domingo, 28 de diciembre de 2014

EL CEREBRO ES GILIPOLLAS

El cerebro es gilipollas.

No hay más.

Porque no es normal que tras millones de años de evolución aún no haya aprendido a funcionar en la dirección en la que lo hace nuestro corazón. 

No es normal.

No es normal que un “adiós” para nuestro corazón signifique un “hasta luego” en nuestro cerebro. Un hasta luego que sucede cada nanosegundo de nuestra vida justo desde el momento en que decidimos terminar nuestra historia. Una historia de la que nos despedimos con punto final, tratando de no salpicar con tinta las cercanías de ese punto sobre el papel, no fuera a ser que a alguno de los dos aquello le parecieran puntos suspensivos.

No es normal.

No es normal que mi cerebro se empeñe en recordarte en cada gesto que no nace de tus manos, en cada mirada que me cruzo sin tus ojos y en cada palabra que no suena con tu voz. No es normal que me empeñe en olvidarte y él, que tan bien conoce cada esquina de tu cuerpo, consiga colarme los recuerdos por un recoveco del corazón.

Aquel recoveco que tan bien conoces. 
El partido en dos.
El que será tuyo para siempre.

Y es que verás, hoy he hecho una lista. Una lista con todas tus manías, con todos tus defectos y con todas tus virtudes. Una lista con todas aquellas cosas que nunca quisiera olvidar de ti: la persona que ha formado parte de mi vida, la que a día de hoy forma también parte de  mí. Una lista que ha terminado humedeciendo mis lágrimas y, al mismo tiempo, al revés. Un papel humedecido por la amarga resignación a la que se aferra el olvido. 

La de que a pesar de tener tan buenos motivos para quedarme, tuve alguno más para marcharme.  

La de que tanta alegría no valiera la pena, porque la pena solía ganar todas las batallas. La de que un “me quedo” o “me voy” significara un jamás o un para siempre, un todo o nada. La de que no exista término medio para el cerebro para mantener en mi vida a quien ayer lo significó todo y a día de hoy, para el corazón, deba significar mucho menos que tanto. 

Porque no, (ex)cariño, nunca significarás NADA.

Por eso, y aunque el cerebro algún día deje de recordarme que exististe en mi pasado con cualquier cosa que haga en mi presente, déjame que te llore.

Así, de vez en cuando.

Deja que incluso olvidándome de ti, me permita algún día entre lágrimas. Que llore cada buen momento que pasamos juntos aun a riesgo de recordarlo sin la nitidez que hace poco me permitía percibirte aún con mis cinco sentidos.  

Deja que no tire estos años a la basura. 

No quiero mantener la tapa bajada. Quiero levantarla de vez en cuando para oler lo que se pudrió, para mantener lo que sigue vivo y, cuando llegue el momento, arrojarlo al contenedor. Quiero oler todo lo que me duele para, cuando se le vean los huesos a los recuerdos, estar segura de que ha llegado el momento de cambiar de bolsa. 

Una bolsa en la que, por fin, el vacío tenga algún sentido. 


Fdo: Noemí Carnicero Sans.






lunes, 22 de diciembre de 2014

A LA ATENCIÓN DE CIERTOS CONTRATANTES



Iuiu Ruiz / 26 años / Girona / Psicólogo 

Motivación para escribir en "Tengo algo que contar"
Estoy cansado de esta cultura que han instaurado. No hay decencia, no hay humanidad. Para ellos sólo somos números, un recurso, algo desechable y que pueden sustituir cuando les apetece. Y eso cansa, cansa mucho. Tanto, que al final te dan ganas de no hacer nada. 

Tema: 
Laboral. Indefensión aprendida. Psicología. Psicólogos que no son psicólogos.

A LA ATENCIÓN DE CIERTOS CONTRATANTES 

A la atención de ciertos contratantes:

Hace tiempo que quería dirigirme a una parte de vosotros porque hay algo que me molesta en referencia a un aspecto que creo que no tenéis en cuenta en la selección de personal, y es la dificultad que parece que tenéis algunos para contestar a alguien que se ha tomado el interés de dedicar parte de su tiempo en dirigirse a vosotros para intentar formar parte de la empresa a la que pertenecéis. 

