lunes, 23 de diciembre de 2013

AEROPUERTO EMOCIONAL

Porque como dice McDonald’s: “Lo importante no es que vengas. Es que vuelvas”.  

Y eso es lo que esperan todas y cada una de las familias que se amontonan detrás de la barra de metal que separa el aprendizaje con el que vuelven todos los que se fueron, y las ganas con las que esperan aquellos que se quedaron. El mismo espacio en el que se derramaron las lágrimas más amargas y también las más sinceras. El lugar donde las despedidas saben a traición estatal y las bienvenidas a agradecimiento forastero. El lugar en el que, más que nunca, te das cuenta de que la relación que mantienes con tu país es de amor-odio.

Porque si te fuiste, es porque aquí no pudiste. Porque si te quedaste, es porque ni si quiera este país dejó que te fueras. Porque si un día decidiste llenar la maleta de oportunidades, fue porque aquí las agotaste todas, o porque ni si quiera luchaste por las pocas que había, a cada cual más deprimente. Y si te quedaste, fue porque algo te ligaba tanto a esta tierra que el lazo que debías deshacer te costaba más emocionalmente que la oportunidad que fuera podías encontrar.   

Vaya por Dios.

Que está muy bien que se te ponga la piel de gallina con aquel anuncio de Campofrío, con aquello de que uno puede irse, pero no hacerse. Está muy bien que nos recuerden todas aquellas cosas de las que culturalmente podemos sentirnos orgullosos, porque las tenemos. Y está muy bien que añadamos un poco de amor a lo que se está volviendo odio, impotencia y repulsión. Está muy bien.

Pero a ti, cuando estás fuera, toda esa melancolía y esa rabia por haber tenido que hacer las maletas no te la suplen ni los publicistas oportunistas de Campofrío ni tampoco sus salchichas. Porque el abrazo de tu vecino en España no paga tus facturas, y la amabilidad de la gente tampoco costea tus estudios. Porque la marca España no hace más que dejarte cicatrices emocionales por todo aquello que aquí, ya, está perdido. Y por eso, cuando te diste cuenta, decidiste emigrar. Ya fuese temporalmente o de forma indefinida. Y, con suerte, no sólo te vestiste de extranjero sino también compraste las gafas a juego. Esa visión a la que sólo el que lleva las  adecuadas, es capaz  de sacarle partido: la de la adaptación.

Y te vas y descubres cuán fácil es lo que en tu país resulta tan difícil, pero también te percatas de cuán difícil es lo que en casa te parecía tan fácil. Pierdes costumbres, las reemplazas y construyes nuevos hábitos. Rompes esquemas, te deshaces de los prejuicios y te presentas como novato en unas tierras que, hasta dentro de mucho tiempo, no sentirás como tuyas. Y saboreas la agridulce sensación de sentirte agradecido por la oportunidad que estás viviendo y la amargura y resignación por tener que vivirlo tan lejos. Tan lejos de los que te importan.

Pero te adaptas. Y los que te importan continúan estando. Y los que te importan empiezan a ser más. Porque intercambias experiencias con gente que empieza a cambiarte la vida a ti. Porque detrás de cada sacrificio, se esconde una recompensa. Porque detrás de cada lágrima derramada por lo que dejaste, nacen estupendas sonrisas ante todo aquello que descubriste.

Y cuando te preguntan de dónde vienes, explicas de dónde no. Explicas que vienes del país de las no-oportunidades, de la no-transparencia y de la no-sensatez. Explicas que vienes de un lugar donde no hay justicia ni tampoco buen gobierno. Explicas que vienes de un lugar del que no te sientes ni representado ni identificado. Pero a pesar de ello, explicas también que te sientes orgulloso del esfuerzo que está haciendo la gente por salir adelante, de la resiliencia que se palpa en la tragedia de las personas, de la lucha constante del pueblo por mejorar un territorio tan roto como el sentido común de quienes lo gobiernan. Te sientes orgulloso de las personas como tú. Te sientes orgulloso de los mismos que, como tú, empaquetaron sus cosas. Pero también de aquellos que decidieron dejarlas allí. Porque ni todos pueden irse, ni todos pueden quedarse.

