimo a que algún día una especie de este planeta crearía ciudades o naves espaciales? Tal vez tampoco lo habría hecho en los tiempos en los que los primeros humanos caminaban por el mundo.


Sin ánimo de caer en el antropocentrismo, lo lejos que ha llegado nuestra especie es un milagro tan grande como el de la evolución en sí: sin limitarnos a sobrevivir y reproducirnos, hemos construido civilizaciones, desarrollado conceptos abstractos como la filosofía y la ética, descubierto la ciencia y ahora exploramos el cosmos en busca de otras formas de vida que hayan realizado semejante milagro.

El científico Carl Sagan dijo una vez: “A veces pienso que hay vida en otros planetas, y a veces pienso que no. En cualquiera de los dos casos la respuesta es asombrosa.” Y si a esto le sumamos la posibilidad de que otras especies hayan pasado por el mismo milagro evolutivo que nosotros, la respuesta es aún más asombrosa. 
  
Un breve lapso de tiempo

“Las flores se abren y luego se marchitan… Las estrellas brillan y luego se extinguen… Esta Tierra, el Sol, las galaxias, incluso el gran Universo, algún día también desaparecerán…


Comparado con eso, la vida de las personas no es más que un parpadeo… En ese breve lapso de tiempo, las personas nacen, sienten el amor y el odio, ríen y lloran, luchan y sufren, se alegran y se apenan… Todo en un breve lapso de tiempo…Hasta que la muerte las envuelve con su manto de reposo eterno.” (Shaka de Virgo, Saint Seiya-Los Caballeros del Zodíaco)

Pero una de las preguntas más importantes que deberíamos hacernos es: ¿qué hacemos nosotros con el don de la vida? 
 Nos hemos acostumbrado a llevar nuestras vidas en sociedades organizadas, siguiendo una trayectoria vital marcada por esta (estudiar una carrera, encontrar un trabajo, tener hijos, jubilarnos) y mirando con desconfianza o compasión al que osa desviarse de este camino. Sufrimos tristeza y ansiedad por cosas a menudo insignificantes si las comparamos con la preocupación de nuestros ancestros de subsistir y sobrevivir, y nos peleamos por cosas aún más insignificantes.

Y digo yo, ¿no deberíamos tener suficiente con el milagro que nos ha llevado a existir a cada uno de nosotros, como para hacer de la vida un camino de piedras? Alégrate de estar con vida y disfrútala, no tengas miedo de hacer algo que deseas (siempre que no sea algo malvado, claro está), porque una vez muerto ya nada importará, ni lo bueno ni lo malo. No dejes que te digan cómo deberías vivir, que es imprudente aparcar una vida organizada y emprender una aventura, que eres demasiado mayor para algo o que ya tienes una edad y deberías sentar la cabeza: porque sólo tendrás una vida para hacer aquello que quieres; a no ser que tengas ideas religiosas, pero eso ya es otro tema.

domingo, 11 de agosto de 2013

¿TIENES ARTE?

A veces, no existe otro modo de expresar lo que sentimos que a través del ARTE. 

Y no me refiero a expresárselo a los demás, sino a nosotros mismos. 

Como aquel pintor que necesita un lienzo que, como reflejo, pueda confesarle qué es aquello que está sintiendo y que sólo encuentra su forma de expresión a través de un dibujo. O el músico que necesita poner sonido a sus pensamientos para entenderlos mejor a partir de melodías. O aquel que sale a correr en busca de una reflexión en medio de su fatiga. O el que consigue, por ejemplo, comprenderse a sí mismo mediante la actividad que mejor sabe realizar. Y es que el arte, en estos casos, no es el medio que se utiliza, sino el resultado que se produce. Aquello que nos hace sentir al usarlo. 

Porque arte, es conseguir sentir a través de algo donde nosotros hemos puesto la voluntad. La voluntad de crear un sentimiento, emoción o reflexión. Y ese medio tanto puede ser una pandereta, un folio o una pelota. Porque aquí no depende del qué, sino del cómo y del para qué. 

