miércoles, 16 de diciembre de 2015

SE TE CONCEDE


Ey, escúchame.

Se te concede perderte. 

Se te concede derrumbarte cuando sientas que, este mundo, no está hecho para ti. Se te concede bailar con tus debilidades, llorar tus fracasos e, incluso, llegar a reconocerlos. Se te concede, porque eres humano. Porque nadie esperaba de ti que fueras perfecto. Porque es demasiado difícil mantenerse ahí arriba cumpliendo las expectativas que tú mismo fuiste generando en los demás. 

Y es que de vez en cuando llegan momentos en los que la vida te reta. En los que esta sabe, por anticipado y con ventaja, que te ganará. Momentos en los que lo mejor que puedes hacer es rendirte y, después, aceptar tu derrota. Aceptar que a pesar de todas tus virtudes hay un límite dibujado para todos y, por supuesto, también para ti.   

Y es que, de repente, un vendaval te tumba y te sorprende. Te desequilibra justo en una cima a la que llegaste peldaño a peldaño. Nadie te había enseñado a saltarla, a bajar de ella de vez en cuando o a volar alrededor por si algún día te caías. 

¿Pero sabes qué te digo?
Que te caigas. Que no pasa nada.
Porque se te concede.

Se te concede, tan solo por unos instantes, sentirte perdido, asustarte y llenarte de toda esa angustia que te impide recordar en qué momento perdiste las agujas de la brújula con la que solías orientarte. Se te concede olvidarte de tu sonrisa, creer que no lo vas a conseguir e, incluso, pensar que estás solo en esto.

Se te concede.

Porque tan solo aquellos que se dan cuenta de sus flaquezas pueden ponerles remedio. Porque solo cuando te derrumbes, podrás levantarte. Porque solo cuando te caigas, podrás decidir si ese es el camino por el que te conviene o no continuar.  

Véncete perdiendo.

Porque será, entonces, cuando asumas que no puedes más. Será entonces cuando toda aquella energía que destinabas a disimular puedas usarla para recuperarte. Para volver a ser tú. Para llevarte lo mejor de lo que eras junto con todas aquellas nuevas cosas que hayas aprendido.

Ríndete, porque se te concede.

Y así, al mismo tiempo en que tus fortalezas se estén hundiendo, apláudete. Despídete de ellas durante unos días y, con un “hasta luego”, asegúrate de que entienden que os volveréis a ver. Cuando ellas estén preparadas para volver a ser tu escudo. Cuando en realidad entiendas que tú, eres tu mejor arma. 

Y hasta las mejores, amigo, se quedan sin cartuchos. 

Así que no. NO eres débil. 

Este momento de tu vida NO define lo que eres. No ensucia lo que has conseguido y, por supuesto, no determina lo que serás. Te has caído. Y no pasa nada. Las frases optimistas las inventaron para aquellos que van sobreviviendo con medias sonrisas y para aquellos que ya no las necesitan. 

Pero no para ti.

Deprímete unos días. Los necesarios. Los justos para resurgir sin miedo. Con la confianza que te den aquellos que te entiendan, con el cariño con el que te traten los que sepan que tú eres especial en cada una de tus versiones. Incluso en esta. Incluso en la peor. En la que tú nunca te hubieras imaginado estar, en la que nunca te hubiera gustado vivir e, incluso, en aquella de la que te avergüenzas.

Pero no te equivoques. 
Porque de esta, vas a salir.  

Ahora que ya nos hemos deprimido un rato, mira el reloj. No te voy a pedir que sonrías, pero sí que confíes en ti. Que confíes en la posibilidad de volver a estar bien. Que confíes en “las malas rachas”, porque eso es justo lo que está pasando por tu vida. Por eso, tan solo te permito y te concedo que te deprimas si entiendes que después de haber llorado y después de haberte hundido el tiempo de recuperación lo marcas tú. 

Has tenido sensación de ahogo, pero no te has ahogado. 

No permitas que desaparezca la diferencia entre lo uno y lo otro y ve en busca del flotador que te ayude a llegar a toda costa. No te diré que sano, porque prefiero que llegues con cicatrices. Pero sí salvo.

Yo, veo unos cuantos flotadores esperándote.

¿Los ves tú?     

Noemí Carnicero Sans.



lunes, 2 de noviembre de 2015

EQUIVÓCATE

Voy a proponerte algo:
Si algún día renuncias a ser perfecta, ven a equivocarte conmigo. 
Cuando quieras. 
Cuando decidas que lo mejor que podría habernos pasado es habernos hecho daño por habernos conocido. 
Cuando no te importen los rasguños ni las heridas. 
Porque mientras haya tiritas que puedan pegarse a base de besos
Y cicatrices que puedan coserse a base de abrazos
El "resto", puede que termine convirtiéndose en un "todo".

Noemí Carnicero Sans

LLAMARÉ CON UN BESO

 

jueves, 29 de octubre de 2015

MI PUNTO Y SEGUIDO

Cuando me miras.

Cuando me miras se enciende la vida que no he vivido con nadie. Se para el reloj y las agujas se mudan. Comienzan a volverse locas en aquella brújula que, desde que tu nombre es Norte, ya no saben señalar al Sur. Porque es contigo con quien voy hacia adelante. 

A besos y a versos. 
Contando párrafos y palabras, páginas y capítulos. 

Tratando de hacerte un hueco entre todas aquellas historias que dejaron mis estanterías llenas de un polvo que desapareció cuando abriste mis ventanas. Cuando viniste. Cuando tus primeras palabras marcaron las coordenadas, cuando recuperé el sentido, cuando mis pesadillas se convirtieron en aquel sueño ligero del que me despertaste con un beso.

Aunque ni bella, ni durmiente.  
Solo yo. 

