viernes, 28 de marzo de 2014

MARÍA

   


María,
 26 años 
Matrona
Valencia (España) 
Actual residente cerca de Londres, Reino Unido.
Motivo emigración: "me ha resultado IMPOSIBLE trabajar en España. He estado en el paro durante 10 meses, sin trabajar ni un sólo día".  

CHECK-IN Nº 3 

Querida hija,

No sé si serás chico o chica, pero yo te imagino en femenino.  

No sé cuántos años tienes, pero supongo que a partir de 13, que es cuando se supone que se comienza a razonar. Espero que no estés “demasiado” en “la edad del pavo”. Aunque también es probable que cuando te lea esto ya ni siquiera exista esa expresión.   

Sea como sea, hoy 18 de febrero de 2014 te escribo esto porque quiero enseñarte algo que te sirva hoy y el resto de tu vida. No voy a ser yo quien te diga qué pensar, sino que quiero que seas tú mismo o tú misma quien saque sus propias conclusiones.

La cuestión es que llevo varios días dándole vueltas a este tema. También llevo mucho tiempo sin llorar y lo necesito.  

Todo el mundo se alegra por mí, me felicita y me da la enhorabuena:
- “¡Felicidades! ¡Ya tienes trabajo!”
A lo que yo pienso: ¿Se supone que debo alegrarme? ¿Qué debo dar saltos de alegría? Pues lo siento, pero NO.

Lo que siento es que me voy porque me echan. Porque no he tenido la más mínima oportunidad de demostrar lo que valgo en el país donde he nacido. Siento que tanto yo como miles de personas nos vemos obligadas a exiliarnos. ¿Conoces ya esa palabra? Yo a tu edad tampoco la conocía. Según la RAE significa “Expulsar a alguien de un territorio”.  

¿Conoces la cancioncita de “Vuelve, a casa vuelve por navidad”? No creo, así que te lo explico: es la canción que suena de fondo en una famosa marca de turrones. Pues me da a mí que cada año vamos a ser menos las personas que volvamos a casa por Navidad. ¿Por qué? Porque estaremos trabajando lejos de casa, de los nuestros y de todo aquello con lo que hemos crecido. 

No sé dónde estaré viviendo cuando te lea esto, porque dicen que “sabes cuándo te vas, pero no cuándo vuelves”. No sé si tu padre es español, inglés, somalí o si tu padre también soy yo. Mi madre, que es tu abuela, dice: “por favor, que el novio que te eches no hable inglés… que yo ni lo entiendo ni lo hablo” :)

En fin, que nos desviamos del tema. He conseguido llorar un poco mientras te escribo esto, pero no lo suficiente, así que voy a seguir.    

Sí, sé que allá donde vaya voy a acabar estando bien. Porque tengo la suerte de ser una persona positiva, luchadora y soñadora. Porque aunque el cambio me da un miedo que te cagas  (¿sigue existiendo esa expresión?), sé que será una gran oportunidad para madurar y crecer tanto profesional como personalmente.  

Es probable que hoy día, mientras te estoy leyendo esto, sea una persona feliz. Así que a mí tampoco me vendrá mal recordar que no siempre fue así. Porque cuando las cosas se ponen difíciles, se valora más esa calma que viene después de la tempestad.  

Llevaba desde mayo en el paro, es decir, unos 10 meses. He estado buscando trabajo incansablemente por toda España. Gastando el dinero que no tengo en viajes para hacer exámenes y entrevistas. Pensando cada noche al acostarme que había sido “otro día más” y con la incertidumbre de no saber cómo iba a evolucionar el asunto ni cuánto iba a durar esa situación. 
Así que hace unos meses empecé con el papeleo para trabajar como Matrona en el Reino Unido y aquí estoy ahora: esperando a que me digan cuándo empiezo. No han dejado de lloverme oportunidades, “igualito” que en España.    

Me ha tocado madurar a pasos de gigante. Verás que los amigos que tienes hoy dejarán de serlo en un futuro no muy lejano. Que lo que creías que era X ahora es Y.  Habrá días en los que ni siquiera sepas quién eres, sobretodo mientras dure tu adolescencia. Es probable que tampoco sepas qué quieres estudiar y yo espero no ser de esas madres que dicen “pero es que eso no tiene futuro”, porque visto lo visto creo firmemente que hay que hacer lo que verdaderamente te gusta. Porque… ¿te imaginas que además de tener que pasar por todo esto que estoy pasando, fuese con una profesión que no me gusta? Entonces apaga y vámonos.  

Aprenderás que quien algo quiere, algo le cuesta. Y que si no te lo haces tú mismo, no lo hará nadie por ti.  Aprenderás, con el tiempo, que TÚ y sólo tú eres la mejor persona del mundo. Aprenderás a quererte, aunque te costará, pero al final sabrás que ha valido la pena todo ese entrenamiento. Aprenderás esas y muchas otras cosas. Y espero que puedas hacerlo en un país en el que sientas que puedes trabajar, vivir y ser feliz sin demasiado esfuerzo… ya sea en España o en Singapur.  

