jueves, 9 de enero de 2014

ESCRITO DE UN VIEJO DEMENTE




                                                                   Iuiu / 25 años / Gerona / Parado


ESCRITO DE UN VIEJO DEMENTE


Apreciada camarera,

Porque imagino que serás camarera por lo que veo en la foto que te hice el otro día, pese a no recordar qué día fue. Lo sé, puede sonar extraño. La explicación es sencilla: tengo Alzheimer.

Mi nombre es Juan, y soy fotógrafo. Un fotógrafo que no sabe cuántos años tiene ya que no recuerda en qué año vive, pero que te puede decir que nació en el 39. Por lo que puedo recordar llevo treinta años fotografiando las calles y las personas de Barcelona, desde que compré mi primera cámara con veinte. Así que en teoría tengo cincuenta, aunque sé al mirarme al espejo que tengo muchos más.

Veo arrugas, pelo blanco y una mirada de tristeza al no reconocerme. Si no fuera que anoto algo en cada una de mis fotos, aparte de la fecha del día, no sabría en que realidad vivo. Una realidad que quizás olvido cada quince minutos. O diez. O cinco. No lo sé.

Es frustrante vivir así, preso del olvido, pero tiene su lado bueno. Cada vez que me pasa algo es como si fuera la primera vez que me pasara. Siento por primera vez. Me emociono por primera vez. Sonrío por primera vez. Vivir algo por primera vez es el mejor momento de un día, y yo tengo muchas primeras veces a lo largo de la jornada.

Un ejemplo es esta foto. No sé cuántas veces la habré visto hoy, pero me encanta. Y aunque no recuerdo por qué la hice, si sé por qué la hice. Estoy seguro que me llamaste la atención porque tienes una bonita sonrisa. Una sonrisa pura y sincera que llena de paz a los que te rodean. Es mirar la imagen y sentirme bien. Veo a una chica joven y preciosa que seguramente aprecia los pequeños detalles de su alrededor, pero que seguro que muchos, por el simple hecho de ser una simple camarera, la ignoran.

Y se equivocan. El ser feliz radica en los pequeños detalles. Un buen café, por ejemplo. Un trozo de tarta de chocolate. Un buen helado en verano. O la presencia de la chica bonita que te sirve. Me gustaría saber si me serviste aquel día, o si me has servido algún día.

Me gustaría saber muchas cosas, como por ejemplo cómo te llamas, de dónde eres, o qué edad tienes. Pero tengo que conformarme con mis anotaciones y mis fotos. Son la única manera de revivir mi día al final del día.
Daría lo que fuera para vivir veinticuatro horas con recuerdos. Iría a la cafetería, te pediría un café con algo dulce, te preguntaría cómo te llamas, me sonreirías, sonreiría, y me sentiría bien porque me alegrarías el día. Recordaría lo sucedido hasta acostarme. Una y otra vez. Y sabría lo que es ser feliz en el presente por un pasado verdaderamente próximo.

Pero esto no va a pasar. De ahí el motivo de estas palabras. Porque aunque sea un viejo demente, sigo sintiendo y emocionándome aunque sea por unos minutos.

Quizás no consiga entregarte esta carta con la foto, pero si la estás leyendo es que lo he conseguido. Así que aprovecho para darte las gracias.

Gracias por haberte conocido, y es que pocas personas son capaces de despertar un sentimiento de alegría viéndolas por primera vez en una foto. 

Dementemente agradecido,

       Juan


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