Un pronombre tan personal como mi vida, como las ganas que tenía de tejerme individualmente a tu lado. Hasta que no me quedase más remedio que compartir manta. Hasta que mis tentaciones me llevasen hasta aquellas sábanas que nos atreveríamos a enredar entre nuestros pies. Justo de la misma manera en que enredaríamos nuestras conversaciones cuando intentásemos decírnoslo sin palabras. Sin pronunciarnos por miedo a quedarnos sin ellas, sordos de silencio y heridos por sentir. Reusando tiritas gastadas e intentando confiar a ciegas en seguir viendo a través de nuestra sonrisa después de que nos la rompieran. 

De que nos dejaran a medias. 
De sueños y de expectativas, de fechas y de promesas. 

Contigo desaparecieron las alternativas, convirtiéndose la única opción en una obligación huérfana de cualquier letra pequeña con la que pudiera renunciar a ti. Y aprendí a conjugarte, a que fueras acción entre mis días, a dejarte ser el verbo que hoy me recorre por las mañanas, a ser el sustantivo que apellida la felicidad en la comisura de mis sonrisas y el adjetivo en el que me conviertes cada vez que me dices guapa

Porque en mi vida eres, haces y describes. 

Eres mi punto y seguido, coses páginas a mis finales y te inventas vocabulario para un diccionario que, hasta que llegaste tú, estaba perdiendo su abecedario.

Fdo: Noemí Carnicero Sans

 
Foto original: https://www.flickr.com/photos/zahne/8440027033/

miércoles, 21 de octubre de 2015

CONMIGO

“Jo-der”.

Que mientras te estaba diciendo que no, en realidad, mis besos te decían que sí. Que esas pocas ganas mías de enamorarme, han perdido. Que mi credibilidad se ha fugado con tus labios y mi corazón, por exceso de tiritas, latía a la mitad. Que sobreprotegí mis ganas de querer, les puse bozal para que no hablaran, para que de ninguna forma su manifiesto terminara delatándome a mí, que no quería.
Y resulta que, cuando estaba yo más convencida que nunca, me fastidiaste.

Me fastidiaste haciéndome sentir bien. Me fastidiaste tratándome con dulzura, con cariño y, por qué no, añadiéndole esa dosis de locura a tus abrazos. La fastidiaste comprendiéndome, dándome aquel margen de maniobra que nadie más me había dado. Haciendo gala de una paciencia infinita, adaptándote a mi ritmo. Un ritmo que ni siquiera yo sabía cómo seguir. 

Porque por miedo a tropezar, me detuve.

Detuve mis pasos para no caminar contigo. Para no hacerte un daño que, en realidad, tenía miedo de hacerme a mí. Me detuve, precisamente, porque quería correr. Pero es que aún no había aprendido a caminar. Así que lo hice sola. Aprendí a dar un paso después del otro, a conocerme a mí, a solas, conmigo.

Y yo que no quería querer, desde que te quiero, he perdido. 
Porque me has ganado.  

Porque te has ganado lo mejor que quiero sentir por alguien. Porque quiero apostar aun a riesgo de perder, porque no quiero seguir perdiéndote cada día, cada vez que no me tiro a la piscina cuando me apetece decirte “te quiero”, cada vez que me quedo sin tus caricias cuando no nos damos la mano. 
Quiero poder quererte sin miedo. Porque me has enseñado a no tenerlo. Porque me has enseñado a querer otra vez. Algo que, creía, no volvería a suceder jamás. No así, no aquí, no tan pronto. 

Pero sí tú.

Porque sé, desde que llevo conociéndote, que he tenido suerte. Suerte de encontrarte, de compartir maravillosos momentos contigo. Suerte de que hayas sido paciente, de que hayas sabido cómo, cuándo, dónde y por qué. Como si llevaras conociéndome toda la vida. Como si tratar conmigo siempre se te hubiera dado bien. 

Que me siento yo, porque tú haces que me sienta así.  

Y por eso quiero un “yo” a tu lado. Quiero un “poco a poco” pero sin miedos, sin excusas, sin extras, sin “vacíos legales”. Quiero un “nosotros”, sin filtros. Que me abraces cuando quieras, que me beses cuando te apetezca y que, cada vez que lo sientas, puedas demostrármelo sin esa presión que has tenido hasta ahora por miedo a que nunca sucediera lo que has terminado consiguiendo.

Que te quiera. 
Que me esté enamorando de ti. 

Siempre se necesita un prólogo interesante para una historia que pueda valer la pena. Así que gracias por haber querido seguir después. Gracias por haber querido seguir leyendo lo que yo escribía. 

Ahora, quiero que escribas conmigo.


Fdo: Noemí Carnicero Sans

 Foto original: https://www.pinterest.com/pin/492722015456181684/ 

sábado, 8 de agosto de 2015

COMENZAR

Es mucho más que partir de cero.

Es comenzar de nuevo.

Empezar otra vez pero, ahora, con todo lo que has aprendido. Con tus errores y con tus virtudes, con tus éxitos y con tus fracasos, con lo que te dieron y con lo que te faltó.

Es comenzar de nuevo, más que de cero, porque no estás volviendo hacia atrás. No se trata de desandar el camino recorrido, tampoco de borrar las huellas que te trajeron hasta aquí. Se trata de continuar en otra dirección, en aquella en la que no necesites perderte para encontrarte. 

Aquella donde, ahora, la brújula seas tú.


Noemí Carnicero Sans

SIEMPRE UN POCO MÍO


Serás siempre un poco mío.

Como los besos que des a otras cuando lleven un poco de lo que aprendiste en mis labios. Como cuando en la cama sus gemidos no se parezcan a los míos y, entonces, te acuerdes de mí.

Serás siempre un poco mío cada vez que abraces a otra y tus latidos sigan golpeándote los recuerdos al mismo ritmo. A aquel ni que se inmuta cuando una caricia no sabe traspasar más que la piel.

Seguirás siendo mío cuando un olor te devuelva mi imagen, cuando lo que te quedó pendiente conmigo sea lo primero que hagas con ella. Cuando la complicidad que no sientes en sus miradas te remueva el remordimiento por estar acordándote de mí.

