jueves, 16 de abril de 2015

PONME TU NOMBRE


Me ruborizas. 

Consigues pintarme un beso en las mejillas sin ni siquiera rozarlas. Consigues entrecortar no sólo mis palabras sino, y por si fuera poco, también mi respiración. Que se seque el aire que muere en mis labios y, al mismo tiempo, que sienta frío cuando tengo calor. 

Y me lanzas una breve mirada que mi imaginación eterniza. Y cruzas cuatro palabras conmigo en un intento de que un monólogo se convierta en conversación. Y yo, que sólo quiero fantasear con tu voz, dejo que esa melodía seduzca mis sentidos. Y así, que mi corazón baile al ritmo de tu respiración. 

Así que mientras tú juegas a no darte cuenta de que nuestros silencios están llenos de palabras, te espero aquí. Justo en un presente que no se acuerda de su pasado y que, tampoco, quiere tener nada que ver con un futuro.

Justo aquí, en un ahora que sólo cobra sentido cuando se siente. 

Y es por eso por lo que quiero sentirte con los sentidos que todavía no he usado. Tocarte como aún no lo he hecho. Cerrar los ojos para verte mejor. Y, sobre todo, llevarme conmigo un poquito de ti: tu sabor. Y que nos hablemos a besos y a gemidos, que nos queramos con abrazos y suspiros y que, despidiéndonos, no exista nada más cercano que nuestro adiós. 

Y es que quiero tenerte ahí donde a veces se me olvidan las palabras: 
En la punta de la lengua. 

¿Que qué me pones? 
Ponme tu nombre, y cárgalo a mi cuenta. 

Noemí Carnicero Sans.



jueves, 9 de abril de 2015

SIGUES SIENDO TÚ

Hace tiempo que te acostumbraste a silenciar sus berrinches a golpe de caramelo. Y es que es mucho el tiempo que llevas tratando de disimular todos tus anhelos con todos tus silencios. Intentando que el niño que fuiste crezca contigo y que, en tu pasado, no quede ni siquiera un resquicio de ti. De lo que fuiste y, sobre todo, de lo que querías ser cuando aún no te habías convertido en esto. 

En una mezcla entre todo aquello a lo que puedes permitirte renunciar y entre todo aquello que te has propuesto conseguir. 

Una cobardía tachada de realismo con la que intentas pasar por alto los zarandeos que te da la vida cuando se te olvidan tus sueños. Cuando tus momentos de lucidez te devuelven un reflejo de quien podrías ser en potencia. Cuando, con tiritas en los ojos, te convences de que has crecido. Como si ello implicara haber crecido en gilipollez y haber empequeñecido en valentía. 

Como si Crecer se apellidara, además, Despedirse de Ti. 
Y así, abandonarte por completo en cada nueva etapa del camino, renunciando a lo que alguna vez se te metió en la cabeza para invitarte a soñar. 

Y es que, amigo, todas aquellas metas en las que debes descomponer un sueño para que tus “imposibles” se conviertan en “posibles” y, tus “posibles, en “probables”, se encuentran en tus manos. Porque aunque la posibilidad viene modulada por tu realidad, es en tu fuerza de voluntad donde se encuentra la probabilidad de que lo consigas.  

Porque una vez, siendo pequeño, fuiste más grande que nunca. Y era entonces cuando los límites, a la vida, se los ponías tú. Cuando con tu curiosidad y con tu imaginación por bandera avanzabas, paso a paso, por un juego al que llamabas vida. Un juego en el que no importaba caerse sino levantarse. Un juego en el que se te permitía perder la esperanza por unos segundos si, a los pocos minutos, recuperabas las ganas de volver a intentarlo.  

Porque lo mejor de ti, se lo debes al niño que llevas por dentro. Al ingenuo que todavía cree que puede empujarte hacia las metas hacia las que tú, sueles retroceder. Al cabezota que conoce tus deseos y al que en instantes de extrema locura o, sin embargo, lucidez, le entreabres la puerta para que haga alguna de las suyas.  

Por eso, no te hagas tanto caso a ti. 
Házselo a él. 

Al que hubiera querido seguir creciendo sin perderse. Al que hubiera querido verte, años después, satisfecho con la vida que un día tú decidiste construir. Al que hubiera deseado sentarse contigo para ver en ti a su héroe, a alguien a quien parecerse, a alguien de quien alardear. 

