viernes, 29 de noviembre de 2013

LA VIDA: ESO QUE EN OCASIONES NO NOS DEJA VIVIR




Toni Riveras Perez / 41 años     
Lic. en Educación física - Profesor de Pádel - Coach (personal, ejecutivo y empresarial)

LA VIDA: ESO QUE EN OCASIONES NO NOS DEJA VIVIR

Me encanta dar clases de pádel. Ahora mismo es mi profesión y pese a ser muy duro haber empezado más tarde y de cero, me encanta por dos motivos principales: porque este deporte me apasiona y porque me permite conocer gente, charlar con ellos y aprender juntos (ellos de mí, y yo de ellos).

Esta semana charlaba con una alumna antes de clase mientras esperábamos al resto del grupo.
Es una alumna que el año pasado ya trabajó algo conmigo, pero sin mucha continuidad.
Este año depositó en mí de nuevo su confianza para hacer clases y creo que he conseguido “engancharla” más (lo admito, yo no soy el mismo profe que hace un año).

Pues bien, Gemma es una persona extremadamente exigente con las cosas y creo no equivocarme si digo que con ella misma también.
Yo podía ver a Gemma cómo se tensaba tanto y cómo entre punto y punto tenía que estirar su espalda que quedaba completamente agarrotada de la tensión.
Yo le decía: ¡Gemma! ¡Tranquila! Y ella me respondía: ¡Es que no puedo! Si me relajo fallaré seguro.
Lo que iba a suceder era claro: Gemma iba a fallar por un exceso de tensión. Iba a fallar el 85% de las bolas que técnicamente, era perfectamente capaz de devolver. Pero pensar en el fallo, ya le predisponía a fallar.  

Para mucha gente, hay dos cosas que gobiernan todo lo que hacen o emprenden: los resultados, y  “el éxito” (o lo que creen que es, ya que muchos lo asocian al reconocimiento de los demás…)

Voy a poner un ejemplo:
Yo me apunto a clases de pádel y mi objetivo supremo es el de aprender a jugar muy bien a este deporte.
Pues bien, lo primero que debo hacer es preguntarme “¿para qué?”.
Seguramente el 95% de las personas preguntadas responderían: porque me divierto mucho jugando.
Y no os voy a engañar, ¡es muy divertido!
Pero, ¿de verás me puede gustar algo que es capaz de crearme contracturas que me pueden llegar a durar toda una semana de los nervios que paso? 
Yo creo que no… Creo que por lo que sea, en ese momento hemos perdido el rumbo de nuestro objetivo supremo, y lo que es peor: corremos el riesgo de que lo que nos apasionaba deje de hacerlo, simplemente por errar en nuestro planteamiento.

¡Y así es la vida! Cuando le preguntamos a alguien: “¿A ti qué te gustaría conseguir en la vida?” si es de la mayoría vulgar te responderá “ser rico”, si es de la minoría interesante te responderá “ser feliz”.
Personalmente creo que ni el “vulgar” ni el “interesante” aciertan en sus afirmaciones… Pensaréis: ¡todas las respuestas son correctas si son las de uno mismo! ¡Hay que respetar todas las opiniones! 

Tenéis razón… Pero no me malinterpretéis. 
Respeto todas las pretensiones de la gente, respeto todos los sueños… Pero yo creo que si de verdad quieres lograrlos sólo hay una respuesta correcta a la pregunta que antes formulábamos: “hacer todo lo posible por ser rico” o “hacer todo lo posible por ser feliz”.

¿Alguien ha visto alguna vez algún kilómetro que no se componga de metros?
Pues los caminos se completan recorriendo metros. 
Metros que suman kilómetros. 
Kilómetros que forman caminos…
Nuestra vida es “caminar” hacia nuestros objetivos supremos: ese trabajo fabuloso, ese deporte que me apasiona, esa familia que quiero formar o que tengo y quiero disfrutar… Cada uno tiene su camino; y la auténtica felicidad (para mi éxito) consiste en simplemente disfrutar de cada paso.
No puedo dejar que nada me “contracture” sólo por el hecho de pensar si lo haré bien o mal.
No puedo dejar que nada frene mis pasos sólo por el miedo al fracaso.
No puedo dejar que mi ilusión decaiga simplemente porque otros dicen que ese camino está “impracticable”.