Y es que yo.
Yo fui la causa, la consecuencia y la solución.

La misma que te quiso a rabiar y la que se acuerda de ti. La que te busca en los sueños que revuelven un pasado al que solo se le da al Play cuando sabe que estoy en Standby.

Porque desde ahí es desde donde suceden las cosas.
Desde el fondo.

Desde el fondo del alma,
De los recuerdos,
Y del corazón.


Noemí Carnicero Sans.



PUEDE



Puede que si vuelves a abrazarme,
Desafíes a todas aquellas lágrimas con las que te he llorado.
Puede que todo este tiempo deje de servir,
Porque a poco centímetros de ti
Es a aquellos en los que todas mis fortalezas se vienen abajo.
A pocos segundos de la promesa que rompimos,
De aquel beso de tu boca,
De aquella forma de decirnos que aunque así no,
Sí.
Que los recuerdos siguen alimentando este deseo,
La pena de nuestro "no pudo ser",
La nostalgia de todo lo que fuimos.
Porque eras aquella nube sin forma,
Aquel mar sin olas,
Y aquella casa sin cimientos con la que mi amor, desde que aprendí a suspirar por ti, se tambaleaba.
Como se tambalea aquello que quiero pero no puede ser,
Como se tambalea el que lo intenta sin estar preparado.
Pero te sueño.
Sigues despertándome todas las madrugadas.
Sigues dibujando el punto de todos mis interrogantes.
Sigues acelerando todos mis jadeos.
Porque sigues siendo tú,
Porque sigue tratándose de ti.
El que desterró del diccionario un "ojalá" para enclavar su nombre.
El que retó a los sueños a seguir apareciendo bajo la misma definición.
El mismo que, bajo el desafío de un suspiro incontrolado, me hizo desear una vida entera a su lado.
Un deseo tan fugaz como aquella lágrima de San Lorenzo.
La misma a la que te pedí.
Parecida a la que lloré.


Noemí Carnicero Sans



TÚ NO PASAS; TÚ, SUCEDES


Como suceden todas aquellas cosas que nos dejan huella en el corazón.

Como sucede todo aquello que nos deja con la sensación de que, hasta entonces, no nos había sucedido nada.
Porque sucedes.
Apareces y aconteces.
Conviertes en activa la pasiva provocando que un proceso tan automático como respirar requiera de nuevo de mi atención y de mi aprendizaje.
Porque me ahogo.
Porque cuando no me faltas tú, me falta el aire.
Y es que quiero perderme.
En tus ojos.
Y que nadie me rescate.
Que mi brújula se quede sin pila y mi timón sin rumbo. 
Y que al acelerar, nos dejen sin frenos.
Que contigo, lo quiero todo. 

Noemí Carnicero Sans



miércoles, 1 de julio de 2015

SI HOY ESTUVIERA CONTIGO


Si hoy estuviera contigo, probablemente, te despertarían mis besos antes que el despertador. Treparía con mis labios hasta tus pestañas y dejaría la huella de un sonido en cada uno de tus párpados. Si hoy estuviera contigo, agotaría a cuentasílabas todos los te quiero que me quedaban aún por susurrarte. Me abrazaría a tus mañanas enroscándome entre tus piernas, buscando el mejor truco para tejerle un nudo a cualquier instante del que debería ser delito escaparse con pena, pero sin gloria.

Si hoy estuviera contigo prepararía un desayuno entre tu boca y la mía. Le pararía el tiempo al reloj tras marcar cada segundo con el compás de mis latidos. Aceleraría la pasión, multiplicaría la ternura y dividiría todas aquellas veces en las que alguna de tus virtudes me rozó, deseando no pasar inadvertida.

Te pediría perdón tras cada te quiero. Por ansiarte tanto, por depender mis sonrisas de las tuyas y, sobre todo, por condicionar el brillo de mis ojos a tu forma de mirarme. Te pediría perdón por haberlo querido tan todo contigo, que me olvidé de ti. De aquella parte que, en realidad, nunca quisiste hipotecar tan alto. La misma que a base de silencios ensordecedores me avisaba de que, “así, no”.

Si hoy estuviera contigo, nos estaríamos celebrando. Brindando por lo bueno y por lo malo, por lo mejor y por lo peor. Brindaríamos por todo lo que nos hubiera pasado, si es que hoy hubiera estado contigo. Brindaríamos por haber decidido seguir escogiéndonos en cada parte del camino. Por haber seguido de la mano, aun habiendo coqueteado con soltarnos. Hoy celebraríamos que un tú y yo, seguiría teniendo sentido dentro de un nosotros. Que estaríamos de acuerdo con un plural compartido, y que nuestro futuro, seguiría siendo el lugar al que llegar, pero nunca del que huir.

Y es que si hoy hubiera estado contigo, con sabor a Emilia y con olor a carbonara te daría las gracias por haberme permitido soñarte aun durmiendo a tu lado. La felicidad resbalaría por mis mejillas solo con mirarte, como todas aquellas veces en las que me parecía que la realidad estaba superando mi ficción. Celebraría seguir enamorada de ti, de la única persona que consiguió que metiera el corazón en una maleta despidiéndome de una zona de confort a la que, creía, no tener que volver jamás.

Por eso hoy, que eres el motivo de mis lágrimas pero ya no de mis sonrisas, me acuerdo de todo lo que hubiera estado dispuesta a entregar por recuperar tan solo un ápice de la única persona que me hizo sentir que la vida no tenía por qué valer tanta pena.


Y es que si hoy estuviera contigo, hoy no estaría aquí. Celebrando el no celebrarnos y, sin embargo, pensando en ti.  


Noemí Carnicero Sans



jueves, 14 de mayo de 2015

Noemí Carnicero Sans


Anna Molas se puso en contacto conmigo para, a través de una entrevista, recoger información sobre la utilización de los sentimientos en los medios de comunicación. Ella es estudiante del grado de Comunicación Cultural en la Universidad de Girona y, para su proyecto de final de carrera, necesitaba analizar diferentes blogs de temática personal. Además, Anna ya era previamente seguidora de Lasubasta, por lo cual, responder a sus preguntas, ha sido un honor para mí. Aprovechando lo interesante de estas, la comparto con todos vosotros.  

