miércoles, 1 de abril de 2015

OTRA ZONA DE CONFORT


 
Roser / Mamá española expatriada / Massachusets      


OTRA ZONA DE CONFORT

Mis abuelos tenían una panadería en un pueblecito cerca de Barcelona. Yo debía continuar con la saga, vendiendo pan, pero a mí me gustaba leer y mi madre siempre me encontraba en las escaleras leyendo y no en la panadería vendiendo. Así que fui a la Universidad, me saqué el título y empecé mi carrera profesional en un par de fábricas cerca del pueblecito. Luego encontré un trabajo que me encantaba y con el que me sentía valorada, conocí al hombre de mis sueños y nos construimos la casa para toda la vida cerca del pueblecito. Dos niños como dos soles nos colmaron de felicidad. Todo era perfecto. Cerca de la familia, en el pueblecito, casa con jardín y dos revoltosos que nos alegraban la vida. Hubiéramos podido seguir así hasta nuestra vejez. Pero la vida te lleva por caminos diferentes a los que crees que debes seguir. Y nuestra vida cambió por completo de la noche a la mañana. La crisis española nos llevó a Polonia y ahora estamos en nuestra segunda expatriación en Massachusettts. Adiós pueblecito, adiós al contacto seguido con la familia y los amigos de toda la vida, aunque suerte que hoy en día las nuevas tecnologías te permiten un contacto más o menos frugal. 

La adaptación a una nueva vida: nuevo colegio para los niños, nuevo idioma, nuevos amigos... el hecho de ser nuevo en un país hace que saques tu lado más amable, más comprensible, más social. Porque lo necesitas. No puedes encerrarte en casa y salir cuando decidas. Necesitas socializar, conocer gente que sepa responder a tus preguntas, descubrir una nueva forma de vida y una manera diferente de pensar. Me he vuelto más joven. En el pueblecito ya estaba todo hecho, más o menos. En un nuevo destino tienes que espabilarte para poder tener otra zona de confort. Me he descubierto. Me he reinventado. Soy mamá, soy emprendedora, soy buscadora de nuevas amistades y soy feliz. A veces lloro sin saber por qué, a menudo me río de mí misma, pero un cambio de vida como el nuestro pasados los cuarenta es extraordinario y vitalista. 

¿Cosas positivas de nuestra situación? Casi todas. El mundo se nos ha abierto. Nuestra manera de observarlo también. Nuestros hijos conviven con gente de todo el mundo, con diferentes maneras de pensar y de sentir. Estamos abiertos a nuevas experiencias y no nos asusta el cambio, puesto que lo vivimos continuamente. Somos más fuertes, estamos más unidos como núcleo familiar y somos muy receptivos a la hora de entablar comunicación con cualquiera. De todos podemos aprender y a todos queremos conocer. Debemos ser sociables (y nos encanta), puesto que empezamos de cero en amistades en una nueva parte del mundo. Tengo una amiga rumana que conocí en Polonia y que ahora vive en Sudáfrica. Una amiga japonesa que vivió en Irlanda y que ha vuelto a Tokio. Una amiga de Vietnam que acabo de conocer en Boston. Una amiga argentina que me fascina con sus fotos de nuestro entorno. Y sumo y sigo. Descubro nueva gente, nuevos paisajes, nuevas maneras de pensar.  

¿El futuro? a saber. Pero, en realidad, ¿Quién lo sabe? Cuando vamos de vacaciones al pueblecito, la gente nos pregunta para cuándo tenemos pensado volver. Y yo les contesto que no tengo ni idea. Antes planeaba mi futuro. Ahora mi futuro me lo encuentro en la esquina.


www.mamaenmassachusetts.blogspot.com 
Experiencias de una mamá expatriada

1 comentario:

  1. Me encanta el blog!
    Felicitaciones por cada publicacion!!
    Es genial ser parte!
    besos

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