Míralo así: si disfrutas de cada paso, si disfrutas del camino, hasta agradecerás que éste sea largo.
Pensando en la vida en general, nos olvidamos de vivir.
Y vivir es completar nuestra vida con acciones, sentimientos, sensaciones, emociones…

Vivir es conectarse con el suelo que pisas, y el momento en el que lo estás pisando. Es el “ahora”, es el “aquí”.
Y es falso que nuestra vida la compone nuestro pasado, porque hasta él se construyo de momentos “presentes”.
Para mi lograr el éxito no es más que ser libre. Poder disfrutar cada instante conectado con un presente, que será el que construirá un futuro que no parará de conducirme a nuevos “presentes”.

Yo, como profesor no podía complacer a Gemma… Ella quería jugar bien al pádel YA. Y cada vez que se daba cuenta de que todavía no había llegado ese momento, lo pasaba mal, y lo que es peor: todavía retrasaba más que ese momento pudiera llegar porque entorpecía su aprendizaje.
No podía ayudarla a que aprendiera todo en tan poco tiempo, pero podía hacer algo mejor… Podía hacer que recordara su “propósito supremo” en el mundo del pádel (que por cierto es el que nos hacemos todos al empezar, y que cuando comenzamos a jugar un poco bien se nos olvida: “yo sólo quiero divertirme”…)

He rodeado a Gemma de un grupo, le he quitado presión a todas y cada una de sus acciones, le he corregido sus gestos pero nunca sus resultados y le he animado a que celebre cada una de sus acciones correctas y enfoque su atención en lo que hace bien y no en lo que hace mal.

Ahora Gemma ríe en las clases… Y tiene una bonita sonrisa que hasta ahora no había podido apreciar.
Ella cree que ahora ríe porque le salen las cosas… Y yo quiero que entienda que le salen porque ríe.

Si quieren felicidad, rían. Si quieren una vida, vivan. Sin más…

martes, 26 de noviembre de 2013

FUISTE

Hola.

Pasaba por aquí como paso casi cada día, desde que por suerte he encontrado por fin una rutina que no sólo estabiliza mis días, sino también mi cabeza. Y lo curioso es que, aunque no me conoces, yo ya me he inventado unas cuantas vidas para ti.

Coincidimos en la esquina de la vida que más te duele y, sin embargo, en la más reconfortante para mí. Nos parecemos en la cantidad de bostezos que intercambiamos cada mañana, y en lo cansados que estamos cada noche. Y mientras yo subo la calefacción de mi casa al llegar, bajan los grados en esos pocos metros cuadrados en los que duermes desde hace unos meses.

No, ya he dicho que no te conozco. Pero me sé de memoria la expresión que se adueña de tus ojos cada vez que pides lo que tantas veces diste a otros. Me sé de memoria la resignación con la que te arropas con esos cuatro cartones que encontraste en el lugar donde la gente se deshace de lo que se les ha vuelto inútil. Todo aquello que, en realidad, a ti tanto te falta. 

Y es que vas coleccionando las sobras de otros. Ya no recuerdas cuál fue la última vez que tuviste la oportunidad de ser el primero en desenvolver algo. El primero en desvirgar cualquier novedad.  Porque tú ya eres experto en lo vintage, en lo hortera y en lo pasado de moda.  Tú no entiendes de mercadillos de segunda mano, tú entiendes de mercadillos de última mano. Sin embargo, en este tipo de mercadillos, las manos no están.

Porque son manos huidizas, manos de gente que se las esconde en el bolsillo mientras huyen corriendo subidos en zapatitos de tazón o de “chúpame la punta”. Ojos cerrados para no ver, para no coincidir, para no empatizar con realidades como la tuya. Y es que duele. Duele pensar por qué tú, por qué aquí, cómo. Aterra preguntarse si tú eres como yo o como cualquier otro que se cruza en tu camino durante el día. Asusta reflexionar acerca de tu posible pasado, porque da miedo descubrir que quizás pueda ser como cualquiera de nuestros presentes.