- Nombre, edad, profesión, población.

Noemí 
24
Escritora freelance, Psicóloga y estudiante de Comunicación.
Lleida 

- Toda persona necesita expresar sus pensamientos de una forma u otra. Hay gente que lo hace mediante la escritura, todo un arte que se considera "una unión entre el corazón y el ingenio". Así pues, ¿tú por qué escribes? ¿Estás de acuerdo en que escribir sería la unión entre sentimientos y pensamientos?

Estoy de acuerdo con esa afirmación. Escribo porque me parece la mejor forma de poner en orden mis pensamientos, desglosar mis sentimientos y encontrar el sentido de la unión, efectivamente, entre ambas. Cuando escribo, el consciente y el inconsciente se alían para coger el bolígrafo y trazar sus primeras palabras. En cada una de ellas, hay una mezcla de los dos. De lo que yo quiero que salga, y de lo que ni siquiera sabía que iba a salir. Por eso, las palabras, son el mejor espejo donde mirarme. 

- ¿Por qué decidiste abrir un blog? ¿Te lo pensaste mucho o fue un acto impulsivo?

Lo pensé detenidamente y, por ello, diseñé a conciencia una estrategia de difusión en la que combiné el mundo online y el mundo offline. Cada día se abren, en el mundo, más de 60 blogs por minuto. Por lo tanto, si quieres que tu blog sea diferente, tienes que hacer algo diferente. Aunque esta diferencia comience, simplemente, por ser constante con aquello con lo que te comprometes. Yo decidí abrirlo por la necesidad de compartirme con los demás y de sentir la complicidad de quien se identifica con alguno de tus textos.  Sabía que, además, podía representar una ventana a nivel de oportunidades, como así ha terminado siendo. Hay quien prefiere guardar para todo aquello que escribe, ya que es bien sabido que “escribir significa mostrarse en exceso”. A mí, me gusta mostrarme. O, al menos, enseñar aquello que yo decido mostrar. Es una forma de llegar al corazón de los demás, de conocer y de que te conozcan. De hecho, gracias al blog, he tenido la oportunidad de conocer gente maravillosa de alrededor del mundo.  

- ¿Cómo definirías la temática de tu blog?

El blog nació con el objetivo de difundir optimismo. Surgió en un estadio previo al auge que se comenzó a vivir con el tema del coaching, positividad, motivación… Pretende ser inspiracional, pero también es mi rincón de pensar, por lo cual, aunque en todos los textos hay un matiz optimista (porque yo lo soy), escribo en función de lo que me apetece, sucede en el mundo, o me sucede a mí.  

- ¿Por qué el blog tiene este nombre y no otro? ¿Hay alguna historia detrás?

Estaba de Erasmus cuando se me ocurrió el nombre de “La subasta de mi vida” para uno de mis textos. Entiendo y camino por la vida a base de simbolismos y metáforas. Así es como mi cabeza le encuentra sentido a las cosas. Por eso, a raíz de una canción que hablaba de una subasta, relacioné conceptos y se me ocurrió el primer texto que podéis leer en el blog. Ese fue el primer texto, desde que recuerdo que escribo, con el que me sentí 100% satisfecha, cosa que no me había sucedido hasta entonces. Se convirtió en mi texto amuleto, porque gracias a él me sucedieron muchas cosas positivas (lo citaron en El Mundo, me felicitó un escritor y hasta, incluso, ¡me invitaron a una fiesta en casa de Pascual Maragall! Jajaja). Decidí que ese tenía que ser el nombre del blog. Con ese título, nada podía ir mal. :P

- ¿Cuál es el objetivo del blog?

La finalidad de mis textos y entrevistas es remover conciencias, conectar emociones y provocar, en el mejor de los casos, sonrisas.   

- ¿Tienes un mínimo y / o un máximo de posts que puedes publicar en un mes?

El mínimo y el máximo me lo marco en función de mis ocupaciones. Cuando lo inauguré me comprometí conmigo misma a publicar una vez por semana. Ahora, dos años y medio después, me resulta prácticamente imposible, por lo que voy publicando a medida que el tiempo me lo permite. Aun así, intento seguir siendo constante. Publicando menos, pero sin dejar de hacerlo.

- ¿A partir de cuántos posts empezaste a tener muchos seguidores?

Desde el primero, al inaugurar el blog llevando a cabo la estrategia online + offline. No obstante, fue con Aeropuerto Emocional que se dispararon las visitas llegando a alcanzar 38.000 visitas en una semana y compartido más de 7.000 veces.   

- ¿Te importa el número de personas que se leen tus escritos?

Sí y no. Cuando publicas un texto en las redes sociales lo haces con la intención de compartirlo con el mayor número de gente posible. Las visitas son un feedback real de la repercusión de tus textos, de si gustan o no, especialmente basándonos en las veces que se comparte. No obstante, no siempre cuento con el tiempo de diseñar estrategias de márketing para que cada texto llegue al público idóneo, en el momento idóneo, en el lugar idóneo. Eso requiere tiempo, y a veces no lo tengo. Por eso, cuando algún texto dispara las visitas, generalmente es porque he invertido tiempo para que así sea. Si no, llega a un número de gente que ya preveo anticipadamente.  

- ¿Analizas el hecho de que unos posts sean más leídos que otros?

Sí. Yo puedo escribir para mí o para mí y los demás. Cuando es para el blog, se trata de la segunda opción. Escribo sabiendo que me van a leer. Por lo tanto, intento adaptarme a aquello que se espera de mí, a aquello que sucede en el mundo, a aquello que le preocupa o le interesa a la gente. De otro modo, no tendría sentido escribir tan sólo pensando en uno mismo sin tener en cuenta a los demás. Para eso, no te abras un blog. Abre tu diario, y empieza a escribir.