De verdad, no es tan complicado. Sólo es tiempo. Únicamente hay que sentarse delante de la pantalla, abrir el correo electrónico y contestar a las personas que te han mandado su candidatura. No hace falta que tomes gran parte del día en realizar esta tarea, media hora como mucho está bien, y lo que no puedas hacer hoy, déjalo para mañana. No siempre hay que hacerle caso al refranero popular. 

Tampoco hace falta que sea un gran discurso, solamente demostrarle a la persona que te has mirado su material. Quizás no es el perfil que te interese en ese momento, quizás lo guardes para un futuro, quizás lo quieras si te demuestra algo más. Pero dilo, es la única manera que la persona pueda saber si las acciones que está realizando son las adecuadas o debe modificarlas. 

Somos seres sociales y el mundo 2.0 debería servir para facilitar la comunicación, no para poner una barrera entre las dos partes. La razón por la que he tenido que apostar por las acciones offline es precisamente ésta, por la ley del silencio que parece imperar en muchas organizaciones. ¿Es que acaso no somos dignos para recibir una respuesta? ¿No nos merecemos ser tratados como personas en lugar de usuarios? No somos trolls, somos trabajadores. 

Y os diré más. Si no sois psicólogos puedo entender vuestra manera de actuar. Pero los que lo sois, apreciados colegas, ¿por qué lo hacéis? Lo único que conseguís con esta omisión es el fomento y el incremento de la indefensión aprendida. Al igual que yo y que muchos otros compañeros habéis estudiado este fenómeno. Sabéis que se trata de la pasividad que va desarrollando una persona al tener la sensación subjetiva de no poder hacer nada para revertir una situación aversiva. 

Porque…, sí, señoras y señores, el estar sin trabajo y el ser ignorado es una situación aversiva aunque pueda no parecerlo. El hecho de ir mandando diferentes candidaturas, con diversos tipos de formatos y acciones, y no recibir respuesta alguna, hace que poco a poco muchas personas vayan asumiendo que las responsables de que no encuentren trabajo son ellas. Piensan que no son suficientemente buenas, que no valen para trabajar o que su perfil no es el adecuado para la situación actual. 

¿Por qué creéis que los jóvenes se van? ¿Por qué pensáis que las depresiones han aumentado? Porque no hay esperanza, porque no se ve luz, nada de oportunidad. Y no toda la culpa es del PP y de la crisis. Una parte de la culpa de esta falta de esperanza es de algunos que contratáis, que sois incapaces de dar un pequeño feedback.  

El poder de un mail es más fuerte de lo que parece. Las palabras albergan esperanza. Y saber que eres persona y no una herramienta de hueso y carne ayuda a seguir adelante. 
Un poco de humanidad, por favor. Un poco de humanidad. Que con un simple mail podéis demostrarla. 


 masde3mesesparado.blogspot.com 
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martes, 16 de diciembre de 2014

MIGUEL ANGEL REVILLA

"Ahora tal vez no somos del todo conscientes de lo que estamos perdiendo cada vez que un joven abandona España, las consecuencias las vamos a ver en el futuro."



Miguel Ángel Revilla, economista y político centrista español nacido en Salceda, Cantabria. Uno de los políticos mejor valorados según las encuestas. Séptimo Presidente de la comunidad autónoma de Cantabria y actual secretario general del Partido Regionalista Cantabria. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales y Diplomado en Banca y Bolsa por la Universidad del País Vasco. Además, es director de banco en excedencia y profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Cantabria. Miguel Ángel Revilla representa uno de los políticos más mediáticos de nuestro panorama actual. Para algunos, un político íntegro, leal y cercano. Para otros, un traidor y oportunista.  No obstante, si en algo están de acuerdo todos, es que se trata de un hombre enamorado y obsesionado de y por su tierra.  

 

Hola Miguel Ángel. En primer lugar, muchas gracias por sacar unos cuantos minutos de tu ajetreada agenda para compartir con nosotros un pedacito de tu experiencia. Es un placer tenerte aquí con nosotros. Comencemos, entonces, por el principio… 

-¿Por qué decidiste dedicarte a la política?
Mis inicios en la política estuvieron motivados por la exclusión de Cantabria del mapa preautonómico que comenzó a diseñarse a la muerte de Franco. La defensa de la autonomía fue mi primera motivación, primero a través de la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC), fundada en 1976, y posteriormente mediante el Partido Regionalista de Cantabria, creado en 1978 para concurrir a las elecciones municipales del año siguiente y luchar por la autonomía desde los ayuntamientos.

