domingo, 11 de agosto de 2013

¿TIENES ARTE?

A veces, no existe otro modo de expresar lo que sentimos que a través del ARTE. 

Y no me refiero a expresárselo a los demás, sino a nosotros mismos. 

Como aquel pintor que necesita un lienzo que, como reflejo, pueda confesarle qué es aquello que está sintiendo y que sólo encuentra su forma de expresión a través de un dibujo. O el músico que necesita poner sonido a sus pensamientos para entenderlos mejor a partir de melodías. O aquel que sale a correr en busca de una reflexión en medio de su fatiga. O el que consigue, por ejemplo, comprenderse a sí mismo mediante la actividad que mejor sabe realizar. Y es que el arte, en estos casos, no es el medio que se utiliza, sino el resultado que se produce. Aquello que nos hace sentir al usarlo. 

Porque arte, es conseguir sentir a través de algo donde nosotros hemos puesto la voluntad. La voluntad de crear un sentimiento, emoción o reflexión. Y ese medio tanto puede ser una pandereta, un folio o una pelota. Porque aquí no depende del qué, sino del cómo y del para qué. 

No son más arte estas líneas que yo estoy escribiendo con la intención de transmitirte algo que la retórica que tú puedas utilizar con tus mejores amigos para hacerles sentir mejor en sus peores momentos. Porque arte es la capacidad que hay en cada uno de nosotros para destacar en algo. Una habilidad que se sitúe por encima de las demás, que consiga desbancarlas por la capacidad que ésta tiene de sorprender a unos y generar rechazo en otros. Por la capacidad que tiene de levantar las comisuras de los labios ajenos o, sin embargo, de humedecer los ojos de un público emocionado. 

Arte es el potencial que se esconde en la mejor de tus habilidades. Arte es crear, distinguirte, provocar. Porque el arte, es un medio de comunicación: ya sea contigo mismo, ya sea con los demás. Por eso, el arte no puede ser pasivo. El arte debe provocar algo. Y todos, absolutamente todos, tenemos arte para algo. 

La cuestión es: ¿tenemos tiempo? 
O, mejor: ¿le dedicamos tiempo? 

Dedica un tiempo de tu vida a descubrir cuál es tu arte. Empieza investigándote, conociéndote, poniéndote a prueba. Y, si aun así, todavía no has identificado cuál es, pregunta a aquellos que te quieren, aquellos que sabrán identificar rápidamente la mejor de tus facetas, la mejor de tus virtudes. Y, cuando la tengas localizada, continúa trabajándola, sácale partido, dale potencia. Conviértela en tu marca personal. En tu aliada, tu recurso en los mejores y peores momentos, tu vía de escape o tu pozo de placer. Pero, sobre todo, conviértela en el canal de comunicación más importante: el que te comunica contigo mismo, el que te lleva hasta ti. 

Siéntete y escúchate a través de él. Sé consciente de lo que tu cuerpo y mente te están pidiendo a cada momento. Hazte caso, no te ignores. Los sentidos en tu cuerpo existen, precisamente, para eso mismo: para que sientas. Y lo que percibes a través de tus sentidos, aquello que ves, oyes, hueles o saboreas, es lo que provoca que tú te emociones. 

Sin embargo, y lo sabes porque lo has vivido, hay emociones que requieren de una reflexión. Hay emociones tan complejas, tan difíciles o tan intensas de sentir que nuestro cuerpo sólo es capaz de aceptarlas cuando las comprende. Es decir, después de haberlas entendido, después de haberlas reflexionado. 

Te pondré un ejemplo: sin reflexión, sería como tratar de meter un elefante (emociones intensas) en la jaula (tu cuerpo, tu mente) de un pájaro (tú). 

Imposible. 
Si lo intentáramos, evidentemente la jaula se rompería. 
Pues lo mismo podría suceder con nosotros. 

Hay momentos en los que sentir tanto puede colapsarnos, dañarnos si no analizamos lo que sentimos. Necesitamos catarsis emocional, es decir, dejar fluir nuestras emociones y sentimientos como si de una cascada se tratase. Necesitamos tormentas en nuestra estabilidad para que, posteriormente, llegue la calma. Cuando estamos tristes, necesitamos llorar para transformar un poquito de ese sentimiento incorpóreo e invisible en algo físico y externo. Necesitamos hacerlo para que no se instaure la pena reprimida en el corazón. 

Igual que una madre necesita sufrir para traer consigo una vida. Igual que un niño necesita correr el riesgo de caer para aprender a andar solo, sin ayudas. Del mismo modo, exactamente del mismo, tú necesitas sentir correr el riesgo de sentir para poder ser tú mismo. Aunque sentir y dejar paso a lo que realmente tu alma experimenta conlleve el riesgo de dejar fluir emociones que preferirías ser capaz de controlar. 

Necesitas sentir para ser tú: para ser tú contigo y con los demás. 

Pero, y lo más importante es que, de nada servirá que sientas, si no reflexionas acerca de ello. Y, esta reflexión, muchas veces, se consigue a través de lo mejor que sabes hacer. 

Y es que uno reflexiona ante tareas que transmiten tranquilidad. Y nos comunicamos con lo que nos rodea de un modo saludable gracias a esas reflexiones. Gracias al tiempo que hemos invertido en comprender por qué somos como somos y por qué sentimos lo que sentimos. Y, a partir de este profundo entendimiento de lo que sucede en nuestro interior, somos capaces de establecer relaciones con nosotros y con los demás.

Encuentra tu arte, compréndete y, por último, provoca cambios a través de él.
Porque tu arte, será la puerta hacia lo mejor de ti.

¿Y tú, tienes arte?






Noemí Carnicero Sans.


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