jueves, 29 de octubre de 2015

MI PUNTO Y SEGUIDO

Cuando me miras.

Cuando me miras se enciende la vida que no he vivido con nadie. Se para el reloj y las agujas se mudan. Comienzan a volverse locas en aquella brújula que, desde que tu nombre es Norte, ya no saben señalar al Sur. Porque es contigo con quien voy hacia adelante. 

A besos y a versos. 
Contando párrafos y palabras, páginas y capítulos. 

Tratando de hacerte un hueco entre todas aquellas historias que dejaron mis estanterías llenas de un polvo que desapareció cuando abriste mis ventanas. Cuando viniste. Cuando tus primeras palabras marcaron las coordenadas, cuando recuperé el sentido, cuando mis pesadillas se convirtieron en aquel sueño ligero del que me despertaste con un beso.

Aunque ni bella, ni durmiente.  
Solo yo. 

Un pronombre tan personal como mi vida, como las ganas que tenía de tejerme individualmente a tu lado. Hasta que no me quedase más remedio que compartir manta. Hasta que mis tentaciones me llevasen hasta aquellas sábanas que nos atreveríamos a enredar entre nuestros pies. Justo de la misma manera en que enredaríamos nuestras conversaciones cuando intentásemos decírnoslo sin palabras. Sin pronunciarnos por miedo a quedarnos sin ellas, sordos de silencio y heridos por sentir. Reusando tiritas gastadas e intentando confiar a ciegas en seguir viendo a través de nuestra sonrisa después de que nos la rompieran. 

De que nos dejaran a medias. 
De sueños y de expectativas, de fechas y de promesas. 

Contigo desaparecieron las alternativas, convirtiéndose la única opción en una obligación huérfana de cualquier letra pequeña con la que pudiera renunciar a ti. Y aprendí a conjugarte, a que fueras acción entre mis días, a dejarte ser el verbo que hoy me recorre por las mañanas, a ser el sustantivo que apellida la felicidad en la comisura de mis sonrisas y el adjetivo en el que me conviertes cada vez que me dices guapa

Porque en mi vida eres, haces y describes. 

Eres mi punto y seguido, coses páginas a mis finales y te inventas vocabulario para un diccionario que, hasta que llegaste tú, estaba perdiendo su abecedario.

Fdo: Noemí Carnicero Sans

 
Foto original: https://www.flickr.com/photos/zahne/8440027033/

miércoles, 21 de octubre de 2015

CONMIGO

“Jo-der”.

Que mientras te estaba diciendo que no, en realidad, mis besos te decían que sí. Que esas pocas ganas mías de enamorarme, han perdido. Que mi credibilidad se ha fugado con tus labios y mi corazón, por exceso de tiritas, latía a la mitad. Que sobreprotegí mis ganas de querer, les puse bozal para que no hablaran, para que de ninguna forma su manifiesto terminara delatándome a mí, que no quería.
Y resulta que, cuando estaba yo más convencida que nunca, me fastidiaste.

Me fastidiaste haciéndome sentir bien. Me fastidiaste tratándome con dulzura, con cariño y, por qué no, añadiéndole esa dosis de locura a tus abrazos. La fastidiaste comprendiéndome, dándome aquel margen de maniobra que nadie más me había dado. Haciendo gala de una paciencia infinita, adaptándote a mi ritmo. Un ritmo que ni siquiera yo sabía cómo seguir. 

Porque por miedo a tropezar, me detuve.

Detuve mis pasos para no caminar contigo. Para no hacerte un daño que, en realidad, tenía miedo de hacerme a mí. Me detuve, precisamente, porque quería correr. Pero es que aún no había aprendido a caminar. Así que lo hice sola. Aprendí a dar un paso después del otro, a conocerme a mí, a solas, conmigo.

Y yo que no quería querer, desde que te quiero, he perdido. 
Porque me has ganado.  

Porque te has ganado lo mejor que quiero sentir por alguien. Porque quiero apostar aun a riesgo de perder, porque no quiero seguir perdiéndote cada día, cada vez que no me tiro a la piscina cuando me apetece decirte “te quiero”, cada vez que me quedo sin tus caricias cuando no nos damos la mano. 
Quiero poder quererte sin miedo. Porque me has enseñado a no tenerlo. Porque me has enseñado a querer otra vez. Algo que, creía, no volvería a suceder jamás. No así, no aquí, no tan pronto. 

Pero sí tú.

Porque sé, desde que llevo conociéndote, que he tenido suerte. Suerte de encontrarte, de compartir maravillosos momentos contigo. Suerte de que hayas sido paciente, de que hayas sabido cómo, cuándo, dónde y por qué. Como si llevaras conociéndome toda la vida. Como si tratar conmigo siempre se te hubiera dado bien. 

Que me siento yo, porque tú haces que me sienta así.  

Y por eso quiero un “yo” a tu lado. Quiero un “poco a poco” pero sin miedos, sin excusas, sin extras, sin “vacíos legales”. Quiero un “nosotros”, sin filtros. Que me abraces cuando quieras, que me beses cuando te apetezca y que, cada vez que lo sientas, puedas demostrármelo sin esa presión que has tenido hasta ahora por miedo a que nunca sucediera lo que has terminado consiguiendo.

Que te quiera. 
Que me esté enamorando de ti. 

Siempre se necesita un prólogo interesante para una historia que pueda valer la pena. Así que gracias por haber querido seguir después. Gracias por haber querido seguir leyendo lo que yo escribía. 

Ahora, quiero que escribas conmigo.


Fdo: Noemí Carnicero Sans

 Foto original: https://www.pinterest.com/pin/492722015456181684/