No son más arte estas líneas que yo estoy escribiendo con la intención de transmitirte algo que la retórica que tú puedas utilizar con tus mejores amigos para hacerles sentir mejor en sus peores momentos. Porque arte es la capacidad que hay en cada uno de nosotros para destacar en algo. Una habilidad que se sitúe por encima de las demás, que consiga desbancarlas por la capacidad que ésta tiene de sorprender a unos y generar rechazo en otros. Por la capacidad que tiene de levantar las comisuras de los labios ajenos o, sin embargo, de humedecer los ojos de un público emocionado. 

Arte es el potencial que se esconde en la mejor de tus habilidades. Arte es crear, distinguirte, provocar. Porque el arte, es un medio de comunicación: ya sea contigo mismo, ya sea con los demás. Por eso, el arte no puede ser pasivo. El arte debe provocar algo. Y todos, absolutamente todos, tenemos arte para algo. 

La cuestión es: ¿tenemos tiempo? 
O, mejor: ¿le dedicamos tiempo? 

Dedica un tiempo de tu vida a descubrir cuál es tu arte. Empieza investigándote, conociéndote, poniéndote a prueba. Y, si aun así, todavía no has identificado cuál es, pregunta a aquellos que te quieren, aquellos que sabrán identificar rápidamente la mejor de tus facetas, la mejor de tus virtudes. Y, cuando la tengas localizada, continúa trabajándola, sácale partido, dale potencia. Conviértela en tu marca personal. En tu aliada, tu recurso en los mejores y peores momentos, tu vía de escape o tu pozo de placer. Pero, sobre todo, conviértela en el canal de comunicación más importante: el que te comunica contigo mismo, el que te lleva hasta ti. 

Siéntete y escúchate a través de él. Sé consciente de lo que tu cuerpo y mente te están pidiendo a cada momento. Hazte caso, no te ignores. Los sentidos en tu cuerpo existen, precisamente, para eso mismo: para que sientas. Y lo que percibes a través de tus sentidos, aquello que ves, oyes, hueles o saboreas, es lo que provoca que tú te emociones. 

Sin embargo, y lo sabes porque lo has vivido, hay emociones que requieren de una reflexión. Hay emociones tan complejas, tan difíciles o tan intensas de sentir que nuestro cuerpo sólo es capaz de aceptarlas cuando las comprende. Es decir, después de haberlas entendido, después de haberlas reflexionado. 

Te pondré un ejemplo: sin reflexión, sería como tratar de meter un elefante (emociones intensas) en la jaula (tu cuerpo, tu mente) de un pájaro (tú). 

Imposible. 
Si lo intentáramos, evidentemente la jaula se rompería. 
Pues lo mismo podría suceder con nosotros. 

Hay momentos en los que sentir tanto puede colapsarnos, dañarnos si no analizamos lo que sentimos. Necesitamos catarsis emocional, es decir, dejar fluir nuestras emociones y sentimientos como si de una cascada se tratase. Necesitamos tormentas en nuestra estabilidad para que, posteriormente, llegue la calma. Cuando estamos tristes, necesitamos llorar para transformar un poquito de ese sentimiento incorpóreo e invisible en algo físico y externo. Necesitamos hacerlo para que no se instaure la pena reprimida en el corazón. 

Igual que una madre necesita sufrir para traer consigo una vida. Igual que un niño necesita correr el riesgo de caer para aprender a andar solo, sin ayudas. Del mismo modo, exactamente del mismo, tú necesitas sentir correr el riesgo de sentir para poder ser tú mismo. Aunque sentir y dejar paso a lo que realmente tu alma experimenta conlleve el riesgo de dejar fluir emociones que preferirías ser capaz de controlar. 

Necesitas sentir para ser tú: para ser tú contigo y con los demás. 

Pero, y lo más importante es que, de nada servirá que sientas, si no reflexionas acerca de ello. Y, esta reflexión, muchas veces, se consigue a través de lo mejor que sabes hacer. 

Y es que uno reflexiona ante tareas que transmiten tranquilidad. Y nos comunicamos con lo que nos rodea de un modo saludable gracias a esas reflexiones. Gracias al tiempo que hemos invertido en comprender por qué somos como somos y por qué sentimos lo que sentimos. Y, a partir de este profundo entendimiento de lo que sucede en nuestro interior, somos capaces de establecer relaciones con nosotros y con los demás.