- ¿Tienes Facebook Fan Page y Twitter del blog?

Fan Page en Facebook sí. Twitter, no.

- ¿Cuál es tu criterio a la hora de escribir? ¿Tienes algún autor de referencia o que te haya inspirado?

Mi criterio es, como te he comentado anteriormente, aquello que sucede en el mundo, aquello que me sucede a mí o, incluso, aquello que me podría llegar a suceder. Me gusta ser una actriz con lápiz en la mano. Me gusta ponerme a prueba y empatizar con desconocidos escribiendo sobre cosas que no me han pasado a mí. Es una forma diferente de sentir, un modo de conectar con personas e historias diferentes y hacerse una ligera idea de cómo podrías sentirte tú si te pasara. Además, también es una fórmula ideal para no aburrir al público por temporadas. Por ejemplo, si lo dejo con mi pareja, no quiero machacar a los lectores con textos tristes durante todo mi proceso de duelo, sino que intentaré, de vez en cuando, volverme a enamorar aunque sea a través de un texto. ¡Variedad! :)

- ¿Qué blogs te han servido de modelo? ¿Consideras que hay alguno de referencia?

No soy seguidora de ningún blog en concreto, lo cual es extraño considerando todo lo que me ha aportado a mí el mío. Pasé directamente del mundo offline al online, sin seguir previamente a nadie. Sólo sabía que quería un blog, y lo creé. Aun así, de referencia, podríamos mencionar a miles. Hay mucho talento en la red.

- ¿El estilo que utilizas es usado a conciencia o crees que es tu singular manera de expresarte?

Una mezcla de ambas. Este estilo no ha nacido conmigo, sino que me he ido haciendo con él. Y es, según mi forma de ser y de expresarme, con el que más a gusto me he sentido. Por lo tanto, cada vez que me pongo a escribir, tengo una idea previamente definida sobre cómo quiero que quede el texto. Dónde quiero darle más emoción, más ritmo o mayor ligereza. A partir de aquí, me esfuerzo por conseguirlo en cada parte de él. Escribir, para mí, es involucrarme consciente e inconscientemente con cada párrafo. No se trata de una lluvia de ideas, así como tampoco de una tesis doctoral. Un texto es, para mí, un dibujo en blanco y negro que después hay que ir coloreando.  

- ¿Escribes como hobbie o porque quieres vivir de la escritura?

Ambas. El blog nació como hobby, pero tenía la intención de que en un futuro atrajera oportunidades. A raíz de su repercusión, se me ocurrió la idea de Yaestáescrito, en la que pongo mi escritura al servicio de los demás. Desde allí, escribo textos y libritos personalizados en los que narro los mejores momentos de la vida de las personas ya sea en formato carta, o en forma de narración. Ellos lo viven, yo lo escribo y, si les gusta, se lo regalan a su destinatario.  

- ¿Qué crees que buscan tus seguidores a la hora de leer tus textos?

Emocionarse. Escribo cada línea persiguiendo una emoción. Cada párrafo tiene una función y si no consigue, al final del texto, remover algo por dentro en la mayoría de quienes han puesto sus ojos sobre él, no ha funcionado. Hay textos mejores que otros, pero el día en que la mayoría coincida en que se ha aburrido con alguno, tendré que hacer borrón y cuenta nueva con ese texto. 

- ¿El hecho de abrir el blog y tener bastantes seguidores hace que diferentes marcas te proporcionen artículos para que así tú hables de ellos en tu próximo post como ocurre con la aplicación de Instagram?

Sí. Digamos marcas, personas o pequeños negocios. Lo hago, no obstante, desde mi cuenta personal de Facebook. Sin embargo, cuando algo o alguien me interesa por algo en concreto y quiero que el mundo sepa que existe, soy yo quien los busco para entrevistarles y compartirlos en el blog.


Entrevista de Anna Molas

jueves, 16 de abril de 2015

PONME TU NOMBRE


Me ruborizas. 

Consigues pintarme un beso en las mejillas sin ni siquiera rozarlas. Consigues entrecortar no sólo mis palabras sino, y por si fuera poco, también mi respiración. Que se seque el aire que muere en mis labios y, al mismo tiempo, que sienta frío cuando tengo calor. 

Y me lanzas una breve mirada que mi imaginación eterniza. Y cruzas cuatro palabras conmigo en un intento de que un monólogo se convierta en conversación. Y yo, que sólo quiero fantasear con tu voz, dejo que esa melodía seduzca mis sentidos. Y así, que mi corazón baile al ritmo de tu respiración. 

Así que mientras tú juegas a no darte cuenta de que nuestros silencios están llenos de palabras, te espero aquí. Justo en un presente que no se acuerda de su pasado y que, tampoco, quiere tener nada que ver con un futuro.

Justo aquí, en un ahora que sólo cobra sentido cuando se siente. 

Y es por eso por lo que quiero sentirte con los sentidos que todavía no he usado. Tocarte como aún no lo he hecho. Cerrar los ojos para verte mejor. Y, sobre todo, llevarme conmigo un poquito de ti: tu sabor. Y que nos hablemos a besos y a gemidos, que nos queramos con abrazos y suspiros y que, despidiéndonos, no exista nada más cercano que nuestro adiós. 

Y es que quiero tenerte ahí donde a veces se me olvidan las palabras: 
En la punta de la lengua. 

¿Que qué me pones? 
Ponme tu nombre, y cárgalo a mi cuenta. 

Noemí Carnicero Sans.



jueves, 9 de abril de 2015

SIGUES SIENDO TÚ

Hace tiempo que te acostumbraste a silenciar sus berrinches a golpe de caramelo. Y es que es mucho el tiempo que llevas tratando de disimular todos tus anhelos con todos tus silencios. Intentando que el niño que fuiste crezca contigo y que, en tu pasado, no quede ni siquiera un resquicio de ti. De lo que fuiste y, sobre todo, de lo que querías ser cuando aún no te habías convertido en esto. 