Tu realidad nos escuece los ojos y el corazón. Por eso, a veces no nos miramos. Pero perdónanos, perdóname. Porque durante el día, mientras unos excusan el no ofrecerte su ayuda con argumentos relacionados con las mentiras que llevas a cabo para recaudar más dinero o con lo peligroso que puede ser acercarse a ti por lo trastornado que puedas llegar a estar, lo cierto es que tu vida no vale ni la mejor de tus mentiras como para poder levantarte al día siguiente con la mínima esperanza de que, algún día, recuperarás las ganas de vivir.

Pero qué le vamos a hacer. Si hemos crecido en la sociedad del consumo. En una sociedad individualista y competitiva en la que, cuantos más tengamos debajo, mejor. Tú representas uno de todos aquellos que no podrá quitarle el pan al que, en realidad, le sobra harina. No vayamos a darle ni un gramo de ésta, no vaya a ser que en lugar de comérsela, se la meta por la nariz.

Y así funcionamos. Y a ti mientras tanto, y sea por el motivo que sea, se te nubla la cabeza de forma intermitente. Y comienzas a vivir de tus alucinaciones, pues al menos en ellas, estás acompañado. El trastorno que otros ven en ti, es en realidad tu mecanismo de defensa para sobrevivir en una vida que ya no merece ni llamarse así.   

Quién te iba a decir que ibas a acabar aquí, reposando la cabeza  donde tantos han pisado. Con el alma silenciada y los oídos aturdidos por culpa de una sociedad que sabe perfectamente cómo continuar sin ti. Por culpa del sonido de la calderilla que casi a media voz, y sintiéndose culpable, parece decir “lo que no se ve, no se siente”, como si por no ver las monedas, el dinero no existiese. Cuando en realidad la diferencia de que sobrevivas hoy o mueras mañana, son un montón de monedas.

Y te preguntas si vales lo que tienes. Te preguntas si nosotros tenemos más derecho a sobrevivir que tú. Te preguntas cuándo una moneda se convirtió en el arma de fuego más potente y más sutil. Te preguntas cuándo aprendió a ser tan disimulada, a pasar desapercibida. Te preguntas por qué tu fracaso personal merece soportar esta situación, y no entiendes por qué al no conseguir los triunfos que ellos esperan de ti, hoy tienes que dormir aquí.  

Y yo me pregunto cómo lo aguantas. Me pregunto qué se te pasa por la cabeza antes de irte a dormir y cuando tus párpados muestran tus pupilas cada mañana. Me pregunto por quién suspiras cuando piensas en amor, o por quién sientes rabia cuando estás a punto de llorar. Me pregunto qué has vivido y con quién y, sobre todo, si fuiste feliz antes de llegar hasta ese momento de tu vida.

Y ya no sólo me pregunto, sino que espero.

Espero que, a pesar de las condiciones inhumanas a las que la humanidad te ha abocado, seas capaz de volver a sonreír con toda la felicidad que la amplitud de tus comisuras te permita. Que vuelvas a sentir la calidez de la solidaridad de las personas y el calor de un sofá en el que alguien se haya sentado antes que tú. Espero que vuelvas a tener compañía, un refugio al que huir pero al que llamar hogar y un plato caliente que alguien haya preparado especialmente para ti.  

Espero, sobre todo, que vuelvas a mirar hacia atrás y recuerdes esta época de tu vida como la que un día superaste, y que sepas verte a ti como el héroe que consiguió la mayor victoria de todas: la de sobrevivir a la soledad que supuso estar rodeado de quienes no te ayudaron. 



Noemí Carnicero Sans.

lunes, 25 de noviembre de 2013

SORTEO DE NAVIDAD


MAÑANA SALE A LA VENTA EL NUEVO LIBRO DE RISTO MEJIDE "NO BUSQUES TRABAJO".  

¿QUIERES SER EL PRIMERO EN TENERLO?   

