martes, 22 de octubre de 2013

¿QUÉ VIDA ELIGES?



Aisha Martínez / 23 años / Barcelona / Psicóloga

Motivación para escribir en "Tengo algo que contar": 
Soy una persona muy optimista, con una visión de la vida que se sale de "la norma", con una actitud entusiasta, y muuuy feliz....Y en estos tiempo que corren -donde escucho tantas quejas, tantos lamentos- me encanta compartir mi visión, en la cual no hace falta cambiar nada, más que uno mismo para ser feliz.

Tema sobre el que trata el texto:
Cómo ser feliz sin pretender cambiar nada del mundo que te rodea 


¿QUÉ VIDA ELIGES?

“La vida es como nosotros queramos que sea, reflejamos en ella lo que somos por dentro. Si queremos empezar a ver las cosas de un modo distinto, debemos empezar a SER de un modo distinto”

Y es que ahí está la clave. La vida es simplemente un espejo que refleja lo que nosotros somos. Es muy fácil pensar que lo que nos sucede es porque aquel lo hizo mal, porque el otro es una mala persona, o porque la vida es dura… Aunque a la vez debe ser muy triste pensar así… ¿Dónde queda nuestra esperanza si creemos que nuestra felicidad depende de los demás, o de “la vida”?

Hoy te traigo una buena noticia: TU FELICIDAD DEPENDE SÓLO DE TI. TÚ ELIGES TU VIDA.

¿Te has parado a pensar que hay personas que buscan trabajo y lo encuentran en menos de una semana, y personas que pasan años sin ni siquiera olerlo? ¿Te has fijado que hay personas que llevan años felizmente con una pareja y personas que sólo caen en manos de maltratadores/as?  Y ¿no te has dado cuenta que hay personas que todo les sale redondo y tienen una economía espectacular, y otras, sin embargo, que no levantan cabeza ni aún trabajando 20 horas al día?, o ¿nunca os habéis percatado que hay personas que gozan de una salud excelente y otras, sin embargo, siempre tienen problemas de salud, siempre están de médico en médico y nunca están sanas? Y lo más interesante, ¿no te has fijado que hay personas que se sienten desdichadas teniéndolo todo (aparentemente), y otras, sin embargo, se sienten inmensamente felices sin tener apenas para comer, con una pierna menos, viviendo en una choza, ….y lo más catastrófico que te puedas imaginar?

Por lo tanto,

“No encuentro trabajo porque hay crisis”

La crisis sólo está en cada uno de nosotros, si hay crisis en España es porque cada uno de los habitantes de España cree con todas sus fuerzas que hay crisis. Si pudiéramos introducirnos con un ordenador en las mentes de cada una de las personas y borrar el programa de “crisis económica”, directamente, no habría crisis. Porque todo lo que existe, es porque antes alguien lo pensó, si no existe en tu mente, ¡no puede existir en la realidad! ¿Te lo crees? Pues empieza a pensar distinto, empieza a buscar trabajo “sabiendo” (no creyendo) que lo encontrarás, y te aseguro que lo encontrarás, lo sé, porque para ti, no existirá la crisis, entonces… ¿Por qué razón no ibas a encontrarlo?... ¿Crisis? ¿Qué es eso? (consejo: es mejor no ver las noticias, no os imagináis hasta que punto nos manipulan).

“La vida me ha echado un mal de ojo, por eso no encuentro pareja/la pareja ideal”

¿De verdad deseas tener a alguien al lado para el resto de tu vida? ¿Alguien que te haga sentir amado/a? Empieza a investigar en tu interior, ¿por qué solo atraes a personas que te hacen daño? O ¿Por qué no encuentras a nadie con quien compartir tu vida? Yo no sé la respuesta, pero lo que sí sé es que esa respuesta está en ti, y si quieres que esto cambie, vas a tener que trabajar contigo mismo/a.

“Estoy enferma porque viene en mis genes o porque un virus me invadió”

Conocéis lo que es un “embarazo psicológico”, la mujer que cree estar embarazada presenta amenorrea (desaparece la menstruación), aumenta el volumen abdominal, aparece secreción de leche en las glándulas mamarias, sensación de movimientos fetales, náuseas y vómitos…sin embargo, realmente no está embarazada. ¿Os dais cuenta hasta que punto nuestra mente y nuestras emociones pueden influir en nuestro cuerpo? Por lo tanto, toda enfermedad, todo dolor, toda molestia…tiene un origen en nosotros mismos, nuestras emociones, nuestra psique… El cuerpo sólo expresa lo que no está bien en nosotros, si deseamos sanarnos, deberemos mirar dentro de nosotros. Claro que hay genes que predisponen, pero de ti depende que lleguen a “activarse” o no, claro que existen los virus, pero de ti depende que tu sistema inmunitario esté fuerte o no.

E igual que estas afirmaciones, hay otras muchas que se escuchan y que sólo pretenden dejar fuera nuestra responsabilidad. Os animo a desechar esto, a empezar a responsabilizarnos de nuestra vida, porque toda responsabilidad trae consigo un esfuerzo, pero también una recompensa.

Te animo a que cojas un papel en blanco y un bolígrafo, y hagas una lista de todas aquellas cosas que crees que no te están permitiendo sentirte plenamente feliz, y empieza a tomar las riendas en cada una de ellas, y fíjate bien en no estar cayendo de nuevo en el error de dejar la responsabilidad a otros.

Por otro lado, numerosos estudios han demostrado que ser optimista te dota de una mejor salud, y mayor felicidad. Recientemente, además, se ha visto que si eres una persona amable y agradecida con los demás, esta salud y felicidad se multiplican. Y ¿por qué no?, podríamos empezar a andar el camino hacia la felicidad con este pequeño cambio, procurando ser personas optimistas, amables y agradecidos con los de nuestro alrededor. Relacionado con esto, puse en marcha un proyecto en el cuál os animo a participar a todos aquellos que esteis leyendo esto. Podéis ver toda la información en esta web:

La elección de tu vida, es sólo tuya.

¿Qué vida eliges?

jueves, 10 de octubre de 2013

GRACIAS



Hoy voy a empezar confesándote que no existe ningún buen comienzo para este texto. Porque hoy, a pesar de la felicidad latente que me impulsa constantemente a levantar esas comisuras que tantas veces me has besado, estoy melancólica. 


Hoy he saludado a Melancolía, que ha pasado a visitarme. Hoy ha decidido que había pasado demasiado tiempo y que teníamos que poner algunos asuntos al día. Hoy, esta amiga, ha llamado a las puertas de mi conciencia y me ha regañado por haberla tenido castigada tantos días. Nos hemos tomado el té de las emociones reprimidas. Sí, un té demasiado caliente. Un té que me ha quemado el corazón. Pero qué bien me ha ido esa visita, qué bien me ha sentado ese trago de lucidez y sinceridad. Mi amiga Melancolía ha venido a recordarme lo mucho que te quiero. Y, después de ese titular, he comenzado yo a escribir el resto de noticia. Verás:


Me perdería por las capitales de tu cuerpo cada mañana, y sé que encontraría las 7 maravillas en ti todas las noches. No hay premio más Gordo que poder despertar contigo entre las sábanas de tu cama, ni mayor tranquilidad que perder la cordura soñándote mientras duermes a mi lado. Porque, cariño, consigues que pierda el sentido de la realidad y, al mismo tiempo, que encuentre la esencia de las cosas importantes cuando me bajo en la misma parada de tren que tú: la que nos conduce hacia nuestra vida en común.


Eres la palabra que no encuentro, el sentimiento que no existe y la emoción que nunca había sentido. Eres las caricias que no me han dado y los besos que sólo se prueban en tus labios. Eres el proyecto que nunca tuve, y el sueño que no me robaron. Eres tú, y por ser tú, todo ha sido diferente.


De hecho, hoy Melancolía me ha dicho que tranquila. Que sólo me va a arrancar unos cuantos suspiros cada vez que te vayas y que las lágrimas, aunque amargas, nos van a saber muy dulces. También ha hablado con Distancia, su mejor amiga, y le ha informado de nuestra situación. Se ve que han estado conversando durante el café, esta mañana, y que Melancolía ha convencido a Distancia para que, por favor, no nos lo ponga más difícil. Ya las conoces. Son dos amigas que se conocen desde hace demasiado tiempo, no las podemos separar. Es demasiado pronto para que se vayan de nuestras vidas. 


Ya sé que Distancia, a veces, es necesaria. No le reprocho nada. Me hace crecer. Y sé que Melancolía tiene buen fondo. Aparece cuando menos quiero que lo haga pero, a pesar de ser tan inoportuna, tiene la bondad de hacerlo para recordarme por qué he sido tan feliz. 


Por eso, cariño, te quiero. Porque sabes convivir con ellas tan bien como sé hacerlo yo. Y es que eres el complemento perfecto para ponerme y salir triunfante por la fiesta de la vida. Porque eres todas aquellas expresiones que hablan de encajar, y porque representas todas aquellas ideas que los estudiantes intentan descifrar entre los versos de Bécquer. Sin embargo, contigo, es imposible leer entre líneas. Porque no hace falta. La transparencia que me brindas es la octava maravilla que descubro en ti cada día de mi vida. Gracias.

Te has dado cuenta, ¿verdad? Me permites volar y, a lo alto, puedo verlo todo más claro. Me regalas las alas  y me desmontas las cadenas. Me preparas los trampolines pero también las colchonetas rellenas de “por si acasos”. Sí, esos “por si acasos” con los que también rellenamos las maletas. Y, concretamente, hablando de maletas, ya la tengo terminada.


Tengo la maleta del sábado preparada. En ella, me llevo sueños, ilusiones, proyectos, nervios, incertidumbre, ganas, iniciativa pero, por encima de todo, mucho amor. Me permites rellenar todas las maletas de mi vida con toda la confianza que tu corazón y tu mente me transmiten a cada paso que doy. Me permites viajar con maletas que pesan el doble de lo establecido y consigues convencer a las azafatas de Ryanair de que ese peso de más es imprescindible para esos viajes. Porque sin amor, les dices, yo no sería quien soy. Y claro, tú no quieres que me cambien, ni las personas, ni las circunstancias. 


Consigues convencerme, sin hacerlo, de que no hay mejor lugar en este mundo que a tu lado, ni vida más real y satisfactoria que la que tiene que ver con un proyecto común. 


Gracias. Por las alas, la confianza, el amor y la paciencia con la que me quieres.


Consigues que sienta que tú eres la elección más acertada de mi vida. 



 Noemí Carnicero Sans

martes, 1 de octubre de 2013

ERES MI ABUELO

                                                                                 
Y eres irrepetible.

Porque formas parte de aquella definición con la que cualquier persona con suerte e infancia puede exhalar un suspiro. Porque la he tenido. Porque he tenido la suerte de conocerte. La suerte de coincidir contigo, de disfrutar de ti y de la grandeza que se ha escondido en la sabiduría de tus palabras, en el cariño de tus caricias.

Y es que, a veces, incluso has sido más padre que mis padres, más hermano que cualquier hermano y más amigo que el mejor de ellos. Porque tú, con la experiencia de los años a tus espaldas, has vivido como quien se da cuenta de lo imprescindible de la vida, como quien se ha percatado de que no hay mayor razón de ser en el mundo que la de estar  aquí para sentir las mejores emociones del alma.

Porque me has querido incondicionalmente, con todo el orgullo que te ha permitido sentir tu corazón. Pero no me refiero a ese orgullo que actúa como colesterol, taponando las arterias e incapacitando el corazón. No, no. Me refiero a ese orgullo que has sentido por mí, a ése que te ha llenado la boca de halagos en tantas ocasiones y te ha empapado las mejillas de lágrimas en tantas otras. A ése orgullo es al que me refiero, al que pocas personas son capaces de sentir de corazón. Al orgullo de un abuelo.

Eres tú. Y como tú no hay dos, ni tres, ni cincuenta. Ni si quiera eres la categoría gramatical en la que cualquier otro padre de padre pueda sentirse identificado. No señor. Y tampoco entras dentro de la definición de “abuelo” de Wikipedia. Me niego a que entres en cualquier categoría o definición en la que otros puedan compartir espacio contigo. Porque tú eres tú: único, inmejorable e irrepetible. Y es que cuántos padres de padres habrá. Pero cuántos pocos abuelos como tú.

Y cuántas veces me has cuidado. Y no me refiero al cuidado que puede ofrecerte cualquier otra persona que sepa sostener una cuchara, cambiar un pañal y cantar una nana. No. Me refiero al cuidado “con cuidado”. A la atención que una persona es capaz de dedicarle a otra con la disponibilidad de todos sus sentidos. Me refiero al cuidado de quien de día te ama con todas sus fuerzas, y de noche sueña con que tus sueños se cumplan. Al cuidado que no entiende la palabra sin el “dado” final. Porque lo has “dado”. Lo has “dado” todo para que yo, a día de hoy, sea como soy, como querías que fuera, como querías que yo quisiera ser.

Y no hay palabras. No existen. No puedo encontrar los sustantivos, adjetivos o verbos perfectos que puedan llegar a describir lo que has significado para mí. Y perdóname. Perdóname por encajar en el papel de nieta, aunque tú no pudieras definirte como el resto de abuelos. Perdóname por ser la “típica” hija de hija de padre. Perdóname por no ser excepcional contigo, por no haber sabido agradecerte todos los detalles que deberían haberme hecho estremecer el alma en cada momento en el que se produjeron. Perdóname por apreciar las cosas con retraso, por duplicarles el valor después de haber sucedido, por acordarme de ellas ahora y empapar este papel a deshora, mientras mis ojos se cierran y mi imaginación te recuerda.

Quiero volver a esos momentos. En los que me preparabas todas aquellas cenas que no entraban en mi dieta, con todos aquellos ingredientes que escogías de forma tan especial. O a esos otros, en los que cenando os preguntaba sobre vuestras vidas, vuestros recuerdos, indagando en ellos cual entrevistadora del corazón. Quiero volver. Volver a sorprenderme con vuestros comentarios inesperados y repentinamente ingeniosos, con esos consejos salpicados por una época distinta y esos otros actualizados a golpe de programas y realities de televisión.

Quiero volver.

Pero volver a darte las gracias. A daros las gracias. Y es que esto va por los dos. Porque eres mi abuelo, y también eres mi abuela. A cada cual más único y especial. Quiero volver a daros un beso y a salir por la puerta diciéndoos que “no os quiero” como señal de lo mucho que realmente lo hago.

Quiero volver a sentirme “la típica” nieta.

Y es que, aún siéndolo, ya no soy tan típica por el hecho de haber tenido unos abuelos tan únicos como vosotros.


Pero más que gracias a vosotros, gracias a la suerte: por haberos puesto en mi camino.



Noemí Carnicero Sans.