Espero, de verdad, que nunca tengas que pasar por esto. Que nadie ni nada te haga sentir que no te vas, sino que te echan. Que no tengas que despedirme en el aeropuerto con lágrimas en los ojos como yo lo haré con mi madre una y otra vez.  Y espero, por lo tanto, que no sientas la necesidad de, a tus 25 años, ponerte a escribir todo esto delante de la pantalla de un ordenador.  

Te quiero, aún incluso sin conocerte.  

Tu madre, 

María.

domingo, 23 de marzo de 2014

UN SUEÑO MUY ESTRECHO

Tan estrecho como estrecha es la distancia que me separa de mis sueños. No sé quién eres ni cuánto vas a luchar por detenerme. Pero tengo tan poco que perder y tanto por ganar, que tu ley no va a poder con la ilusión que tengo por vivir.

Porque me he cansado. Me he cansado de sobrevivir en un lugar que no he escogido. Me he cansado de ir muriendo en el sitio que la mala suerte eligió para mí. Pero de lo que más cansado estoy, es de escuchar el ruido del hambre que azota las tripas de las personas que llevan consigo el mayor corazón que yo he conocido: mi familia. Voy a luchar por devolverles todo lo que ellos me han dado, que es la vida.
Porque una valla triple y electrificada no es más que el principio de todos mis retos y obstáculos. Y es que tengo un sueño, y es ser feliz. Sonreír de verdad, sentirme seguro y protegido, y estar en el lugar donde las oportunidades toman forma de luces alumbrando la noche con la que tantas veces he soñado desde la frontera.

 Llevo tres años ahorrando cada céntimo, tres años asegurándole a mi familia que lo iba a conseguir, y que una miga menos de pan entonces, se convertiría en una barra de pan mañana. Así que no me asusta. No me asusta dejarme la piel en esa valla ni ahogarme en el intento.

Voy a por todas, porque quiero formar parte de aquellos que se despidieron de mí para no volver. Aquellos que hoy tienen un teléfono móvil con el que llamar a sus familias, y 50 euros mensuales con los que llenar sus bocas. Deseo regresar algún día con la ilusión de que mi lugar de origen pueda ser el final escogido de muchos.

Que nuestras raíces no nos encarcelen, y que el futuro de los que están por venir se convierta en una meta digna por la que luchar sin moverse de ahí. Deseo regresar a un lugar diferente, donde las cosas hayan cambiado. Deseo que las nuevas generaciones nazcan en un lugar donde una picadura de mosquito no entorpezca su esperanza de vida, o donde los proveedores de salud no te vendan medicinas falsas en las farmacias. Deseo un lugar justo, un lugar donde los sueños, también puedan hacerse realidad sin necesidad de ahogarse en el camino hacia una desconocida felicidad.

La felicidad por la que ahora mismo estoy luchando con cada brazada. Brazadas con las que se me llena la boca de agua salada y con las que se me enrojecen los ojos. Unos ojos que, tantas otras veces, han enrojecido de tanto llorar.

Porque esto vale la pena.

Me estoy cansando, pero la meta cada vez está más cerca. Nos hemos estado preparando mucho para esto, y ahora hay que dar la talla. Por nosotros, y por nuestras familias. No nos merecemos el lugar del que venimos. Sabemos que en esta vida, existe algo más, y es a por lo que vamos. La vida no puede ser sólo esto. Nos han contado que está llena de cosas maravillosas, de experiencias extraordinarias, y de oportunidades. Y hemos visto el perfil de la península en tantas ocasiones, que desde hace muchos años, en mis sueños sólo aparece ella.

Estoy viendo a la policía. La llaman Guardia Civil.

Pero da igual.


Porque península, voy a por ti.



Noemí Carnicero Sans

martes, 11 de marzo de 2014

EL MOTOR DE LA FELICIDAD ES MUCHO MÁS SIMPLE


 Montse Soro / 23 años / Pirineo leridano - Barcelona / 
Estudiante de Máster / Graduada en Psicología

Motivación para escribir en "Tengo algo que contar":
  Ilusión por expresar, como Psicóloga y futura psicopedagoga, mi visión sobre el mundo, sobre el potencial y el crecimiento humano, y de dónde sacar energías para desarrollarlo. 

Tema: Crecimiento personal

EL MOTOR DE LA FELICIDAD ES MUCHO MÁS SIMPLE

Que vivimos en un momento de crisis económica sin precedentes, es algo indudable y en lo que no vale la pena discutir ni dos minutos. Pero también es cierto que vivimos o quizás estamos empezando a ver la luz al final del túnel. 