Así que no te vendan ni el #hazteextranjero ni el #unopuedeirseperonohacerse. Véndete a ti mismo tu mejor opción. Hazte de aquí, de allí o de más allá. Pero hazte. Haz de ti la mejor de tus versiones y hazlo en el lugar donde más oportunidades tengas para que todo tu potencial se desarrolle como se merece. Porque estar en un país con una de las mayores tasas de paro no es excusa para que tú, repleto de sueños y proyectos, dejes de moverte para conseguirlos.

Que la marca España –seas de Catalunya, seas de España, te sientas de un solo sitio o de los dos- no va a conseguirte el empleo de tu vida, pero las quejas, desilusión y resignación tampoco. Y una de las pocas buenas conclusiones que podemos llegar a sacar de la ambivalente relación que tenemos con el sitio del que partimos es que: si todo esto no estuviera pasando, quizás no estaríamos sacando todos los recursos que llevamos dentro para seguir adelante y luchar por encima de lo que creíamos que eran nuestras posibilidades. Estamos descubriendo la fuerza que nunca habían puesto a prueba ante tanta comodidad, y estamos exprimiendo nuestra creatividad para llegar más lejos de lo que los de arriba se empeñan en hacernos creer que es posible.

Escucha menos fuera de ti y préstate más atención a ti mismo. No te desanimes ante tal apestosa actualidad y motívate con todo lo que sabes que sí puedes hacer a pesar de no contar con todas las facilidades de antaño. Si te vas, bienvenido cuando llegues. Si te quedas, bienvenida sea la nueva actitud. No te quedes en este país con la sensación de “tenía que haberme ido”, ni te vayas con la sensación de “por qué he tenido que irme”. Vete o quédate con la sensación de que si decidiste que así fuera, fue porque encontraste los suficientes motivos para tomar esa decisión, y no sus alternativas. Vete o quédate con la conclusión de que sea donde sea donde tus pies vayan a pisar, lo harán con la mayor fuerza y seguridad posible. Y que tus zancadas llegarán tan lejos como amplio sea el horizonte de posibilidades en las que creas.

No te creas el “imposible” de los de arriba. Cree en las posibilidades que existen dentro de ti.

Así que no importa que en el aeropuerto seas de los que llegan o de los que esperan. Nos unen las miradas de complicidad. Aquellas en las que se advierten señales de empatía entre unos y otros, por entender por qué los que se fueron hoy llegan para Navidades, y por qué los que se quedaron esperan hoy en las Llegadas del Aeropuerto X de X ciudad.

Así que estas Navidades, que la borrachera sea de felicidad. Que los deseos de año nuevo se llenen de deseos ligados a oportunidades. Que los propósitos para el próximo año sean tan realistas como las ganas que tenemos de triunfar en nuestro proyecto. Y que si, entre baile y baile tienes un desliz, que el beso que se escape de tu boca se lo des a las ganas con las que te acabas de comprometer. A las ganas de esforzarte.

Te quedes, o te vayas, recuerda: Tú sí que vales. Pero con saberlo, el mundo no avanza. Demuestra que así es. Porque estás a tiempo de remontar, de renacer de las cenizas que no te dejaban avanzar y de recuperar el entusiasmo que, quizás, hayas estado a punto de perder. 

Y es que aunque el texto se llame AEROPUERTO EMOCIONAL, en realidad se apellida "Si te fuiste o te quedaste".



Noemí Carnicero Sans.

  

viernes, 13 de diciembre de 2013

MIS VALIENTES





Alejandra Gómez-Raya / 23 años / Barcelona / Psicóloga y eterna estudiante

Motivación para escribir en "Tengo algo que contar"
 Esta es una oportunidad para llegar a las personas que lean el blog de Noemí. Como miembro de Chhahari Catalunya, me gustaría poder hablarles de nuestro proyecto de cooperación. Como psicóloga y persona comprometida con los cambios, me gustaría animarlos a ser valientes.