En una mezcla entre todo aquello a lo que puedes permitirte renunciar y entre todo aquello que te has propuesto conseguir. 

Una cobardía tachada de realismo con la que intentas pasar por alto los zarandeos que te da la vida cuando se te olvidan tus sueños. Cuando tus momentos de lucidez te devuelven un reflejo de quien podrías ser en potencia. Cuando, con tiritas en los ojos, te convences de que has crecido. Como si ello implicara haber crecido en gilipollez y haber empequeñecido en valentía. 

Como si Crecer se apellidara, además, Despedirse de Ti. 
Y así, abandonarte por completo en cada nueva etapa del camino, renunciando a lo que alguna vez se te metió en la cabeza para invitarte a soñar. 

Y es que, amigo, todas aquellas metas en las que debes descomponer un sueño para que tus “imposibles” se conviertan en “posibles” y, tus “posibles, en “probables”, se encuentran en tus manos. Porque aunque la posibilidad viene modulada por tu realidad, es en tu fuerza de voluntad donde se encuentra la probabilidad de que lo consigas.  

Porque una vez, siendo pequeño, fuiste más grande que nunca. Y era entonces cuando los límites, a la vida, se los ponías tú. Cuando con tu curiosidad y con tu imaginación por bandera avanzabas, paso a paso, por un juego al que llamabas vida. Un juego en el que no importaba caerse sino levantarse. Un juego en el que se te permitía perder la esperanza por unos segundos si, a los pocos minutos, recuperabas las ganas de volver a intentarlo.  

Porque lo mejor de ti, se lo debes al niño que llevas por dentro. Al ingenuo que todavía cree que puede empujarte hacia las metas hacia las que tú, sueles retroceder. Al cabezota que conoce tus deseos y al que en instantes de extrema locura o, sin embargo, lucidez, le entreabres la puerta para que haga alguna de las suyas.  

Por eso, no te hagas tanto caso a ti. 
Házselo a él. 

Al que hubiera querido seguir creciendo sin perderse. Al que hubiera querido verte, años después, satisfecho con la vida que un día tú decidiste construir. Al que hubiera deseado sentarse contigo para ver en ti a su héroe, a alguien a quien parecerse, a alguien de quien alardear. 

Por eso, amigo, recuerda lo mucho que él ha hecho por ti, y cuestiona aquello que estás haciendo tú por él. Porque él puso en tus manos la responsabilidad de que le hicieras feliz ya fuera en pasado, en presente o en futuro. Confió en ti y te prestó sus mejores cualidades para que tú, con las que tienes ahora, convirtieras ese mix con potencial en el secreto de vuestra felicidad. Para que vuestras virtudes y vuestros defectos encontraran un balance en el que complementarse y, en definitiva, para que el niño que aprendió a reír antes que a hablar no fuera tan diferente del que ahora habla mucho más de lo que se ríe.        

Por eso, no le decepciones. 
Porque aquel niño, sigues siendo tú.

Fdo: Noemí Carnicero Sans.



miércoles, 1 de abril de 2015

OTRA ZONA DE CONFORT


 
Roser / Mamá española expatriada / Massachusets      


OTRA ZONA DE CONFORT

Mis abuelos tenían una panadería en un pueblecito cerca de Barcelona. Yo debía continuar con la saga, vendiendo pan, pero a mí me gustaba leer y mi madre siempre me encontraba en las escaleras leyendo y no en la panadería vendiendo. Así que fui a la Universidad, me saqué el título y empecé mi carrera profesional en un par de fábricas cerca del pueblecito. Luego encontré un trabajo que me encantaba y con el que me sentía valorada, conocí al hombre de mis sueños y nos construimos la casa para toda la vida cerca del pueblecito. Dos niños como dos soles nos colmaron de felicidad. Todo era perfecto. Cerca de la familia, en el pueblecito, casa con jardín y dos revoltosos que nos alegraban la vida. Hubiéramos podido seguir así hasta nuestra vejez. Pero la vida te lleva por caminos diferentes a los que crees que debes seguir. Y nuestra vida cambió por completo de la noche a la mañana. La crisis española nos llevó a Polonia y ahora estamos en nuestra segunda expatriación en Massachusettts. Adiós pueblecito, adiós al contacto seguido con la familia y los amigos de toda la vida, aunque suerte que hoy en día las nuevas tecnologías te permiten un contacto más o menos frugal. 

La adaptación a una nueva vida: nuevo colegio para los niños, nuevo idioma, nuevos amigos... el hecho de ser nuevo en un país hace que saques tu lado más amable, más comprensible, más social. Porque lo necesitas. No puedes encerrarte en casa y salir cuando decidas. Necesitas socializar, conocer gente que sepa responder a tus preguntas, descubrir una nueva forma de vida y una manera diferente de pensar. Me he vuelto más joven. En el pueblecito ya estaba todo hecho, más o menos. En un nuevo destino tienes que espabilarte para poder tener otra zona de confort. Me he descubierto. Me he reinventado. Soy mamá, soy emprendedora, soy buscadora de nuevas amistades y soy feliz. A veces lloro sin saber por qué, a menudo me río de mí misma, pero un cambio de vida como el nuestro pasados los cuarenta es extraordinario y vitalista. 

¿Cosas positivas de nuestra situación? Casi todas. El mundo se nos ha abierto. Nuestra manera de observarlo también. Nuestros hijos conviven con gente de todo el mundo, con diferentes maneras de pensar y de sentir. Estamos abiertos a nuevas experiencias y no nos asusta el cambio, puesto que lo vivimos continuamente. Somos más fuertes, estamos más unidos como núcleo familiar y somos muy receptivos a la hora de entablar comunicación con cualquiera. De todos podemos aprender y a todos queremos conocer. Debemos ser sociables (y nos encanta), puesto que empezamos de cero en amistades en una nueva parte del mundo. Tengo una amiga rumana que conocí en Polonia y que ahora vive en Sudáfrica. Una amiga japonesa que vivió en Irlanda y que ha vuelto a Tokio. Una amiga de Vietnam que acabo de conocer en Boston. Una amiga argentina que me fascina con sus fotos de nuestro entorno. Y sumo y sigo. Descubro nueva gente, nuevos paisajes, nuevas maneras de pensar.  