-¿Fue por vocación o porque los acontecimientos fueron empujándote a tomar ese camino?
Yo soy un político vocacional y sin duda fue la vocación la que me motivó, aunque los acontecimientos también influyeron. En aquel momento yo era director del Banco Atlántico en Torrelavega y disfrutaba de una vida bastante acomodada, pero lo abandoné para luchar por mis ideas y, sobre todo, por Cantabria.

-¿Qué ha sido lo más duro, para ti, de participar en política? 
Los momentos más duros que me ha tocado vivir en política han tenido que ver siempre con el terrorismo. Es terrible ver de cerca a una familia que ha perdido a un ser querido por un asesinato bárbaro y sin sentido y, por desgracia, en España hemos sufrido mucho por esa causa.

-¿Has tenido que sacrificar algún aspecto de tu vida personal en beneficio de la profesional?
He sacrificado una vida acomodada, como te apuntaba hace un momento, pero no me arrepiento. Todo lo contrario, lo volvería a hacer. Cuando he tenido responsabilidades de gobierno, he vivido momentos inolvidables solucionando problemas cotidianos y ver en esos momentos las caras de satisfacción de la gente es la mejor recompensa. Ahora que estoy en la oposición, también me siento muy honrado por la oportunidad que tengo de denunciar tantas tropelías y atropellos que se están cometiendo en nuestro país.

-Hemos pasado de falta de información a sobreinformación en muy poco tiempo. Los ciudadanos han conocido, en la mayoría de los casos, qué sucedía tras los partidos que aplaudían. La fe de la gente, hoy en día, ya no es lo que era. ¿Es posible que volvamos, alguna vez, a recuperar esa confianza?
Tenemos que recuperarla, ése es el gran reto que tenemos que afrontar los políticos. Es necesaria una regeneración democrática en los partidos y en las instituciones para demostrar a los ciudadanos que la inmensa mayoría de los políticos somos gente honrada y volcada en la defensa de los intereses comunes. 

-Mucha gente, en tus palabras, encuentra un remanso de claridad. Hablas para que te entiendan y te atreves a decir lo que muchos piensan y, sobre todo, tantos callan. ¿Qué otros factores crees que han ayudado a que tanta gente te tenga como referente?
No sabría decirte, de hecho siempre me he preguntado qué ve la gente en mí y por qué me aprecia tanto. Yo me siento una persona muy normal y todavía me llama la atención despertar tanto interés en la gente. Creo que es porque hablo claro y me entienden, a diferencia de lo que ocurre con la inmensa mayoría de los políticos en nuestro país. 

-Se ha comentado que todo lo que ganas con tus intervenciones televisivas lo destinas a una causa social. Cuéntanos cuál es y por qué tomaste esta decisión. 
Yo nunca he cobrado por aparecer en un programa de televisión, pero es cierto que las productoras que los realizan ofrecen compensaciones económicas que, en mi caso, he destinado a organizaciones sociales como la Cocina Económica de Santander y la Fundación Asilo San José de Torrelavega. Creo que es la mejor forma de emplear ese dinero.

-Hay quien juega con la frase hecha de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Sin embargo, en algo habremos mejorado. De hecho, tu próximo libro se titula “Este país merece la pena”.  Por lo tanto, aún con la situación actual, ¿en qué crees que hemos mejorado? ¿Se puede hacer alguna lectura positiva de todo esto que está pasando?  
Incluso de las peores situaciones, siempre se pueden sacar lecciones positivas. Esta crisis ha puesto en valor por ejemplo la enorme solidaridad que existe en nuestro país, con gente que de forma totalmente desinteresada está dispuesta a ayudar a aquel que más lo necesita. En mi libro y en el programa de televisión que he tenido la oportunidad de realizar para Tele5, hay ejemplos maravillosos de solidaridad.

-A los de nuestra generación nos llaman “la generación perdida”. ¿Crees, realmente, que estamos ya tan determinados por las circunstancias actuales que esta etiqueta nos va a hacer justicia de ahora en adelante?
La verdad es que lo tenéis difícil y, en gran medida, sois una generación perdida, porque los mejores se están marchando del país en busca de oportunidades y salidas laborales. Ahora tal vez no somos del todo conscientes de lo que estamos perdiendo cada vez que un joven abandona España, las consecuencias las vamos a ver en el futuro, por lo que creo que sí, que esa etiqueta va a perdurar en el tiempo.