DESDE HOY, 25 DE NOVIEMBRE HASTA EL 25 DE DICIEMBRE, TENÉIS LA POSIBILIDAD DE PARTICIPAR EN ESTE SORTEO Y LLEVAROS EL REGALO DE NAVIDAD DE LASUBASTADEMIVIDA.


Para participar, entrad en el siguiente enlace:

Este sorteo tiene lugar en la plataforma de Facebook, así que tendréis que entrar desde vuestras propias cuentas para poder participar en él, ya que la aplicación del sorteo funciona desde allí.

El 25 de diciembre publicaremos el nombre del ganador.

SUERTE A TODOS.


lunes, 18 de noviembre de 2013

MI HERMANO

Qué difícil es empezar a escribir cuando tienes tantas cosas que decir y tan poca experiencia llevándolo a la práctica con la persona a la que va dirigido este texto. De hecho, he intentado empezarlo unas 5 veces. Ya ves, a mí, a la que parece que siempre le fluyen las palabras, cuando lo que me fluye en realidad es la vergüenza.

Hermano.

Qué palabra tan familiar pero qué significado tan distinto para cada uno de nosotros. Algunos llaman “hermano” a sus mejores amigos, otros conviven con sus consanguíneos sin recordar ni si quiera el color de ojos que éstos tienen, y otros no los tienen porque nunca nadie leyó esa carta a los Reyes Magos en los que año tras año pedían un hermanito al que querer y con el que jugar.

Sinceramente, yo no recuerdo si te pedí o no en alguna carta a los Reyes Magos, en un deseo a cualquier estrella fugaz o en algún arrebato de llorera por soledad. Pero ahí apareciste, ante mis narices (pequeňas, pues tenía 6 aňos), de repente y sin haberme estudiado el manual de: cómo querer y odiar a un hermano al mismo tiempo. Por eso, terminé aprendiendo lo primero. Nunca me dio tiempo a llegar a esa segunda fase. Y cuando me acerqué a ella (¿recuerdas cuando nos pegábamos?) decidí que era preferible quererte para aprovecharme de ti.

Como por ejemplo, aquellos días en los que jugábamos a montar un kiosco en mi habitación en el que yo vendía todas mis revistas viejas y  libros usados y tú venías a comprarme, con el dinero que te acababa de dar mamá, cualquier trasto viejo o papel arrugado que yo ya no quería. Ahí estaba yo, estafándote y sacándote las 4 pesetas que tenías. Aunque luego te compensaba dejándote subir a mis espaldas para jugar a las "ferias", en las que yo simulaba ser un toro, y tú simulabas pasártelo en grande.

Creo que ya algo intuías que no iba bien. Te dabas cuenta de que las revistas que comprabas no valían las pesetas que tenías. Y así creciste, estudiando y espabilando para que ninguna más como yo se aprovechase de ti, para que nadie más te tomara el pelo ni te tomara por tonto. Pero no sólo nos has salido listo, sino también buena gente. El mundo necesita más personas como tú.

Si intento buscarte defectos, no los encuentro. No es que seas mi hermano, es que rozas verdaderamente la perfección. Me sorprendes constantemente superándote a cada reto, aceptando cada batalla y agarrando cualquier oportunidad que se te presenta.

Admiro la capacidad que tienes para escuchar a las personas. Me fascina cómo recoges toda esa información en tu cabeza y las conclusiones que terminas sacando. Admiro cada buen resultado que obtienes. Porque aunque parece que me tengas acostumbrados a ellos, sé que se deben a un gran esfuerzo. Admiro la capacidad que tienes para seleccionar a tus mejores amigos sin nunca discriminar a aquellos diferentes a ti. Admiro cómo sabes adaptarte a cualquier sitio que no va contigo, a cualquier situación con la que no te encuentras a gusto.

Envidio tu paciencia y el buen uso que haces de ella. Envidio la facilidad que tienes para conectar con los más pequeños y, al mismo tiempo, con los más mayores. Transmites un cariño y una ternura que va más allá de las palabras. Lo tuyo son los hechos, y demostrar lo que sientes por las personas a través de la constancia. 
Lo admiro.  