¿El futuro? a saber. Pero, en realidad, ¿Quién lo sabe? Cuando vamos de vacaciones al pueblecito, la gente nos pregunta para cuándo tenemos pensado volver. Y yo les contesto que no tengo ni idea. Antes planeaba mi futuro. Ahora mi futuro me lo encuentro en la esquina.


www.mamaenmassachusetts.blogspot.com 
Experiencias de una mamá expatriada

viernes, 13 de marzo de 2015

UNA VEZ, ME ENAMORÉ

Hubo una vez en que me enamoré.

Una vez en que perdí la cabeza por quien, contrariamente, me devolvió la cordura que me faltaba. Una vez en que me dejé caer en las redes de quien se atrevió a cuestionar mis convicciones con cada paso que daba hacia mí.

Por eso él entró sin llamar y, sobre todo, sin que le esperara.

Se coló sigilosamente junto a aquel rayo de luz que le ganaba la batalla a cualquier sombra. Aquel rayo de luz que se reía de mí cada vez que se encontraba las ventanas cerradas y, sin embargo, la puerta de mi vida entreabierta.  

Un rayo de luz que venía con sorpresa, para burlarse de mí.

Para mofarse de todos los muros que había ido construyendo por el camino. Para hacerme tropezar con todas mis seguridades y, sobre todo, para empujarme hacia mis miedos. Un rayo de luz con nombre que se ganó el pomo de mi puerta y, por supuesto, el rincón más custodiado de mi corazón.

Aquel en el que sólo entraba yo.

Y en el mismo lugar donde había estado cuidando de mí, le invité a que pasara. Le expliqué que a su lado había descubierto la octava maravilla, la aguja del pajar y la excepción a toda regla. Le conté que desde que su nombre formaba parte de mi vocabulario, ya no entendía una semana de mi vida sin motivos por los que pronunciarlo. Le convencí de que estaba convencida, y de que si él sí, yo también.

Y me enamoré.
Me enamoré completamente.

Dejé de llevar las riendas de mi vida porque aprendí a flotar. Porque él, con cada beso, despertaba mi sexto sentido y adormecía mi sentido común. Al abanico de colores, alguien, le había borrado todos los grises. Y a mi vida, él, le había traído otro color.

Otro color.

Porque con qué nombre bautizar a lo que no lo tiene, cómo describir una sensación para la que una definición es insuficiente y cómo soportar, en definitiva, tanta felicidad. Cómo hacer caber aquella sonrisa en el fondo de mis ojos y, sabiéndola mía, no echarse a llorar.

Y es que no sólo me enamoré de él, sino que también me enamoré de mí.

Me enamoré de mi versión a su lado, de cómo ensalzaba mis virtudes y perdonaba mis defectos. Me enamoré de la omnipotencia con la que percibía cada rincón del mundo que muy lejos de pisar, sobrevolaba en alguno de sus abrazos. Me enamoré de las expectativas con las que ambos nos comprometimos y, sobre todo, me enamoré de todo aquello que, muy en el fondo de mí, sabía que nunca iba a suceder.

Me enamoré de la esperanza.

De los porcentajes insalvables a los que yo ponía flotador. Me enamoré de una permanencia imposible y, sin embargo, tan cercana. Me enamoré del “para toda la vida”, del “felices para siempre” y quizás, incluso, de un “sí, quiero”. Me enamoré de todas aquellas cosas que se iban diluyendo con el tiempo, justo al mismo ritmo en el que mis comisuras dejaban de esforzarse por levantar el peso de una infelicidad acumulada.  

Porque a pesar de no haber comprado su amor, terminé pagándolo bien caro. Un amor por adelantado por el que tuve que sufrir después de usarlo. Un amor sin garantías, pero con intereses. Un amor tan grande que, cuando reducido a cenizas, me hizo sentir muy pequeña.

Y es que a su lado, fui gigante.

Porque hubo una vez,

En que me enamoré.

Fdo: Noemí Carnicero Sans.


lunes, 2 de marzo de 2015

NI SE TE OCURRA

Ni se te ocurra.

Ni se te ocurra hundirte al ritmo de sus humillaciones ni agachar la cabeza a medida que percibes el compás de su respiración entrecortada. Que ellos se alimentan de tus miedos, y escupen en tu cara nada menos que sus propias inseguridades. Que aquella sonrisa desafiante que se acerca por allí no es más que un arma vacía a la espera de tus balas. Para, con ellas, subirla a la categoría de destrucción masiva.  

La de hundirte mientras luchas por mantenerte a flote, la de poner en duda tus fortalezas  y la de ver defectos allá donde yo, sólo veo virtudes.

Ni se te ocurra.

Ni se te ocurra dudar de ti ni un solo momento. Que lo que tú no ves en el espejo es, precisamente, el reflejo de lo que les asusta. Aquello que tú eres y ellos, pobres desgraciados, nunca podrán llegar a ser. 

Date tiempo.

No asumas un sufrimiento que no te corresponde. Que tu valor no está en venta y, si lo estuviera, tampoco lo podrían comprar. Dale una patada a sus prejuicios ya que, al fin y al cabo, no son más que limitaciones a las que sus vidas se agarran para no hacer frente a lo que les separa de los demás: 

Las diferencias.




miércoles, 25 de febrero de 2015

PATRICIA RAMIREZ, PSICÓLOGA DEPORTIVA

"Confundimos algunos valores y buscamos la felicidad en el lugar equivocado."