Por eso, amigo, recuerda lo mucho que él ha hecho por ti, y cuestiona aquello que estás haciendo tú por él. Porque él puso en tus manos la responsabilidad de que le hicieras feliz ya fuera en pasado, en presente o en futuro. Confió en ti y te prestó sus mejores cualidades para que tú, con las que tienes ahora, convirtieras ese mix con potencial en el secreto de vuestra felicidad. Para que vuestras virtudes y vuestros defectos encontraran un balance en el que complementarse y, en definitiva, para que el niño que aprendió a reír antes que a hablar no fuera tan diferente del que ahora habla mucho más de lo que se ríe.        

Por eso, no le decepciones. 
Porque aquel niño, sigues siendo tú.

Fdo: Noemí Carnicero Sans.



miércoles, 1 de abril de 2015

OTRA ZONA DE CONFORT


 
Roser / Mamá española expatriada / Massachusets      


OTRA ZONA DE CONFORT

Mis abuelos tenían una panadería en un pueblecito cerca de Barcelona. Yo debía continuar con la saga, vendiendo pan, pero a mí me gustaba leer y mi madre siempre me encontraba en las escaleras leyendo y no en la panadería vendiendo. Así que fui a la Universidad, me saqué el título y empecé mi carrera profesional en un par de fábricas cerca del pueblecito. Luego encontré un trabajo que me encantaba y con el que me sentía valorada, conocí al hombre de mis sueños y nos construimos la casa para toda la vida cerca del pueblecito. Dos niños como dos soles nos colmaron de felicidad. Todo era perfecto. Cerca de la familia, en el pueblecito, casa con jardín y dos revoltosos que nos alegraban la vida. Hubiéramos podido seguir así hasta nuestra vejez. Pero la vida te lleva por caminos diferentes a los que crees que debes seguir. Y nuestra vida cambió por completo de la noche a la mañana. La crisis española nos llevó a Polonia y ahora estamos en nuestra segunda expatriación en Massachusettts. Adiós pueblecito, adiós al contacto seguido con la familia y los amigos de toda la vida, aunque suerte que hoy en día las nuevas tecnologías te permiten un contacto más o menos frugal. 

La adaptación a una nueva vida: nuevo colegio para los niños, nuevo idioma, nuevos amigos... el hecho de ser nuevo en un país hace que saques tu lado más amable, más comprensible, más social. Porque lo necesitas. No puedes encerrarte en casa y salir cuando decidas. Necesitas socializar, conocer gente que sepa responder a tus preguntas, descubrir una nueva forma de vida y una manera diferente de pensar. Me he vuelto más joven. En el pueblecito ya estaba todo hecho, más o menos. En un nuevo destino tienes que espabilarte para poder tener otra zona de confort. Me he descubierto. Me he reinventado. Soy mamá, soy emprendedora, soy buscadora de nuevas amistades y soy feliz. A veces lloro sin saber por qué, a menudo me río de mí misma, pero un cambio de vida como el nuestro pasados los cuarenta es extraordinario y vitalista. 

¿Cosas positivas de nuestra situación? Casi todas. El mundo se nos ha abierto. Nuestra manera de observarlo también. Nuestros hijos conviven con gente de todo el mundo, con diferentes maneras de pensar y de sentir. Estamos abiertos a nuevas experiencias y no nos asusta el cambio, puesto que lo vivimos continuamente. Somos más fuertes, estamos más unidos como núcleo familiar y somos muy receptivos a la hora de entablar comunicación con cualquiera. De todos podemos aprender y a todos queremos conocer. Debemos ser sociables (y nos encanta), puesto que empezamos de cero en amistades en una nueva parte del mundo. Tengo una amiga rumana que conocí en Polonia y que ahora vive en Sudáfrica. Una amiga japonesa que vivió en Irlanda y que ha vuelto a Tokio. Una amiga de Vietnam que acabo de conocer en Boston. Una amiga argentina que me fascina con sus fotos de nuestro entorno. Y sumo y sigo. Descubro nueva gente, nuevos paisajes, nuevas maneras de pensar.  

¿El futuro? a saber. Pero, en realidad, ¿Quién lo sabe? Cuando vamos de vacaciones al pueblecito, la gente nos pregunta para cuándo tenemos pensado volver. Y yo les contesto que no tengo ni idea. Antes planeaba mi futuro. Ahora mi futuro me lo encuentro en la esquina.


www.mamaenmassachusetts.blogspot.com 
Experiencias de una mamá expatriada