MIS VALIENTES


Tengo tanto que decir, que no sé ni por dónde empezar. Algunos me dirían: pues empieza por el principio. ¡Qué pereza…! Mejor empiezo por el final. Mejor empiezo por el “ahora”. Y es que el “ahora” es lo único que realmente importa. 

Vivir en un país roto nos hace sentirnos rotos, resquebrajados, sin fuerzas. La rutina nos envuelve y nos acuna hasta dejarnos adormecidos en una realizad que nos hace sentir infelices. La infelicidad es una palabra “tela de araña”, nos atrapa y reduce nuestro campo de visión peligrosamente. Hace poco leí y puse en práctica un ejercicio de la guía de yoga de Gloria Rosales y Gordana Vranjes. ¿Te gustaría probar? Coge papel y lápiz y resuelve las preguntas en el orden que las planteo.

1. Busca que hay en tu vida cotidiana que puedas agradecer. 
2. Viendo esto ¿qué es lo que te impide estar satisfecho? 

Mi larga lista en la primera pregunta, me hizo sonreír al leer la segunda. Y es que a menudo no nos hacemos preguntas, ni nos escuchamos. En nuestra cabeza resuena todo el tiempo lo pequeños que somos ante el mundo, la frenética realidad te instiga a que amarres cortitos tus sueños porque “de los sueños no se vive”, “los sueños no dan de comer”. ¡Al cuerno las voces! Hazme un favor y baja el volumen de esas voces durante unos minutos. Y ahora pregúntate, ¿qué quieres hacer tú? 

Creo que eso es lo que hice yo cuando decidí viajar a Nepal de la mano de mi “ángel de la guarda” Cristina Sorribas. En mi vida he tenido la suerte de conocer algunas personas que se oyen a sí mismas, que reconocen su voz y toman de la vida aquello que los hace sentir felices. Los reconocerás rápido, porque son aquellos que no pierden la sonrisa ante la enfermedad; que reconocen su valía, la meten en una maleta y se van a trabajar lejos; aquellos han dejado a una pareja que los hacía sentir insignificantes. Yo a estos los llamo “los valientes”, porque al fin y al cabo eso es lo que son. 

Los valientes son personas que tachan de su diccionario palabras como “difícil”, “miedo”, “imposible”, “incapaz” o “infelicidad”. Cristina es una valiente. Me gusta imaginarnos a Cristina y a mí como dos partes de un todo. Ella, la parte fuerte, confiada, motivada por la idea de que puede con todo. Yo, la parte racional, buscando siempre los “peros” e intentando derrocarlos con herramientas reales. Y es que dentro de ti debe de haber un poco de cada una de nosotras, porque yo soy de las que piensan que podemos alcanzar cualquier sueño, pero siempre mediante objetivos alcanzables  y realistas.

Ella sigue en Nepal, trabajando en nuestro pequeño-gran proyecto-sueño personal. Me encantaría compartirlo contigo. Para ponerte en situación, te contaré que, junto a nuestro amigo Marc Serra, y con el apoyo de la “Penya Filatélica de Vilanova i la Geltrú”, creamos Chhahari Catalunya. Se trata de una iniciativa que apoya la interculturalidad entre Nepal y España, realizando un proyecto conjunto de voluntariado y recaudación de fondos con la ONG nepalí Chhahari Nepal. De la necesidad de garantizar un futuro económico, social, educativo y profesional a los niños de un orfanato a las afueras de Katmandú, nace el proyecto Crisálida (chrysalis). Este plan pretende ser un punto de partida en la elaboración de un proyecto real que promueva la perfecta autonomía de los niños huérfanos, una vez alcancen la edad adulta. Crisálida es una metáfora, puesto que simboliza nuestro soporte económico y ayuda humana a estos niños mientras son pequeños, de modo que, cuando sean independientes, se puedan convertir en bellas mariposas, en personas buenas y valientes. Nuestra entidad no pretende que Chhahari Nepal sea dependiente de nuestra ayuda, sino todo lo contrario, pues queremos que palabras como “difícil” o “infelicidad” desaparezcan también del lenguaje nepalí. Aunque nuestra acción es localizada y pequeña, es sin duda es lo más difícil que he intentado hacer en mi vida. Difícil… no, valiente. 