Encuentra tu arte, compréndete y, por último, provoca cambios a través de él.
Porque tu arte, será la puerta hacia lo mejor de ti.

¿Y tú, tienes arte?






Noemí Carnicero Sans.


sábado, 3 de agosto de 2013

HER-MIGO

Amigo.

Qué extraña palabra. Qué fría e inadecuada para todo aquello que en realidad supone. Qué inoportuna sobre los labios de quienes alardean tener más de los que su tiempo y corazón, en realidad, les permiten tener.

Es él, con quien puedes reír hasta la saciedad tras una rápida mirada cómplice que no necesita subtítulos ni palabras en un silencio que, para vosotros, ya es esclarecedor y comprensible. O es ella, con la que puedes quedarte sin palabras con la máxima comodidad que supone el conocimiento absoluto de ambos, sin la nerviosa necesidad de ocupar ese espacio para demostrar al otro lo que ya os demostrasteis hace tiempo.

Es él, quien sabe reconocer tus logros, alegrarte como si fueran los suyos y desearte con sinceridad el mayor de los éxitos en la vida. O es ella, quien te ayuda a conseguirlos, quien pone de su parte, aguantando tu peso en sus hombros, colocándote con su esfuerzo un poco más cerca del éxito sin importarle mantenerse debajo de ti, en segundo lugar y desde una posición que la vuelve un poco más invisible. Son ellos, quienes desean tu éxito tanto como el suyo.

Amigo.

El que no necesita llamada urgente, porque antes de que sea urgente, él se ha encargado de transmitirte tranquilidad para que sientas que todo es un poco más posible. Es tu amiga, la que en la peor de tus pesadillas transforma tus terrores en infiernos con recovecos de luz y esperanza. Son ellos, quienes te hacen llegar calma y tranquilidad cuando, quizás, no tienen ni para sí mismos.

Es tu amigo aquél en el que confías plenamente. Con el que tienes la sensación de poder ser tú, sin superficialidades. Aquel con quien no tienes reparos, con quien hace tiempo perdiste las vergüenzas, y con quien nunca has compartido un engaño. 

Por eso, propongo un cambio de términos:

Propongo que llames hermano al que hasta ahora llamabas amigo. Propongo que forme parte de tus principales prioridades, propongo que se sitúe en tu primera línea de vida. Porque a los amigos, a aquellos de verdad, no les hace falta tu sangre en sus venas para sentirse especialmente vinculados a ti. De hecho, y si lo han hecho bien, pueden superar con creces ese vínculo que hasta ahora ni si quiera alguno de tus familiares ha sido capaz de crear contigo. Y mira que, eso, es empezar la partida jugando con desventaja.

Y es que, si te fijas, la combinación perfecta para estos personajes sería Her-migo o, quizás, Am-mano. Porque como bien “migo” suscita, saben estar a tu lado, contigo, cuando realmente lo necesitas. Y como “mano” indica, siempre lo hacen echándote una mano o, como mínimo, intentándolo.

Dótales de la importancia que realmente tienen. No decepciones a un amigo. Una traición, una jugada a sus espaldas, un rasguño o una herida, son momentos imborrables para la memoria de la persona que ha confiado ciegamente en ti y en vuestra amistad. No juegues con el tesoro más preciado que alguien puede poner a tu disposición: su confianza. Porque, tras una decepción, para él NO continuarás significando lo mismo. Un amigo es mucho más delicado que un familiar, porque puede significar mucho más en tu vida que alguno de ellos.

Y es que un amigo, puede dejar de ser tu amigo al día siguiente, sin haber nada que os continúe uniendo más que un recuerdo y una decepción. A un familiar, aún continúa uniéndote la sangre y, por muy roja e intensa que ésta sea, nada habrá más intenso que el dolor de la pérdida de un hermano que se ganó ese término aún si haber compartido tu genealogía.



PD: Dedicado, evidentemente, a todos aquellos que os daréis por aludidos por vuestra capacidad de hacer de mi vida, un lugar mucho más feliz.

Noemí Carnicero Sans