-¿Qué aconsejarías a aquellos que han perdido toda esperanza?
Es difícil ofrecer consuelo a quien ha perdido la esperanza, pero yo soy una persona positiva y no suelo tirar la toalla. Quienes se sienten así deben pensar que esta crisis va a pasar, como han pasado todas, y que siempre es posible hacer las cosas de otro modo y mejorarlas. Tenemos que darnos una oportunidad entre todos para devolver a este país al lugar que nunca debió abandonar.


lunes, 8 de diciembre de 2014

LO QUE NO ÉRAMOS

Perdona.

Perdona por haberme aferrado a la idea de que un “nosotros” tenía que ser sí o sí. Perdona por haber creído firmemente en la idea de que un “para siempre” podía ser nuestro apellido y perdona, sobre todo, por no haberlo podido cumplir.

Ayer vivía en un presente libre de pasado. Hoy vivo en un futuro muy distinto al que planeé. Un futuro en el que, de repente, no cabe tu nombre. Un futuro en el que muy lejos de coincidir con los sueños que tenía, me zarandea para que me ponga de nuevo en la posición de salida. Aquella en la que arrastrando lo que he aprendido, me permita reencontrarme con ella.  

Con esa parte que perdí:
Yo.

La misma que, a fuerza de quererte tanto, fue olvidándose de las reglas del juego. Aquellas en las que dabas para recibir y apostabas para ganar. Las reglas en las que invertías todo lo que tenías porque, creías, el riesgo de perderlo todo no entraba dentro de las posibilidades. Aquellas en las que endeudarte y que embargaran una parte de lo que eras no tenía lugar entre las alternativas. 

Lo aposté todo. 

Puse todo lo que tenía en tus manos. Puse en ellas mis sueños contigo, un futuro a tu lado y el compromiso más importante de todos: un lucharé hasta el final. Un final que, por suerte o por desgracia, ha llegado para deshacer las expectativas que ya no estábamos cumpliendo. Porque no, ya no llegábamos a la altura de lo que un día fuimos, ni a la altura de lo que los dos nos merecíamos que fuera.

Lo siento.

Siento sentir aún tu último abrazo. Siento soñarte sin querer, despertarme con la respiración entrecortada, que se me desgarre el alma y que cada uno de tus recuerdos me arañe el corazón. Porque sí, ya me llegas en color sepia, difuminado en nitidez y provocándome suspiros cargados de algo muy diferente a lo que alimentaba los primeros que escuchabas cerca de tu oído.

Pena.

La de que no haya podido ser. La de que nos mereciéramos algo mejor. La de que la felicidad no casara con nosotros y la de que todas nuestras virtudes no fueran suficientes para compensar lo que nos estaba pesando mucho más.

Lo que no éramos. 

Y ahora, y comenzando a ser consciente de la suerte que he tenido de que aparecieras en mi vida, lloro cada recuerdo mientras me despido de ellos diciéndoles “me alegro de haberos vivido”. Porque sí, he tenido suerte. Suerte de haberlos coleccionado a tu lado. Suerte de haberlos sentido e, incluso, suerte de que a día de hoy puedan formar parte de mi memoria.

Aunque duela.
Aunque duela tanto.

Porque cómo se supera. Cómo se supera un “no ha podido ser”. Cómo se supera lo que no hubieras querido tener que superar jamás. Superar un “lo dimos todo, pero no funcionó”. A ver, explícame cómo, porque yo quiero el atajo.

Quiero el atajo para dejar de sentir el dolor de la pérdida y, al mismo tiempo, la confusión de esta extraña recuperación. Quiero el atajo para volver a sonreír sin esforzarme y, sobre todo, el atajo para volver a estar a tu lado.

A tu lado pero esta vez, ya, sin que mi piel sea de tus manos. 



Fdo: Noemí Carnicero Sans.




lunes, 1 de diciembre de 2014

JORGE MARRON MARTIN


"El éxito de El Hormiguero radica en que tanto los invitados como los telespectadores consiguen desconectar del día a día durante esos tres cuartos de hora."