Ignoro tu situación y desconozco a aquello a lo que te estás enfrentando, pero deja que te guíe. Ahora es tu turno. No te pediré un cambio drástico, no te pediré que te tires al vacío sin arnés, que va. Te pediré que te escuches, que te hagas preguntas. Que pienses si lo que estás haciendo hoy te acerca al lugar en el que quieres estar mañana (esta no es una frase mía). Deja que “Cristina” tire de ti, mientras “yo” camino a tu lado susurrándote las posibilidades, las posibilidades reales. Nútrete de la sabiduría de las personas inteligentes y buenas que te rodeen, estudia aquello a lo que quieras dedicarte y aquello a lo que no, pero que te encanta. Viaja si tienes la oportunidad, y si no la tienes, lee o empápate de cine, porque ahí afuera hay muchísimo por conocer. Descubre otras realidades y escoge en cual prefieres vivir. Sigue la corriente o ve en su contra. Se valiente. Porque la repercusión de una pequeña acción es lo que la hace grande. 

Si quieres saber más sobre nuestra iniciativa, conocer los detalles de nuestro viaje a Nepal, si crees que estás preparado para hacer un programa de voluntariado con Chhahari Nepal, o tienes los medios para ayudarnos a crecer ¡ponte en contacto con nosotros! 

Web: www.dospesetasparaelcambio.com
E-mail: chhaharicatalunya@gmail.com
Puedes buscarnos en facebook: Chhahari Catalunya /Chhahari Cat
O síguenos en twitter (esto nos ayuda mucho): Chhahari Catalunya #viajedospesetas 

Tu acción, para nosotros, tiene una gran repercusión, así que GRACIAS. 

jueves, 5 de diciembre de 2013

TU EMPLEO IDEAL

Buenos días. 

¿Con qué pie te has levantado hoy? Porque yo lo he hecho con los dos. Me he levantado de un salto y he aterrizado entre la baldosa de los sueños y la de las buenas ideas. Porque hoy, me he despertado desbordante de energía y, aún así, sobrio de idealismo. Y es que hoy, sé que se puede conseguir: debemos conocernos. Y, lo mejor de todo: ya sé que pistas ofrecerte para que me encuentres. 

En primer lugar, y ya que no quiero parecerte maleducado en mi primera impresión, faltaría más, me presento: Soy tu empleo. Sí, ése, el que no tienes. Sé que voy a parecerte un falso amigo, que ya otros se vistieron con mi misma identidad. Ya sé que cuando te los llevaste a la cama y se desnudaron, descubriste la realidad de los amantes pasajeros, aquellos que parecen robarte besos eternos y luego se apellidan Prácticas, Basura, Estafa o MeAprovechoDeTiPorqueEstamosEnCrisisYAúnDeberíasEstarAgradecidoDeQueAunqueNoTePaguemosEstésCogiendoExperiencia. Ahá. Y también sé que has estado, a veces, a punto de pagar incluso por uno de esos besos. Esos que saben a “valdrá la pena” y que, después, se acaban digiriendo mal.

Pero es que yo no soy así. Yo soy tu empleo. Aquel que mereces, aquel que te valora por lo que eres y por el tipo de vida que has llevado. Soy el que te agradece que hayas estudiado, el que te aplaude que escogieras no rendirte intelectualmente y para el que no necesitas esconder ni tu formación, ni tus aspiraciones. Soy el empleo que te quiere tal y como eres, y también el que te dejará marchar si encuentras algo mejor que yo. Soy el que te prestará una escalera para que toques el cielo con cada uno de los sueños que tuviste y pensaste que no ibas a cumplir. Sí. Porque soy tu empleo, existo y te estoy esperando. Pero, por favor, no te quedes ahí sentada. Ven a por mí.