Para mí, es muy importante que cada uno se pregunte donde encuentra la felicidad: y la respuesta puede ser tan distinta como personas hay en este mundo, y en ello está la riqueza humana. Pero dudo que nadie la encuentre en la frivolidad y la superficialidad del mundo consumista. Aunque eso no salva, no nos engañemos ni quiero pecar de espiritual y profunda, que a todos nos pueda encantar estrenar algo nuevo de vez en cuando. Pero si hurgamos un poco más hondo, la felicidad auténtica, qué nos la produce? 

Para mí, el motor de la felicidad humana es el sentimiento de superación personal junto con las relaciones humanas. Vayamos al primer punto, vamos a llamarle superación personal o, como mínimo, sensación de recompensa.  Si tenemos que desarrollar algún tipo de adicción, que sea a superarnos a nosotros mismos cada día, en una dosis moderada y sin castigarnos por lo que no hemos conseguido y sí alegrarnos por aquello que como mínimo, hemos sido responsables de mantener a nuestro lado porque  hemos cuidado: sea una relación o un trabajo o lo que sea.  

Hace unos cuantos años, se dice que la gente era más feliz. Su vida era más dura y a la vez más fácil, qué paradójico. Hace unos años luchaban, tiraban adelante y disfrutaban más del camino. Porque la sociedad de la inmediatez no les había hecho tanto daño, y por lo tanto disfrutaban del viaje. Además estaban más curtidos porque enfrentaban realidades más duras, y esto a la vez les endurecía en un sentido sano y les abría el corazón.  Quizás entiendas mejor esto si ya te has dado de bruces contra algún muro y has tenido que hacer alguna lectura. Si has tenido suerte y no te ha pasado, aprende de los de tu alrededor para no caer en sus errores. 

Creo que el modo de vida hasta que estalló la crisis, como he comentado, nos estaba haciendo mucho daño a todos. Porque si realmente era el motor de la felicidad, el tenerlo todo, no lo hemos sabido aprovechar. Y para mí casi que no lo era. Porque ya he dicho que creo aférrimamente en que el mayor motor de felicidad es el constante crecimiento humano y no aquello material. Que los baches que se nos ponen en el camino, si son PEQUEÑOS, deben ayudarnos a crecer y a mejorar. Cualquier pequeña crisis personal o laboral, si ha de ser vivida como un reto o motor de cambio, después de una inevitable lectura emocional dolorosa, y un proceso de recuperación del bienestar inicial, debe ser vivida como “bienvenida sea”, me ha ayudado a replantearme a mí mismo y a cambiar aquello que quizás de otro modo no me hubiese dado cuenta que necesitaba cambiar hasta que me hubiese dado de bruces con un muro más grande.

Escucha a tu psicólogo –yo misma lo soy- si en algún momento lo necesitas pero sobretodo escucha también a aquel –y existe- que tengas cerca, y que ha sufrido y mucho y ha afrontado la adversidad con ganas de superación. Busca y escucha a aquél “hermano mayor” en tu vida, lo más probable es que esté dispuesto a ayudarte. Porque uno, después de haber sufrido, normalmente se vuelve más humanitario.  

Para mí y bajo mi punto de vista, y aunque sea tirarme piedras sobre mi propio tejado, no escuches a esos psicólogos o aficionados del positivismo que dicen que ante cualquier adversidad buena cara. La buena cara ya vendrá con el tiempo cuando uno haya aprendido a aprender de sus experiencias. Lo patológico sería no sufrir ante la adversidad, el dolor nos hace humanos. Y cogiendo las palabras de uno que sabe más de la vida que yo, que es Jorge Bucay, “una existencia que no nos dejara conectar con la tristeza de lo que no es como querríamos terminaría anulando toda alegría”.     

Y luego está el apoyo social. Si el tal amortiguador del que hablo de momento no existe en tu vida, haz lo posible para crearlo. Que ese sea tu primer gran reto. No hay nadie que pueda pasar por este mundo sin relaciones sanas con su entorno y que ello no deje profundas heridas en su ser que cueste años de cicatrizar. Tampoco hay nadie que cuando encuentre sus imprescindibles en la vida no la empiece a vivir de otro modo.

Finamente, cree en ti. Y si las comparaciones son odiosas, por lo menos que tu comparación sea contigo mismo y con los logros que hubieses alcanzado años atrás. Si puedes sentirte orgulloso, adelante. Si no, hay algo que va mal en ti. Busca en tus relaciones sociales, en tu trabajo o en el ocio aquel nuevo reto al que afrontarte y lánzate con valor a la vida.   Y  en eso le doy a la razón a los coachs, uno debe intentar construir la mejor versión de sí mismo sin caer en la frustración de no haber alcanzado su “yo ideal”, porque eso es imposible. Uno, con las herramientas que le ha propiciado la vida, debe jugar sus cartas lo mejor que pueda.