Y tranquilo.

Llegarás donde quieras. Confío en ti y en tus posibilidades. Tienes un mundo entero a tus pies, sólo tienes que escoger en qué parte del mundo saltar. Te estarán esperando. Te necesitan pero tú aún no lo sabes, todavía no te lo crees. Y es que eres tan humilde y tan prudente que nunca serás consciente de cuánto eres capaz.

Y gracias. Gracias por enseñarme lo que sacándote unos años aún no he aprendido. Gracias por aportar tranquilidad a mi vida y por darme tanto. Gracias por ser la persona a la que me quiero parecer. Tú, pequeño renacuajo, apareciste en mi vida para demostrarme que los hermanos pequeños a veces tienen mucho más que enseñar que los hermanos mayores. Y es que si tú al principio creías que yo tenía mucho que explicar, en realidad eres tú quien tiene mucho que enseñarme.

A pesar de la distancia, a pesar de no decírtelo continuamente, a pesar de no poder ser partícipe físicamente de muchos momentos de los que me gustaría formar parte: ESTOY AQUÍ. Siempre voy a estar aquí para ti, en cualquier momento, en cualquier circunstancia.

T’estimo, Lian. Gracias por hacernos sentir a todos tan orgullosos de poder disfrutarte. Gracias por esforzarte cada día por ser mejor. Gracias por haberte dado cuenta con tus tan solo 17 años de que la vida se saborea mejor desde la madurez, la responsabilidad y la prudencia. Y gracias por hacerlo sin perder los sentimientos más importantes por el camino. 

Doy gracias a la vida, al azar, o a quien quiera que sea, por haber puesto en mi vida un hermano como tú. 



Noemí Carnicero Sans.

viernes, 1 de noviembre de 2013

PABLO A. BARREDO

"El cuidador es la víctima colateral de la enfermedad de Alzheimer"



Pablo A. Barredo, 38 años, Barcelona. Creador del famoso blog "Diario de un Cuidador", proyecto que inició por necesidad cuando, hace 5 años, su padre falleció y tuvo que quedarse sólo ante la enfermedad de Alzheimer de su madre, diagnosticada ya en un nivel 5. Tiene más de 104.000 seguidores en su página de Facebook convirtiéndose en la plataforma nº 1 a nivel mundial dedicada a los cuidadores no profesionales de enfermos de Alzheimer. El 25 de noviembre sale su libro "Diario de un Cuidador" el cual estará disponible en todas las librerías de España y, además, ya ha iniciado los trámites para crear la "Fundación Diario de un Cuidador", con la misión de ayudar a los cuidadores no profesionales de Alzheimer a reintegrarse en la sociedad una vez su labor llegue a su fin.


-¿Qué es el Alzheimer?

El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa y la más común entre las demencias.

-Independientemente de la definición oficial… ¿Qué ha sido o es para ti el Alzheimer?

 Para mí, el Alzheimer ha supuesto un antes y un después en mi vida. El Alzheimer ha sido el mayor de mis maestros y el más terrible de mis enemigos.

-¿Cuál crees que es el momento más difícil de la enfermedad para quien la padece?

Cuando se da cuenta de que está perdiendo sus facultades.

-¿Y para el cuidador?

 Cuando la ves sufrir, te pide ayuda y sabes que no hay nada que puedas hacer para evitar que la enfermedad acabe con ella.

-¿Qué es el Síndrome del cuidador?

 El Síndrome del Cuidador se presenta cuando el cuidador está quemado por la labor que desempeña. Cuando experimenta una sobrecarga emocional y física que puede con él.


-¿Qué puede hacer el cuidador por la persona afectada?

Darle mucho amor, ser muy comprensivo, cargarse de paciencia y estimular lo máximo posible. Protegerla sin sobreproteger. Y empujarla a ser lo máximo autosuficiente posible. 


-¿Cuáles son los ingredientes para que el cuidador no decaiga?

Mantener una actitud positiva dentro de las circunstancias. Buscar apoyo a través de la familia, los amigos, la comunidad y/o las asociaciones. No sentirse culpable por no poder hacer más de lo que hace. Dedicarse tiempo para sí mismo. Cuidarse, en definitiva.