Verás:

Levántate cada día creyendo en mí. Y es que si no existo en tu cabeza, no existiré en tu realidad. Si te sale la oportunidad de conocer a otros por el camino, disfruta con ellos, aprende de sus besos, pero también de vuestras discusiones. Ten claro que tu objetivo está a un paso más allá, y que yo, estaré esperándote al final del camino. 

No te conformes. Por muy bien que alguna vez te hayan besado, que la intensidad no nuble tus expectativas. Tú necesitas más que la pasión que se esconde tras los primeros arrebatos. Necesitas la estabilidad de una rutina en la que el aburrimiento sea lo que firmaste, en tu contrato, nunca encontrar. Así que muévete. Que tu trabajo sea encontrarme. Dedica tiempo a conocerme antes de hacerlo y, sobre todo, dedica tiempo a seducir a nuestros intermediarios. Porque los habrá. 

Para empezar, el primer paso va a ser descubrir dónde estoy, descubrir dónde me escondo. No será fácil. Y es que sé esconderme muy bien. La buena noticia es que lo hago tras las mejores oportunidades. Pero tienes que verlas. Por eso, ve por la vida con lupas por delante de tus ojos. Que no se te escape nada, luego no digas que no te avisé.

Cuando sepas dónde estoy, tendrás que convencer a mis padrastros, a aquellos que “cuidan de mí”, aquellos que se encargan de encontrar a mi mejor candidata. Tendrás que presentarte, que seducirles con tus méritos, con lo que has conseguido en la vida y con lo que dices que esperas conseguir. Véndete bien. Mis padrastros tienen experiencia en detectar mentiras. No les hagas perder el tiempo. Por eso, prepárate la cita con los intermediarios. No improvises. Demuestra que te importo, demuestra cuánto has luchado por esta oportunidad y cuánto estás dispuesta a luchar por quedarte conmigo. Si no los convences a ellos, tampoco podrás hacerlo conmigo. Muchas veces se equivocan, y se fijan más en aquellos que besaste que en lo enamorada que estás de mí. Se olvidan del potencial que tienes para hacerme feliz. Por eso, prepárate bien para ese momento. Tendrás que usar las mejores cartas de tu baraja.

Y a continuación, llegará el momento. Llegará el momento en el que, si lo hiciste bien, yo estaré contigo. Llegará el momento en el que, por fin, podrás poner a prueba todo aquello que aprendiste con otros, todo aquello que recogiste por el camino y que, finalmente, te ayudó a llegar hasta aquí. 

Y puede que hasta, al final, no hayas necesitado intermediarios. Porque puede que tú sola supieras cómo convencerte a ti, a los demás, y al empleo que tú misma creaste a tu medida. Porque puede que tu empleo ideal no se encuentre en una multinacional, ni en ser el número x de una empresa, ni en satisfacer las pocas ganas que tienen los de arriba de que promociones. Puede que no vayas a encontrar  tu empleo ideal, puede que tengas que inventarlo. Y para ello, los pasos serán diferentes, pero la satisfacción será la misma.

Por eso, no te conformes con una media sonrisa cuando puedes esbozarla entera. No te conformes con estancarte intelectualmente y busca recursos que mantengan vivas tus ideas. No te conformes con las 4 horas que crees que necesitas al día para conseguirme, invierte las 8 que creías que no podías invertir. No te conformes con lo que los demás dicen que debes conformarte. Porque cuando lo hayas conseguido, te darás cuenta de que no podía haber sido de otra forma.  Mentalízate de que cada cambio, supone un esfuerzo. Y también de que a cada esfuerzo, le sigue una recompensa. Así que hoy, no tienes excusas que ponerte para no encontrarme o, al menos, para no intentarlo.

Y sí, soy tu empleo ideal. Pero por favor, tú, mejor, ve olvidándote de la etiqueta de “ideal”. Porque asociamos a ideal aquello que es imposible. Y te aseguro que yo, para ti, de todo menos IM.  

Te espero, pero tú no lo hagas. Ven a por mí. 






Noemí Carnicero Sans.