Patricia Ramírez, psicóloga deportiva y del ámbito de la Salud. Desde 1995 ha trabajado con deportistas de élite y en equipos de primera y segunda división de fútbol y baloncesto, motivo por el cual comenzó a alcanzar una gran presencia mediática. Colabora, además, en distintos medios de comunicación (Para todos La 2, El semanal, El País y Cope, entre otros), imparte ponencias y dedica parte de su tiempo, también, a la docencia y a la divulgación de la Psicología. "Entrénate para la vida" y "Autoayúdate" son sus dos últimos libros. Actualmente, está trabajando en un tercero: "Así lideras, así compites". 


-Hola Patricia. ¿Por qué decidiste dedicarte a la Psicología?
Con 15 años tenía una profesora de filosofía que me encandilaba. Empecé a meterme de lleno en la materia, de ahí comencé a leer a Freud y fue, entonces, cuando decidí que sólo quería ser psicóloga. Terminé Psicología y aunque ya no le tengo el mismo amor a Freud, sigo amando la Psicología. 

-¿Por qué decidiste especializarte en el ámbito deportivo?
No fue una decisión mía. Yo estoy especializada en Psicología Clínica y de la Salud. Sin embargo, cuando comencé a trabajar con dos médicos del ámbito deportivo empezaron a enviarme deportistas con alteraciones del pensamientos con el objetivo de manejar la presión, la ansiedad, aprender a gestionar y racionalizar los pensamientos… A raíz de eso, tuve éxito con gente del mundo del atletismo, y me fui metiendo en el mundo del deporte. Y ahí me he quedado, compaginándolo con Psicología de la Salud. 

-Como psicóloga deportiva, ¿cuál ha sido tu reto más difícil? ¿Y el más gratificante?
Recuerdo con mucho cariño, en mis inicios, a Paquillo Fernández, el corredor de marcha. Pero cada triunfo o fracaso de mis deportistas y de los equipos –que también son los míos- los he vivido de forma muy emotiva, así que no puedo elegir a nada, ni a nadie. 

-¿Cuál de los éxitos conseguidos hasta ahora te ha supuesto un mayor esfuerzo?
Todos, porque me involucro mucho en mi trabajo. Pero como ese esfuerzo lleva el placer y la pasión por lo que hago, no tengo la sensación de acusar el esfuerzo. A mí me gusta tener mucha carga de trabajo, y me involucro personal y emocionalmente con cada uno de mis deportistas. Por lo tanto, es un esfuerzo deseado. 

-¿En qué situaciones un deportista o un equipo puede necesitar un psicólogo? ¿Por qué?
Para mí, un deportista necesita siempre un psicólogo. El psicólogo tiene que trabajar de manera multidisciplinar con los otros miembros del cuerpo técnico, ya sea un deporte individual o de equipo. El psicólogo trabaja las variables psicológicas que afectan al rendimiento en el deporte. La actitud, la mentalidad, la confianza están siempre presentes en entrenamientos de competición así que para mí, la figura del psicólogo, tendría que ser tan común como lo es la presencia de un entrenador o preparador físico.    
- Las técnicas que usas con un deportista, ¿pueden también aplicarse al resto de tus pacientes clínicos? Es decir, ¿pueden aplicarse algunas de esas estrategias a la psicología de la salud?
Las herramientas son las mismas, lo que cambian son las situaciones. Podemos usar las mismas herramientas para manejar los pensamientos, para trabajar la confianza y la seguridad de un paciente con un deportista. La presión que un deportista puede tener ante una gran competición puede ser parecida a la que uno puede tener ante la entrevista de trabajo de su vida.   

-¿Qué hay en común entre entrenarse en un deporte y entrenarse para la vida?
Creo que lo que todos buscamos es tener el máximo rendimiento, disfrutar de las cosas que hacemos y que estas fluyan, ser brillantes en aquella profesión a la que nos queremos dedicar, no pasar con pena ni gloria, sino ser los protagonistas de nuestra vida, y no ver lo que ocurre en ella desde la grada. Para mí, los valores con los que trabajas en el deporte, son valores para la vida y viceversa.  

-¿Cuál es el motivo más frecuente de consulta en tu centro de psicología de la salud? ¿Por qué crees que es así?
En lo que se refiere a la parte de Psicología de la Salud, es aquello que yo elijo. Me encanta la ansiedad en todas sus vertientes: la generalizada, las fobias, los obsesivos compulsivos… Creo que hay muchísima ansiedad en la sociedad porque llevamos un nivel de vida frenético. Confundimos algunos valores y buscamos la felicidad en el lugar equivocado, y es entonces cuando lo pasamos mal. También me gustan mucho los temas de pareja. Todo lo demás, suelo derivarlo. 

-¿Algo que, como sociedad, estemos haciendo bien? ¿Y algo en lo que, consideres, estemos fracasando?
Algo que estemos haciendo bien… no lo sé, porque no soy socióloga. Pero me siento orgullosa de las buenas personas, del altruismo, y de la gente que se involucra en ayudar a los demás creando sinergias y cadenas de favores para que todo funcione. Por otra parte, creo que estamos fracasando en honestidad, uno de los valores más bonitos, con tanto político corrupto, metiendo mano en tanto sitio.   

-Si pudieras cambiar algo de esta sociedad, ¿qué sería?
No lo sé, pero crearía una fábrica de benevolencia. Un intercambio de las cosas que no suman o de las que restan, para que la gente interpretara mejor y eligiera mejor sus batallas, porque al final no todo es tan importante como parece. 

-Por último, ¿cuál es tu próximo reto?
Involucrarme de lleno, tal y como estoy ahora, en “Así lideras, así compites”. Desear que sea un éxito porque es un libro que tenía muchas ganas de escribir. Mucha gente tiene ganas de hacer las cosas bien, me consultaban por correo electrónico acerca de cómo motivar, cómo mejorar la autoestima o cómo ayudar. Espero que, esta, sea una buena herramienta para todas aquellas personas que lideran y que forman personas. 


Síguela en: 
http://www.patriciaramirezloeffler.com