Sabía que necesitaba algo de margen para digerir lo que había visto y que, después de todo, estaría atentando contra mis propios valores si intentaba ignorarlo. Y es que hace unos días, y después de conocer a muchas personas que ya habían optado por DEJAR DE COMER CARNE, tuve curiosidad por investigar un poco más acerca de los argumentos que me habían dado acerca de su decisión. Una decisión que, a priori, no me llamaba demasiado la atención.
 
No tenía ganas de cuestionarme tantas cosas en mi vida. Ya de por sí soy una interrogación andante, así que no me apetecía replantearme nada más. No, al menos, en algo que ya creía hacer bastante bien.
Comencé a investigar acerca del tema y de los motivos reales por los que, cada vez más, más gente opta por reducir o suprimir la carne de su dieta. Y tras unos cuantos documentales, vídeos y estudios acerca del tema, me quedé DE PIEDRA:
 
Consumimos muchísima más carne de la que realmente necesitamos. Esto se traduce en un tipo de ganadería intensiva para la que necesitamos una cantidad brutal de animales para abastecernos. Le hemos robado al planeta sus animales, los hemos convertido en nuestros esclavos y los hemos condicionado a unas vidas miserables que, por supuesto, la mayoría ni vamos a plantearnos. Total, alguien decidió que no eran animales domésticos. Entre todos decidimos que a los cerdos nos los comemos y a nuestros perros no. Así pues, necesitamos barbaridades inimaginables de terreno para alojar a todos estos animales, y otra barbaridad inimaginable para la soja transgénica de la que estos mismos animales se alimentan. ¿Conclusión? Estamos desforestando el planeta. Y muy lejos de creer que reciclando, cambiando pequeños hábitos, etc. solucionaremos el camblio climático (que, por supuesto, todo ayuda), lo cierto es que la GANADERÍA INTENSIVA es la ACTIVIDAD HUMANA que más contribuye al calentamiento global. El mundo se queda sin bosques, se extinguen animales y, los que quedan, lo hacen en condiciones deplorables.
 
Nunca lo había visto. Nunca me lo había planteado. Nunca había relacionado conceptos… porque nunca me había interesado.
El hecho de que consumamos un kilo de carne equivale, en recursos que se han necesitado para que lo consumamos, a 20.000 litros de agua, 50m2 de selva tropical y 250km de viaje en coche. Porque además, ¿sabíais que el metano que expulsan las vacas contamina sobremanera la atmósfera? Actualmente existen billones de animales de pastoreo que producen cantidades enormes de gases contaminantes. Dos tercios del amoniaco del planeta provienen de vacas. Animales que, como todo el resto, pueden sentir dolor, por cierto. Y que los maltratamos. No nosotros, sino el mismo proceso intermediario que permite que lo tengamos del campo al plato.
 
Por eso, dejo la carne. Pero la dejo en la medida en que signifique en mi dieta la última opción entre todas las alternativas que tenga. No voy a discutir por ella, a tratar de convencer a nadie de los motivos que tengo para hacerlo como tampoco voy a poner en compromiso al resto si en un evento, por ejemplo, esa es la opción que hay. Me gusta la carne, pero como también me gustan los Donut o los Bollicao que no me como por SALUD. Sin embargo, después de saber lo que sé -y, repito, no es lo mismo verlo que leerlo- es difícil ignorar una realidad que te da muchos motivos por los que replantear tu dieta -que, aunque no era a priori ya muy carnívora, sí me invita a reflexiones que van mucho más allá-:
 
1. Tu salud
2. El maltrato animal
3. Tu planeta
 
Nos resulta complicado empatizar con aquello que no vemos. Entenderlo es sencillo. Basta con tener un poco de comprensión lectora, con entender lo que te explican, con atender con interés. Pero para que algo te deje mínimamente en shock, es necesario que uno vea. Porque, si no, se corre el riesgo de tildar de “hierbas” una conclusión que no es más que una realidad que nos afecta a todos pero que, sin embargo, ignoramos.
 
Hace unos días leí un post de una amiga y colega psicóloga Alejandra C., algo cabreada por el mundo y agotada por tener que ser ella la RESPONSABLE de plantearse cada aspecto de su vida con el objetivo ya no de mejorar el planeta, sino de no incidir negativamente en él. Y estoy de acuerdo. No podemos con todo. Ni ir a contracorriente en una sociedad que nos empuja hacia los caminos que se nos imponen. 
 
Sin embargo, sí podemos decidir qué ponemos en nuestro plato. Porque cambiar nuestras costumbres en la mesa no solo debería ser cuestión de gustos, sino de supervivencia. No solo por nuestra salud o por empatía con los animales con los que convivimos, sino por los que vendrán después de nosotros.
 
Así que a todos aquellos -que sois muchos por aquí- que tenéis curiosidad por las cosas, ganas de aprender, conciencia por el mundo que os rodea y que no os da miedo DESaprender algo para REaprenderlo en mejores condiciones os invito, desde el corazón, a que os dediquéis estos links. Porque al fin y al cabo se trata de mejorar. De nada más. Y tal y como en su momento otras personas colaboraron en que yo supiera todo esto, me gustaría poner mi granito de arena para que, quien quiera, sepa algo más.
 
(A los que ya estabais en este barco, os invito a que os manifestéis. 🙂 Me encantaría conocer vuestras experiencias, vuestras opiniones y aprendizajes.)
 
Links (de entre los muchísimos que podríamos postear):
 
· https://www.netflix.com/tj/title/80142016  (Food Choices)
· https://www.netflix.com/es/title/80033772 (Cowspiracy)
· https://www.youtube.com/watch?v=gY0vCambWRA (Matadero. Lo que la industria cárnica esconde)
Noemí Carnicero Sans.
1 Comentario
  • Lara dice:

    Noemí,

    Yo llevo sin comer carne desde julio del 2017. Aclaro: cómo tú bien dices, nunca es mi primera opción y sólo la como para evitar inconvenientes o si es jamón serrano o cecina, cosas que ayudan con la morriña al vivir en el extranjero.

    ¿Lo mejor? La creatividad culinaria que sale a raíz de la eliminación de la carne. En este último año he comido hamburguesas de Quinoa y edamames, más frutas y verduras que en mi vida y, en general, me siento mejor que nunca.

    Esto es un tema muy personal y cada uno adoptará el consejo de una u otra manera (ya digo que yo si puedo me cebo a jamón serrano en España) pero lo importante es lo que se minimiza el consumo en el proceso, ya que yo misma he pasado de comer carne 3-4 días a la semana a cero.

    Me encanta tu blog, ¡sigue así!

Publicar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *