miércoles, 28 de enero de 2015

QUE VOY

Hola.
Vuelvo a ser yo. 
Pero, esta vez, te tengo más ganas que nunca.

Y me pregunto si desde que dejé de desearte con la intensidad con la que solía hacerlo, has seguido pensando en mí. Porque yo, aunque durante un tiempo dejé de buscarte, nunca fui capaz de sacarte de mi cabeza.  

Y hoy, siento de nuevo esas ganas irrefrenables de combatir el hambre que me acecha cada vez que me golpeas la conciencia. Porque desde que nos conocemos, esta sensación nunca ha cambiado: 

Tú eres demasiado grande,
y mi vida es demasiado corta.

Y no lo sé. No sé si quiero darte la vuelta, acercarme al calor de tu sur, o helarme con cualquier parte de tu norte. No sé si quiero cambiar de hemisferio, de mar o de continente. No sé si tengo suficiente con un país, o si necesito ser partícipe de más de los que caben entre mis bolsillos y mi cartera.

Aún no lo sé.

Pero lo que sí sé, es que siento unas ganas desmesuradas de empaparme de cada rincón que me rodea, de absorber con mis cinco sentidos la experiencia que atrapa cada uno de tus recuerdos, cada unos de tus lugares. Ganas de convertirme en parte de la historia de cada huella que dejo y de cada camino que piso. Y ganas, en definitiva, de que cambiando la historia de un lugar sólo con mis pasos, sean estos los que terminen cambiándome a mí.

Porque tus horizontes, mundo, han comenzado a formar parte de mis sueños.

Y desde que te debo la vida, intento llenarte de ella. Por eso, a veces, cierro los ojos e imagino que te conozco un poco más, que descubro tus secretos y que, a partir de ese momento, soy ya de las que los puede contar.

Porque quiero desnudarte poco a poco, sorprenderme con cada una de tus marcas, besar tus cicatrices, maravillarme con tus virtudes y escandalizarme con tus defectos. Quiero verte, olerte, oírte, tocarte y, por supuesto, saborearte. Quiero saber cómo sabe la vida en cada una de tus esquinas. Quiero mojarme en tus océanos, tumbarme en tus continentes y quiero, además, saludar al Sol desde todos tus puntos cardinales. 

Y no.
No quiero comerme el mundo. 
Tan sólo quiero saborearlo. 

Quiero llenar mi mochila de vivencias, mi calendario de lugares y mis agendas de personas. Quiero en mi vocabulario nuevas palabras, entre mis objetivos nuevos idiomas y, en mi forma de hablar, la sensación de que alguna experiencia precede la esencia de todo contenido. Quiero ser de aquí y de allí. De todas y de ninguna parte. Quiero un poco de cada persona que conozca, llevarme conmigo lo mejor de ellas y dejar en ellos una pequeña parte de mí.  

Y es que lo que quiero de ti, mundo, no eres tú. 
Son tus experiencias.

Por eso vuélveme a mirar, que voy directa hacia ti. Yo traigo las ganas, la fuerza con la que lucharé contra todos mis prejuicios, una cámara en mi memoria y la confianza con la que batallaré mis miedos. 

Tú, deja en su sitio todo lo demás.

No me lo cambies, 

Que voy.




Fdo: Noemí Carnicero Sans

jueves, 22 de enero de 2015

FUTURO CADUCADO (recitado)


TEXTO RECITADO



TEXTO: 

No te lleves parte de mi último suspiro. 
No te lo lleves porque, con él, una parte de ti se quedó conmigo. Porque allí, iba un trozo de vida. El trozo de vida que desechamos por no saber cómo reciclar. Aquel trozo de vida muerta… 
Aquella parte de nosotros.
Por eso ahora llevo tu recuerdo a cuestas, el rastro de tus besos en mi piel e, incluso, el recorrido de tus lágrimas en mis mejillas.
Y es que aquel atisbo de respiración entrecortada se quedó a medio camino entre un hasta nunca y un para siempre. Entre un destello de felicidad y una eternidad de melancolía. Por eso hoy, me imagino lo que pudo ser, lo que podría haber sido.
Como siempre, viviendo nuestro amor en un supuesto condicional.
Entre todas aquellas condiciones sin las que el tren no encontraría destino. Entre todas las condiciones que decidí limitaran mi infelicidad.
Pero mientras lloro, ven, y baila conmigo. Mírame como la primera vez y jadea de placer, por favor, sólo con tocarme. Porque puede que así, entonces, este suspiro desemboque en un para siempre.
En el que esperaba. 
En el que soñé.
En el futuro que yo misma me prometí contigo. En todos aquellos días que comenzaron a caducar antes de que llegaran.
Y yo brindaba por poder pasarlos a tu lado, rezándole al Dios en el que no creo para que acercara si cabe, un poquito más, nuestros destinos. Sin comprender que, quizás, tú eras más principio que final. Sin entender que, probablemente, el peaje por entrelazar nuestras vidas no valía todos sus desvíos.
Y tú y yo, cariño, nos desviamos.
Nos alejamos del objetivo. Se nos olvidó cómo querernos, y empezamos a maquillar con cariño la pasión desvanecida, de normalidad nuestras rutinas y de ejemplos la excepción.
Y yo, con las mismas ganas de reír, ya no recordaba cómo esbozar una sonrisa. Y tú, con las mismas ganas de quererme, se te olvidó cómo se hacía. 
¿Cómo? 
Como cuando aún... no lo habías hecho nunca.



Fdo: Noemí Carnicero Sans


martes, 20 de enero de 2015

LA SOLEDAD, UN ERROR DE PERCEPCIÓN







Maria Fernanda Diaz / 21 años / Tuxtla Gutierrez, Chiapas, México / Estudiante de Psicología 


 LA SOLEDAD: UN ERROR DE PERCEPCIÓN

Vivimos en un mundo donde habitan alrededor de 7,164 millones de personas -sin contar a los demás seres vivos-. Por lo tanto, creer que estamos solos es un completo error de percepción.

Solemos creer que la soledad es la ausencia de amor, de compañía, de cariño y de cuidado. Sin embargo cuando despertamos sale el sol, respiramos y sentimos. ¿No es eso una forma de la vida de cuidar de nosotros?  

La soledad no es mas que el resultado de muchos conflictos internos por resolver, pero eso no quiere decir que estés solo. La soledad es un espacio para que te encuentres, para que te explores. Imagina cuánto poder le damos a las cosas exteriores que cuando estas ya no están nos hacen sentir solos. 

¿No es esto un error de percepción?  

La percepción nos hace creer que la ausencia de algo que amamos se traduce en soledad. Y todo radica en que tú creas realmente que lo estás, porque tú sigues teniendo el poder de sentirte como tú quieras y de ver el mundo como tú quieras. Observar y darse cuenta de que no es así es fundamental para cambiar de sintonía.

Despiértate por la mañana con la decisión de cambiar tu percepción sobre la soledad. Cambia tu actitud porque, a veces, es uno mismo el que se aleja. Sonríe a las personas, sé amable con ellas, saluda a tus conocidos, familiares y amigos, disfruta del aire, de tu día a día, de tus capacidades y virtudes y, lo más importante... 

RESPIRA.
Agradece tu siguiente respiración.  

Entonces te darás cuenta que a esto que llamamos soledad es la oportunidad para disfrutar de ti y pasar tiempo contigo. Porque aunque a veces estemos en cuerpo, no estamos presentes a través de lo que sentimos. Sufre el luto por la parte que se fue y abraza a la que se queda contigo. Deja de darle tanto poder a lo externo para empezar a poner ese poder en ti para ser feliz.

Permítete sentir las emociones, el abandono o el rechazo que sentimos cuando algo nos falta. Permítete también sentir las cosas bonitas de la vida: el aire, los sabores, el amor, la gratitud... 

Permítete SENTIR.   
Es tu decisión cambiar de canal o seguir en el mismo.

Huir de nuestros sentimientos y querer disfrazarlos con soledad solo hace que con el tiempo tengamos más problemas por enfrentar en nuestro interior. 

Asume lo que sientes y, sobre todo, asume que nunca estamos solos.

Mientras esté yo conmigo, yo no estoy solo.


miércoles, 7 de enero de 2015

NO QUIERO OLVIDARTE

De vez en cuando algún domingo me golpea la cara. 

Como hoy.  

Uno de aquellos domingos de invierno en los que se te hielan antes los recuerdos que las manos. En los que la distancia no hace más que alejar el olvido y el olvido, por lo tanto, se sienta a mi lado preguntándome cómo.  

Que cómo quiero hacerlo, que qué pautas le doy para llegar hasta su destino y conseguir un objetivo tan triste como sinsentido:  

Olvidarte. 
 
¿Por qué se empeñarán todos en usar al olvido? Hoy le he explicado que yo, personalmente, quiero dejarle en paz. Que su labor está en otra parte, que yo no quiero pasar las páginas de mi memoria si en los recuerdos no sales tú. Que me enseñaste tanto ayer que si me olvidara de ti estaría renunciando hoy a una parte de lo que soy, de lo que he sido y de lo que quiero ser. 

Porque sin memoria no hay identidad. 
Y, por eso, no quiero olvidarte. 

No quiero renacer sin las decisiones que un día tomé, sin las sonrisas que un día sentí y, por supuesto, sin los te quiero que día si día también se me escapaban entre los labios.  

Un te quiero que mantengo hoy.  
Y un te quiero, porque te querré siempre. 

Así que mientras se me escapa alguna lágrima congelada, de aquellas pocas que aún me quedan, repaso la lista de motivos por los que no pudo ser. Un montón de razones que se engloban en una sola. 

Que a veces, con querer, no es suficiente. 
Y es que lo  he intentado.

He intentado no sentir tanto para, de ese modo, evitar el dolor. El problema es que te siento incluso sin sentir. Porque no sé si se me rompió antes el futuro o el corazón. 

Lo siento.  

Porque luché durante tanto tiempo por cumplir nuestro proyecto de vida en común que me olvidé de cumplir las promesas más importantes: las que un día me hice a mí. Y hoy, tratando de reencontrarme conmigo misma, me doy de bruces con lo que más me duele: la certeza de que luché hasta el final por que nuestro futuro nunca fuera nuestro pasado. 

Así que ahora, con mi presente entre las manos, tengo que dejarte ir como la arena escurriéndose entre mis dedos. Los mismos dedos que, hace unos días, entrelazabas tú con los tuyos.

Así que sí. 
Imagínate cuánto dueles. 

Porque es mucho más que partir de cero. 
Es comenzar de nuevo.

Empezar otra vez pero, ahora, con todo lo que has aprendido. Con tus errores y con tus virtudes, con tus éxitos y con tus fracasos, con lo que te dieron y con lo que te faltó.

Es comenzar de nuevo, más que de cero, porque no estás volviendo hacia atrás. No se trata de desandar el camino recorrido, tampoco de borrar las huellas que te trajeron hasta aquí. Se trata de continuar en otra dirección, en aquella en la que no necesites perderte para encontrarte.  

Aquella donde, ahora, la brújula seas tú.






Fdo: Noemí Carnicero Sans.