-En 2009 empezaste el blog “Diario de un cuidador”. ¿Fue el blog tu aliado? ¿Cómo te ayudó?

Inicié el blog con el propósito de poder compartir mis experiencias con otras personas que se encontraran en la misma situación e información que iba recopilando. Supuso una vía a través de la cual poder volcar parte de ese estrés que el cuidar suponía y fue producto de una necesidad interna de transformar algo tan negativo como es el Alzheimer en positivo.


-El blog, en 4 años de vida, ha visto crecer de forma vertiginosa su número de lectores, éxito en la red y repercusión entre la comunidad de personas involucradas, de algún modo, con la enfermedad de Alzheimer. ¿Cómo has vivido la evolución del blog?

El blog ha ido creciendo poco a poco hasta el último año. A partir de ahí su crecimiento ha sido brutal. No me esperaba que fuera a convertirse en lo que hoy es. La he vivido con mucha ilusión. Pero también ese crecimiento me ha hecho sentirme más humilde. Mucha gente ha depositado su confianza en mí y eso implica una gran responsabilidad por mi parte.


-¿Por qué crees que ha tenido y está teniendo tanto éxito?

El 90% de los cuidadores no profesionales no acuden a las Asociaciones de Familiares de Alzheimer. Lo que significa que están solos con el enfermo la mayor parte del tiempo, encerrados entre cuatro paredes. Internet es su única ventana hacia el exterior, su único medio de comunicación con el mundo exterior. El éxito de 'Diario' creo yo que parte de la necesidad de ese 90% de sentirse que forman parte de una comunidad, de que no están solos y de que hay otra gente en el mundo viviendo lo mismo que ellos. Mi espacio trata de ser ese bolsa de aire que tantos cuidadores no profesionales necesitan.


-El 25 de noviembre sale el libro “Diario de un cuidador”, el cual estará disponible en todas las librerías de España. Además, también has iniciado los trámites para crear la fundación Diario de un cuidador.  En cuanto a este último proyecto, ¿cuál es su misión? ¿Cómo crees que esta fundación puede cambiar la vida de los que se involucren en ella?

En estos momentos estoy en el proceso de constituir la Fundación. Es un proyecto que me ilusiona de verdad. Es la culminación de un sueño. La Fundación se centrará en ayudar a los cuidadores no profesionales sin medios a reinsertarse en la sociedad, entre otras cosas. También la Fundación contará con algo (de lo que no puedo hablar todavía) que será muy novedoso en lo que a ayuda a los que se encuentran cuidando de un ser querido con Alzheimer se refiere. Estamos preparando cosas muy bonitas que espero salgan adelante a través de ella.


-Dentro de este ámbito y todo lo que rodea a la enfermedad de Alzheimer, ¿qué hace falta? ¿qué carencias hay? ¿qué se echa de menos durante el proceso de acompañamiento de una persona afectada por Alzheimer?

Hace falta más sensibilización por parte de la sociedad hacia la figura del cuidador. Creo que se nos debe respeto, admiración y más apoyo. Mi misión está centrada en ser la nueva voz e imagen de los cuidadores no profesionales y sacar su figura de las sombras. No olvidemos que el cuidador es la víctima colateral de la enfermedad. Respecto a qué se echa de menos durante el proceso de acompañamiento, yo diría que  irónicamente la compañía, el saber que no estamos solos, el tener tiempo para uno mismo y la libertad.


-Por último, un consejo a todos aquellos que, como tú has sido, están actualmente ejerciendo el difícil papel de cuidador y sienten, en muchas ocasiones, que este rol se les escapa de las manos. 

Mi consejo: que sean conscientes siempre de lo grandes que son por hacer lo que hacen; que se cuiden; que se perdonen y no se sientan culpables cuando fallan o pierden los papeles (somos humanos); que tengan mucha paciencia; que caminen siempre desde el amor; que se sientan orgullosos del gran sacrificio que están realizando; y que busquen ayuda cuando vean que les fallan las fuerzas.