Jorge Marrón Martín. Nacido en Talavera de la Reina, Toledo, en 1980. Guionista, colaborador en El Hormiguero y en el programa radiofónico "Yu". También es integrante del grupo musical El hombre linterna, creador de la empresa de espectáculos "Tres calaveras huecas" y del programa "Peliculeros", en Paramount Channel. Inquieto por naturaleza y curioso por vocación.  


-Hola Marrón. Comenzando por el principio, cuéntanos… ¿Qué querías ser de mayor cuando eras pequeño?
Pues siempre quise ser algo relacionado con el arte: dibujante, actor, estrella del rock… pero nunca me lo imaginaba siendo mayor, me veía a mí mismo haciendo esas cosas con el formato corporal de aquel entonces: pequeñito y con gafotas.

-¿Cómo y cuándo comenzaste a dar tus primeros pinitos en el mundo artístico?
En las obras de teatro que hacíamos en mi colegio. Grandes producciones como “El calderero” de gran éxito de público y crítica… aunque en realidad el público y la crítica eran los mismos: los padres. Así que tampoco es que tuviera mucho mérito. 

-¿Cómo llegaste en 2006 al programa radiofónico de Pablo Motos?
A los pocos meses de que empezara “No Somos Nadie” quedó vacante un puesto de guionista. Pablo le preguntó a Juan y Damián (que ya eran amigos míos) si conocían a alguien que fuera igual de “tontorrón” que ellos. Le dijeron que sí, hice una prueba de guión que a Pablo le gustó, quedamos para comer y conocernos y ahí me contrató.

-Tras el éxito del programa, este se llevó a televisión. ¿Qué significó ese cambio en tu vida?
Pues imagínate, algo importantísimo. Éramos gente de radio, acostumbrados al ritmo y forma de trabajo de la radio que de repente se ponían frente a las cámaras para intentar trasladar el mismo espíritu de “No somos Nadie” a un formato visual… de primeras el vértigo era enorme, pero con mucho trabajo y apoyo entre nosotros lo conseguimos. 

-¿Qué es lo más divertido de trabajar en El Hormiguero? ¿Y lo más duro?
La gran variedad de experiencias que tenemos en el programa y poder vivirlas junto a tus amigos, eso no tiene precio. Lo más duro es que de Lunes a Jueves no tenemos vida social, nos pasamos todo el día allí (porque a parte de colaboradores también somos guionistas), pero con el buen ambiente que tenemos con nuestros compañeros lo duro es mucho menos duro.

-El Hormiguero recibió en 2008 un premio Ondas al mejor programa de entretenimiento. ¿Por qué crees que se ha convertido en un éxito rotundo que bate audiencia a diario?   
Yo creo que el éxito del programa radica en que tanto los invitados como los telespectadores consiguen desconectar del día a día durante esos tres cuartos de hora, y además conseguimos contagiarles el buen rollo que hay entre nosotros y el cariño con el que hacemos el programa.

-¿Compaginas tu paso por El Hormiguero con otros proyectos?
Sí. Juanito, Damián y yo tenemos una empresa juntos, “Tres Calaveras Huecas”, con la que hacemos guiones y espectáculos de monólogos, y también intentamos servir de plataforma para nuevos cómicos… es un poco devolver el mismo favor que nos hizo Pablo a nosotros con las nuevas generaciones, ya que hay gente con muchísimo talento. Además tenemos el programa “Peliculeros” en Paramount Channel con el que estamos encantados, y colaboramos con el programa de radio “Yu” una vez a la semana… vamos, que sólo nos falta aparcar coches en la puerta de Pachá por las noches.

-¿Qué es lo que más te ha costado conseguir hasta el momento?
Aprender el oficio de guionista con lo que ello conlleva, venciendo inseguridades y también controlando el ego (gran enemigo del ser humano) y es que como dice mi gran amigo Juan Herrera “un guionista es una rata con un folio”, y aunque suene raro es muy acertado.

-¿Y lo que más feliz te ha hecho?
Comprobar el cariño que nos tiene la gente y que tu trabajo sea valorado, tanto en nuestro país como fuera.

-¿Hay algo, a estas alturas, que aún te quede por hacer? ¿Algún sueño inconfesable?
Por supuesto, me quedan muchos sueños por cumplir todavía, por ejemplo escribir una serie o película de dibujos animados sería un sueño hecho realidad.